Guinguinbali
Febrero 1, 2012

Fuego real


Ocurrió el lunes en Podor. Y anoche lo vi con mis propios ojos en Dakar. Ciudadanos senegaleses muertos o heridos por disparos de la Policía, que tiraba con fuego real. Esta era la respuesta contundente que el presidente Wade preparaba cuando decía que "no se iba a dejar sorprender". Este es el precio que está pagando este país, y que nadie dude que va a seguir aumentando, por el capricho y la soberbia de un jefe de Estado que se niega a dejar el poder. Siempre pagan los mismos. Que se lo digan a la desconsolada madre de Mamadou Diop, el joven atropellado ayer por un camión policial cuando yacía en el suelo y que ya no se pudo volver a levantar. Nunca más.

¿Cuántos muertos más tiene que haber sobre el suelo de las calles de Senegal para que alguien le ponga freno a todo esto? ¿Cuatro no son suficientes? ¿Quizás diez? ¿Cien? ¿Quinientos? En esta espiral de violencia en la que ha entrado Senegal es difícil predecir dónde va a acabar esta locura. Es tarde y estoy cansado y ahíto. Hoy he visto más de lo que me hubiera gustado ver. Personas que diez minutos antes estaban contentas y orgullosas de estar reclamando en la calle por la dignidad de su país, por el respeto a sus leyes, diez minutos después sangrando, golpeados, heridos de bala, asfixiados por el humo tóxico de los gases lacrimógenos.

Así no vamos a ninguna parte, sino al mismo callejón sin salida. La gente salió esta tarde a la calle, fueron miles, no sé si suficientes para movilizar al mundo, a la comunidad internacional, pero allí había miles de personas gritando a voz en cuello, "¡Wade, vete ya!, ¡déjanos seguir adelante con nuestro país!, ¡no violes nuestra Constitución!". Luego, media hora después, lo único que sonaba eran los disparos y los lamentos de un país que está metiéndose de lleno en una de sus etapas más sombrías. ¿Es necesario tanto padecer por un solo hombre? Wade, incluso si hay elecciones y consigues ganarlas, ¿qué país vas a gobernar?, ¿sobre la espalda de cuántos cadáveres te vas a apoyar en tu sesión de investidura?¬

| Comentarios (0)
Enero 30, 2012

Senegal, ¿qué mensaje?


Durante estos días tan intensos que estamos viviendo en Senegal hay mucha gente que me pregunta qué va a ocurrir en este país. Desgraciadamente, no tengo la respuesta. Soy periodista, no futurólogo. Bastante tengo con aclarar el presente, con separar la paja del trigo, con no dejarme engañar por las manipulaciones interesadas o seducir por las respuestas fáciles a las preguntas complejas, vamos, con intentar hacer medianamente bien mi trabajo, como para encima tener que dedicarme a frotar una bola de cristal.

No creo que haya mucha gente que sepa, esta noche, 30 de enero, lo que va a pasar realmente en Senegal en los próximos días. Luego vendrán con los clásicos "yo ya lo dije", "yo ya lo sabía", "yo ya lo avisé" pero créanme si les digo que estamos en un momento de la historia de este país que alimenta todas las incertidumbres. Al menos esa es la impresión que yo tengo.

Hoy es un día importante para Senegal. Puede ser el final o el comienzo de algo, pero no creo que se olvide fácilmente en el futuro. Hay una gran manifestación convocada contra la candidatura del presidente Abdoulaye Wade a las elecciones de febrero y todas las alarmas están encendidas. Desde el comienzo de los disturbios el pasado viernes ha habido al menos tres muertos en este país, un policía y dos ciudadanos, y la tensión se percibe en el ambiente. En cualquier momento, en cualquier rincón del país, puede saltar la chispa.

Las grandes dudas que a mí particularmente me asaltan respecto a este martes 31 de enero son: ¿Qué capacidad, que fuerza real, tiene la oposición para movilizar al pueblo senegalés? Estamos a unas horas de averiguarlo. ¿Tiene Wade las cosas atadas y bien atadas, tal y como aparenta, o este artista de la prestidigitación se está tirando un farol? En el caso de que las cosas se pongan más feas todavía, ¿cómo reaccionarán las fuerzas del orden? ¿Dispararán contra la multitud, como ocurrió hoy en Podor? ¿Cuál es el límite hasta el que están dispuestos a llegar los líderes de la oposición? ¿Cuál es el límite que nunca franqueará Wade, la barrera invisible que le dicta su conciencia?

El Gobierno senegalés, por boca de su portavoz, ha trasladado hoy un mensaje a la ciudadanía que, bien mirado, es una puerta abierta. Ha dicho el representante gubernamental que si de verdad el pueblo senegalés está en contra de su presidente, si de verdad el pueblo senegalés sale a la calle, éste haría las maletas y se iría. "Si los senegaleses salen a la calle, no hay poder que lo resista", dijo.

Pues bien, esto también es cierto, ha llegado la hora del pueblo senegalés. Ya pasó el tiempo de quemar neumáticos, de hacer barricadas, de arrojar piedras a la policía; a los políticos se les acabó lo de presentar recursos, lanzar mensajes a sus militantes o pelearse de manera fratricida por una candidatura; a los ciudadanos que de verdad quieren un cambio, a los que se quejan todo el tiempo de la mala gestión, del despilfarro, de la carestía de la vida, su Gobierno les ha dicho hoy que está en sus manos lograrlo. Está en sus manos salir a la calle como una piña y mostrar a su presidente que está equivocado. Otros países lo han hecho y han demostrado que es posible.

Hoy es el día. La pelota puede caer de un campo o del otro y puede ser que aún tengamos muchas más cosas que vivir, pero hoy es el día en que se empezarán a despejar algunas dudas. El mundo mira hoy hacia Senegal. Sólo falta saber qué mensaje enviará Senegal al mundo.

| Comentarios (0)
Enero 28, 2012

Lo que hay que ver

Esta noche he visto muchas cosas. He visto a jóvenes muy enfadados tirando piedras a los policías y a estos responder con disparos y gases lacrimógenos. He visto barricadas por todas las calles. He atravesado tres barrios a pie esquivando los fuegos aquí y allá porque las calles se vaciaron de taxis. Me han lanzado una mesa desde una ventana. Un policía ha pegado a un colega periodista y otro agente alterado ha golpeado a un amigo que intentaba defender a su novia cuando era zarandeada. Dicen que hay un policía muerto y varios heridos.

He tenido que esconderme de grupos de jóvenes armados con palos en Medina. He visto el miedo reflejado en los ojos de mucha gente, pero también la rabia y la desesperación porque asisten a un sainete de final conocido. Abdoulaye Wade, El Viejo como le llaman aquí, no está dispuesto a dejar el poder. Aunque la Constitución especifique claramente que sólo se puede ser presidente durante dos mandatos y él los haya cumplido ya. Quizás no viole la letra de la Constitución, porque este límite se aprobó cuando ya era presidente y la ley no puede tener carácter retroactivo según los expertos, pero sí que viola su espíritu, una reforma introducida por él mismo para evitar lo que ahora él está haciendo, que nadie se perpetuara en el poder más allá de lo razonable.

Porque, ¿es razonable que alguien con 85 años se presente para ser presidente siete años más?, ¿es razonable que alguien que prometió que no se iba a presentar más, ahora incumpla la promesa que hizo a su pueblo?, ¿es razonable que desoiga el contundente grito de una sociedad que le dice, ya está bien, has tenido tu tiempo?

Durante meses, la sociedad senegalesa se ha sabido organizar para hacer frente al despropósito, han creado comités, movimientos y grupos de protesta y acción. Mucha gente se ha puesto al frente de esta lucha y han sufrido escarnio, violencias y represión. Algunos políticos se han sumado al carro, claro está, pero no son ellos quienes han llevado la voz cantante. Conozco a algunos de esos jóvenes, sé de su firme convicción y de su determinación para que Senegal pueda vivir una democracia como Dios manda.

He visto muchas cosas y algunas me ha tocado vivirlas muy de cerca. Pero de todas las cosas que he visto la que más me ha chocado, sorprendido e indignado ha sido cuando, tras llegar agotado a casa, asustado también, por qué no admitirlo, y con la certeza de haber estado en medio de una noche para recordar toda mi vida, me encuentro con que los grandes medios de comunicación españoles hablan de los disturbios en Senegal titulando por la invalidación de la candidatura de Youssou N'Dour.

Y yo me pregunto. ¿A quién le preocupa Youssou N'Dour en Senegal en este momento? ¿Qué tiene que pasar para que se preocupen de lo que pasa de verdad en este continente más allá de un cantante famoso, de una hambruna o de un golpe de estado? ¿De todo lo que ha pasado esta noche en Senegal, es Youssou N'Dour el detonante? En su paroxismo, un periódico español titula: "Disturbios en Dakar tras la invalidación de la candidatura de Youssou N'Dour". Ahí queda eso.


| Comentarios (3)
Enero 22, 2012

La invisible viga del ojo propio


Como algunos sabrán, desde hace unos meses estoy viviendo en Senegal. Durante mis vacaciones de Navidad que pasé en España, un amigo valenciano me preguntó "¿Qué tal todo por África?". Y antes de que pudiera responderle, me espetó: "La pena de esos países es toda la corrupción de los políticos y el despilfarro, ¿no?". Me quedé callado y asentí con la cabeza. En ese momento, como si fuera una película a toda velocidad, pasaron ante mis ojos los trajes de Camps y las trapacerías de la CAM, el aeropuerto de Castellón y la Fórmula-1, los sueldos de los altos cargos y el agujero negro de Canal 9. Y le respondí: "Bueno, no creo que en tu comunidad autónoma estén para dar muchos ejemplos de honestidad y contención del gasto".

Mi amigo no lo decía con mala intención, de eso estoy seguro. Sólo estaba amoldando su pensamiento al tópico de una África negra corrupta y brutal, llena de miserias y tragedias humanas. Que no pudiera ver la viga en el ojo propio no es sino un síntoma de nuestra mirada sobre el continente vecino. Y no digo con esto que la corrupción no exista en África, solo digo que pensemos cinco segundos antes de ponernos a dar lecciones a nadie.

Este comentario viene a cuento de la Copa de África de fútbol que se está celebrando estos días en Guinea Ecuatorial y Gabón. Más allá de las justas y necesarias denuncias acerca de las violaciones de Derechos Humanos de la cruel dictadura de Obiang, he escuchado estos días algunos comentarios de blancos bienintencionados que van en esta línea: "Pero con todo el hambre y las necesidades que hay en África, mejor se dejaban de fútbol y dedicaban su dinero y energías a otra cosa". Vamos, como si los africanos no tuvieran derecho a organizar y disfrutar de sus propias competiciones deportivas.

Sin entrar en el origen de los problemas de África, con responsabilidades que apuntan a todas direcciones, incluida la nuestra, solo comentar que más les valdría a algunos repensar hacia dónde se encamina nuestro fútbol europeo, donde hay pibes de veinte años que ganan millones y millones de euros al año mientras millones de personas malviven rodeados de nada, sin esperanza de salir del agujero, y televisiones que sacan pastizales y clubes que se endeudan hasta las cejas y todo una vertiginosa y disparatada borrachera de cifras astronómicas que nada tienen que ver con la magia y la belleza del buen fútbol.

Esa suerte de pensamiento neocolonial sigue lastrando nuestra mirada sobre África. En unos casos es más evidente; en otros, se desliza sutil entre los pliegues de la conciencia. Y a los africanos, como es lógico, les molesta mucho esa condescendencia que sigue viéndolos como niños incapaces de gestionar sus asuntos y que no oculta otra cosa que los espinosos intereses económicos de un sistema que sigue necesitando vencedores y vencidos, ricos y pobres, explotadores y explotados, para perpetuarse como una condena que no nos permite avanzar.

| Comentarios (10)
Diciembre 8, 2011

Europa vende minas, Europa quita minas

Se llama C3. Pese a su nombre, no es un robot de la Guerra de las Galaxias ni un ordenador o un inocente cartucho de tinta. En realidad, es una mina antitanque. Nació en algún lugar de España pero el caso es que hace unos meses fue encontrada a 15 centímetros bajo tierra en una carretera de la región de Casamance, al sur de Senegal. Sí, allí estaba, esperando que algún vehículo pasara por encima para hacer lo que sólo ella sabe hacer, explotar y llevarse alguna vida por delante.

Lo peor del caso es que C3 no estaba sola. Desde 2008 han sido encontradas en esta región del sur de Senegal, donde viven casi cien mil personas y los niños van al colegio, las mujeres al mercado y los hombres a cultivar la tierra, vender o pescar, es decir, donde transcurre la vida como en cualquier lugar del mundo, nada menos que 161 minas, de las que el 95% son europeas, sobre todo portuguesas, y la mayoría antipersonales, prohibidas desde 1999 por la Convención de Ottawa. Nadie sabe cuántas más están aún escondidas bajo suelo senegalés.

Es un pequeño misterio cómo llegó nuestra amiga C3 a esta carretera que atraviesa la bella Casamance. Las opciones no son muchas, pero ya se sabe qué pasa en las guerras, la verdad es la primera víctima. O bien la llevaron hasta allí los rebeldes del Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC), quienes no dan información de dónde han colocado minas, entre otras cosas porque no lo tienen del todo claro, o bien fue el Ejército senegalés, que niega oficialmente haberlas utilizado.

IMG_5116 BAJA.JPG


Hay que recordar que Casamance es desde hace décadas el escenario de un conflicto bélico entre el MFDC, que reclama la independencia de esta región, y el Ejército senegalés, que intenta sofocar la revuelta. Los problemas comenzaron a ser serios a partir de los años 80, pero esta guerra, que ha provocado entre 3.000 y 5.000 muertos, unos 60.000 desplazados, 758 víctimas de minas (la mayoría amputados) y en la que se han visto implicadas de una manera o de otra las vecinas Gambia y Guinea Bissau, no ha dejado de estar más o menos activa desde entonces. De hecho, en los últimos dos años se ha vivido un incremento de la violencia y los enfrentamientos en algunas zonas de la región. El último incidente grave tuvo lugar el pasado 21 de noviembre, cuando diez trabajadores murieron por un supuesto ataque de la guerrilla en Diagnon, a sólo 30 kilómetros de Ziguinchor.

La asociación no gubernamental Handicap-Internacional, creada en los años 80, fue la que se encontró con C3 y sus "amigas", pues está haciendo el trabajo de desminado en Casamance desde el año 2005. Primero comenzaron con un estudio del terreno. De las 3.446 localidades de la región, visitaron un total de 311 que eran susceptibles de que hubiera minas. Finalmente detectaron 149 áreas y 63 kilómetros de carreteras o senderos "sospechosos" en los que comenzó el desminado en el año 2008. En 18 meses han localizado 161 municiones (la mayoría son minas, pero aquí también se incluye alguna granada) de las que el 95% son de fabricación europea. Y es Europa, precisamente, quien financia las labores de desminado en Senegal con una aportación de 4 millones de euros. Primero vende las minas y otras armas, lucrativo negocio, y luego financia su retirada, intentando reparar el daño creado. ¿No es esto una paradoja?

Jean François Le Petit, jefe de misión de Handicap-Internacional en Casamance, explica que cuatro de cada cinco minas encontradas son portuguesas, de un tipo llamado MAP. "Comenzamos con el detector de metales, pero un día nos tropezamos con una mina de fabricación belga, la PRB M35, que es indetectable porque no tiene suficiente metal. La encontramos por el detonador, pero tuvimos que cambiar toda la estrategia", asegura Le Petit. Entonces tuvieron que comprar una máquina de desminado que se maneja a control remoto, la Digger 3, con la que han "limpiado" unos 200.000 metros cuadrados en 18 meses. Eso sí, hombres y mujeres, que también las hay, siguen siendo imprescindibles para dar por despejada una zona.


IMG_5104 BAJA.jpg

Los problemas a los que se enfrentan en Casamance son múltiples, según explica Le Petit. Además de la indetectabilidad de algunas minas, está el tremendo calor que deben soportar los desminadores con equipos que pesan hasta 15 kilos y bajo un sol de justicia. También complica las cosas el largo periodo de sequía que sufre la zona, que provoca que el terreno esté cada vez más duro; la abundante vegetación, que debe ser retirada antes de explorar un área; y la falta de información acerca de los lugares donde se encuentran las minas y su gran dispersión.

En este caso, los principales informadores son la propia población. Pero claro. Ocurre que hay zonas "sospechosas" para la gente en las que luego no aparecen artefactos y a la inversa, zonas aparentemente limpias en las que se produce algún descubrimiento inesperado. A veces la lluvia también contribuye a que "emerjan". "En una ocasión pasábamos por una carretera ya desminada en plena época de lluvias y uno de nuestros trabajadores se dio cuenta de la presencia de una mina a simple vista, que había "subido" con la lluvia. Luego encontramos otras tres junto a ella", recuerda Le Petit.

Pese a los evidentes riesgos de este trabajo, el equipo de Handicap-Internacional en Casamance no ha sufrido un solo accidente. "Somos muy rigurosos con la seguridad, con la nuestra y con la de todos", explica el jefe de una misión que también hace labores de información y sensibilización con la población.

Handicap-Internacional nació en los años 80 en Camboya y desde entonces mantiene una constante actividad para ayudar a los discapacitados, "los más vulnerables entre los vulnerables". Actúan tanto en situaciones de emergencia como en la consolidación de servicios para discapacitados, pero su programa estrella es la lucha contra las minas.


Artículo publicado en el blog de El País África no es un país


| Comentarios (0)
Noviembre 21, 2011

Elise Fitte-Duval, un mundo poblado de gente

EN BAJA.jpgArtículo publicado en el blog África Vive de Casa África

A Elise Fitte-Duval (Martinica, 1967), premio Casa África 2011 de la Bienal de Fotografía de Bamako, le interesa, sobre todo, el ser humano. Sus imágenes están llenas de gente. Retratos, paisajes urbanos, vendedores de todo, personas que pasan delante de su objetivo, que viajan en bici o en autobús, bailarines que juegan a posturas imposibles. Gente por todos lados. Pero hay algo más, una línea de creación que define el trabajo de Fitte-Duval y que bascula entre dos ejes, la necesidad de contar una historia, de trasladar un mensaje, de que sus fotos sirvan para algo, pero también la huella sutil de su propia condición fronteriza, de su deambular entre varios mundos, entre Europa, África y el Caribe, pero también entre el fotoperiodismo y el arte, entre el contenido y el continente, que confluyen en una mirada cálida y diferente sobre lo cotidiano.

Nacida en la isla francesa de Martinica, Elise Fitte-Duval creció en el seno de una familia de origen humilde. Ya desde pequeña se interesó por la creación y, tras terminar el Bachillerato, ingresó en la Escuela Regional de Artes Plásticas de Fort-de-France en su isla natal. Sin embargo, su primer salto mortal con tirabuzón fue París. "Tenía muchas ganas de viajar y eso casaba muy bien con la fotografía", asegura. Y la capital francesa la sacudió. "Allí había gente de todos lados, es una ciudad muy cosmopolita. No me resultó difícil adaptarme".

Tenía entonces 23 años y era una esponja. Además de la fotografía, su pasión, también pintaba y dibujaba. Y fue allí donde comenzó su inmersión en la danza. "Yo no he sido nunca bailarina, bueno, en París ingresé en un grupo de capoeira, pero no de manera profesional. De la danza me interesaba el cuerpo humano y el movimiento", explica. Y Elise recorrió decenas de teatros y garajes, talleres y almacenes donde las compañías, grandes y pequeñas, llevaban a cabo sus ensayos. Porque era eso lo que la atraía, no los focos de la noche del estreno, sino el trabajo cotidiano, el sudor pegado a la camiseta, el esfuerzo y la superación.

Fue su matrimonio con un periodista camerunés que iba a participar en la creación del periódico Dakar Soir en Senegal lo que la trajo hasta África. Nuevo salto. Y el fotoperiodismo se convirtió en su trabajo. La agencia Panapress acababa de inaugurar un departamento de fotografía en Dakar y Elise desembarcó en él en el año 2001 como fotógrafa y editora. Aunque, según dice ella misma, "en realidad no me siento del todo fotoperiodista".

Dakar no es una urbe fácil. Como la propia Fitte-Duval asegura, es "una ciudad que me parecía extraña y difícil de captar" en imágenes. Pese a todo, se echó a la calle con su cámara y trató de rebuscar en el alma de su gente, de los comerciantes que ofrecen cualquier cosa a cada paso, de las mujeres que se encaminan al mercado, intentó hurgar en el alma de una ciudad. Por ejemplo, en Ouakam, un barrio periférico absorbido por el crecimiento urbano, sus habitantes originales tratan de mantener a toda costa su identidad lébou. Y Elise se fue hasta allí para seguir con sus "retratos urbanos", fotos, como se ha dicho, pobladas de gentes, pero siempre en un contexto, siempre contándonos una historia.

"Yo funciono a golpe de corazón, no sigo un esquema ni una línea prefijada", dice Elise. Así que debió ser el corazón lo que la llevó hasta Rufisque, Pikine y Guédiawaye, donde comenzó a investigar el problema de las inundaciones, trabajo que ha sido premiado por Casa África en la Bienal de Fotografía de Bamako 2011. "Es un tema que tiene que ver con la gente y con la huella del hombre sobre el Medio Ambiente. El futuro del Planeta es algo que me interpela. Fue en 2006 cuando descubrí en primera persona este problema de las inundaciones".

Y es que la ciudad que Elise retrata no es un lugar necesariamente amable. En los enclaves de la "banlieu", aglomeraciones urbanas que han crecido de manera desorganizada muy cerca del mar, bastan cinco minutos de lluvia intensa para que se inunden calles y casas, pues el nivel freático está muy alto. Y el agua permanece estancada hasta seis meses, lo que atrae a la enfermedad y a los mosquitos. Todos los días, cientos de personas deben levantarse temprano para intentar secar sus casas, un esfuerzo cotidiano y agotador que no consigue eliminar un problema que se agravará aún más con la subida del nivel del mar y su avance tierra adentro.

med_fitte-duval-elise-inon-20090907_9795-jpg-150x150.jpg

La política, la emigración, los movimientos sociales también le atraen como objeto de su trabajo en tanto que actividad humana. Campañas electorales, manifestaciones, actos populares. Todo aquello que tenga que ver con el hombre y su lucha cotidiana por sobrevivir, por cambiar las cosas, por transformar, seduce a Elise Fitte-Duval y su particular enfoque. Una fotoperiodista que no se siente tal, una afroamericana de nacionalidad europea residente en Dakar, una artista inquieta que ha expuesto en Francia, en Sudáfrica, en Malí, en Senegal, Argelia o Marruecos, una mujer de pocas palabras, más segura tras el objetivo de su cámara, amante de la independencia, curiosa, decidida.

"Me interesan muchas cosas, es cierto. Pero creo que es de justicia retratar la vida cotidiana de los africanos. Fuera del continente existe una noción equivocada de que sólo tenemos violencia, pobreza o guerras. Y no es cierto". El mensaje, siempre el mensaje en un mundo poblado, cómo no, de gente.

Para ver el trabajo de Elise Fitte-Duval:

http://www.wix.com/elisefitteduval/photo

http://www.afrimagesonline.com/

| Comentarios (2)
Noviembre 11, 2011

La mirada

Ella acaba de llegar a África, apenas hace cinco días. Es su primera vez. Yo sólo llevo tres semanas. Caminamos de noche por una calle a medio iluminar del centro de Dakar y, de repente, me dice: "Esto es lo que no soporto de esta ciudad". No entiendo a qué se refiere y la miro con cara de duda. Entonces se para, se gira y me señala a cinco niños pequeños que duermen en la acera sobre cartones. El más grande tendrá siete años. Casi nos habíamos tropezado con ellos y yo ni me di cuenta de su presencia. Desde entonces no hago sino preguntarme en qué momento dejé de ver.

| Comentarios (6)
Noviembre 4, 2011

Viaje a Podor


SE-PO-donkey cart-0001_medium.jpg

Acabo de llegar de un corto pero intenso viaje que me ha llevado desde Dakar hasta Podor, en el norte de Senegal. Dos días de carretera, uno para ir y otro para volver, y dos de estancia me han servido para "desintoxicarme" de la inmisericorde crudeza de la capital senegalesa, de sus ruidos, sus humos, su extenuante tráfico y sus agobios, y para sumergirme en un mundo más rural, más tranquilo, más humano.

 

Para llegar hasta allí utilicé un medio de transporte muy común en Senegal: la guagua. Abarrotada de gente, "asaltada" cada pocos kilómetros por decenas de vendedores que te ofrecen de todo, desde agua helada hasta galletas, pasando por fruta, teléfonos móviles, cremas para la piel o menta, dando saltos por carreteras donde lo difícil es encontrar el asfalto, con la baca llena de muebles, sacos y hasta una motocicleta, esquivando a las manadas de vacas que se cruzaban en su camino, la guagua es un excelente medio para conocer mejor este continente y a su gente.

 

En Podor, puerta de entrada a la orgullosa región de mayoría peul de Fouta Toro, nos esperaba Ibrahima Diallo, un viejo amigo de mi último viaje a Kolda que hoy es profesor de español en el instituto de secundaria de la ciudad. Ibou vive con otros once colegas, todos profesores, en una vivienda tranquila y acogedora que se convirtió por dos días en nuestra casa, un hogar donde compartimos charlas, comidas y risas y donde nos refugiamos del intenso calor del mediodía.


oumar.jpg

 

Por las calles llenas de arena de esta pequeña ciudad me tropecé con otro Senegal, con un Senegal humilde y muy religioso, con gente que vive de la tierra y de los animales, con maestros que luchan con sueldos escasos para salir adelante, con el viejo Oumar Ly, uno de los pioneros de la fotografía en este país, ante cuya cámara han pasado decenas de miles de personas y medio siglo de historia. Y, sobre todo, en Podor y los pueblos de alrededor, me encontré con gente que está dispuesta a darlo todo por defender su tierra, la tierra de sus padres y la de sus hijos, frente a quienes pretenden negociar con ella, venderla, traspasarla. En próximos posts y reportajes les contaré esa historia.

 

Una de las calles principales de Podor se llama El Hadji Oumar Tall, en recuerdo del histórico guerrero y líder religioso que fundó el Imperio Toukouleur, nacido no muy lejos de esta ciudad. El Hadji Oumar peregrinó a La Meca con 23 años y se convirtió en un respetado y combativo califa que hizo frente a los franceses, primero, y luego a los "infieles" bambaras y los peuls de Macina en la segunda mitad del siglo XIX. Murió en una explosión en 1864 en las cuevas de Bandiagara, en la actual Malí. Su carácter orgulloso y profundamente religioso anima aún el espíritu de las gentes de Podor y la región de Fouta Toro.


Y como no podía ser de otra manera, mi vuelta a Dakar coincidió con los prolegómenos de la Tabaski, la Fiesta del Cordero musulmana. Y lo que en la ida eran muebles y cachivaches se convirtió, en el regreso, en no menos de cuarenta corderos que viajaban atados dentro de sacos en la baca de la guagua, expuestos al tremendo calor y al largo viaje de 17 horas. Cuando ví la maniobra pensé que alguno de ellos no llegaría vivo. Me equivoqué. Salvo uno de los animales que se partió una pata, los corderos entraron en Dakar exhaustos, pero sanos y salvos.





IMG_0046111.jpg


Como ya expliqué en un post anterior, este lunes 7 de noviembre se celebra la Tabaski. Y así como muchos senegaleses salen de Dakar para encontrarse con sus familiares, otros, que trabajan fuera, regresan a Dakar trayendo consigo un cordero que les cuesta más barato que en la capital. En ese post anterior, yo escribía que eran malos tiempos para estos animales, pues a todos les espera el cuchillo y el sacrificio. Sin embargo, Abdou Kane, con quien voy a pasar esta Tabaski junto a su familia, me aclaró algo durante el viaje de vuelta: los corderos que van a morir están muy contentos porque saben que les espera el Paraíso y los que, en realidad, están tristes son aquellos que no van a ser sacrificados en nombre de Alá Todopoderoso. Es otra manera de verlo.




| Comentarios (4)
Octubre 21, 2011

El linchamiento

Me enteré del asesinato de Gadafi en la redacción del periódico senegalés Sud Quotidien, en Dakar. Estaba allí conversando con el periodista y amigo Bacary Domingo Mané cuando, de repente, un joven redactor irrumpió en la habitación gritando. "¡Mirad lo que han hecho los malditos occidentales con Gadafi! ¡Mirad lo que han hecho!". Desde luego, quienes zarandeaban a un Gadafi sangrante y aterrorizado en unas imágenes que ya forman parte de la historia no eran occidentales, sino libios, pero, como todo el mundo sabe, fue la OTAN quien dio la puntilla al régimen de Gadafi y quien atacó al convoy en el que huía el ex presidente libio.

El comentario del joven periodista me parece revelador de lo que piensa una buena parte de los africanos. Gadafi era un tirano, un dictador y un sátrapa, cierto es, pero no lo es más que otros dictadores que cuentan con todo el apoyo y los plácets de Occidente. Los crímenes de Gadafi no son peores que los de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial, donde reina el miedo y la impunidad; la dictadura libia no era más inhumana que la de Yahya Jameh  en Gambia, quien persigue hasta la extenuación a periodistas, homosexuales y librepensadores; ¿y qué decir de Museveni en Uganda, de Dos Santos en Angola, del régimen marroquí que se burla de los Derechos Humanos y aplasta a los saharauis?

Para cientos de miles de africanos, la diferencia está clara. En primer lugar, todos esos dictadores siguen siendo fieles a Occidente, les sirven de una u otra manera, negocian con el petróleo o son sumisos a las órdenes que vienen de París o Washington. Sin embargo, Gadafi era un aliado incómodo, alguien que hablaba de la unidad de todos los africanos, de la necesidad de renunciar al FMI y crear el Fondo Monetario Africano, que apostaba por la Unión Africana hasta el punto de convertirse en el gran financiador de las misiones de esta organización supranacional.

En segundo lugar, a nadie se le escapa que la Libia post Gadafi es un apetitoso negocio. Las multinacionales petroleras ya se han repartido el pastel y no estamos hablando de bagatelas, sino de miles de millones de euros en crudo y gas en un mundo en el que este combustible comienza a escasear. 

Poco después de salir del Sud Quotidien logré conectarme al mundo a través de Internet y me encontré con la euforia de noticias y teletipos europeos, con el coro de políticos occidentales felicitándose por esta muerte. No vi por ningún lado ni una sombra de duda acerca de lo que todos hemos visto por televisión, el linchamiento de un ser humano por una multitud descontrolada. ¿Esta es la idea de Justicia que queremos exportar? ¿Son estas las formas? ¿Ahora qué somos? ¿Matones del Oeste que alentamos los linchamientos?

Las imágenes de un Gadafi entregado a la ira de la población y luego asesinado a balazos recuerdan demasiado a las del presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, y su esposa Simone, humillados en la habitación de un hotel de Abidjan, convertidos en trofeos de caza con los que todos se podían fotografiar. Y aquí fueron la ONU y el Ejército francés quienes bombardearon el palacio presidencial para que los rebeldes de Ouattara, sedientos de sangre, pudieran sembrar el terror a gusto por las calles de Abidjan, como habían hecho ya en medio país. ¿Qué pintaba Francia en todo esto? ¿El ataque a convoys en Libia forma parte de la defensa de la población civil? ¿A quién quieren engañar? ¿No habremos cruzado hace tiempo el límite de lo soportable, el límite de la injerencia?

Hace dos días mantenía una conversación con un joven rapero llamado Thiat, el portavoz del movimiento de protesta senegalés Y en a marre que pide la retirada del presidente Abdoulaye Wade. Y me decía claramente que no van a permitir ninguna intervención extranjera, que basta ya de que Francia y Occidente en general sigan pensando que pueden hacer y deshacer a su antojo en este continente. Las terribles imágenes de un Gadafi apaleado como un perro y entregado a la multitud para que lo maten no contribuye, desde luego, al entendimiento. La frase del periodista senegalés, su comentario, su reflexión, fue ayer y es hoy la de cientos de miles de africanos. Y no les falta razón.

| Comentarios (8)
Octubre 18, 2011

Malos tiempos para los corderos

Moutons-de-la-Tabaski--1-.JPGUna de las particularidades de este país, Senegal, es que la vida late en la calle. Y ahí es donde están las historias, no en los despachos ni en las sedes oficiales. Y las calles de Dakar están estos días llenas de corderos. En cualquier cruce de calles, rotonda o explanada, decenas de animales blanquísimos y lustrosos esperan por su comprador. Es la fiebre de la Tabaski, los días previos a la gran Fiesta del Cordero a la que los musulmanes se entregan con un fervor comparable a nuestra Navidad.

 

La Tabaski, también llamada Aïd-el-Kébir, conmemora el gesto de enorme amor hacia Dios de Abraham (Ibrahim para los musulmanes), quien recibió la orden del Altísimo de matar a su hijo como prueba de fe. Cuando el pequeño Isaac ya estaba en el ara del sacrificio y su padre blandía el cuchillo, Dios debió darse por satisfecho y le envió un hermoso cordero para que lo matara en lugar de Isaac, salvando así la vida al inocente niño.

Cada año, unos 70 días después del Ramadán, los musulmanes conmemoran esta historia, un poco sangrienta pero hermosa a su manera. Las familias se juntan, los emigrantes, si pueden, regresan a sus casas, se compra el mejor cordero posible, cuanto más hermoso mejor, se sacrifica y se come en abundancia. Pero también es una fiesta para la hermandad y la unión entre todos, la costumbre es pedir perdón a los demás por las posibles faltas que se hayan cometido durante el año. Es un momento muy especial.

Los corderos, claro está, son los que tienen todas las de perder. Estos días se les puede ver, quizás sabedores de su triste destino, en las calles de Dakar. Los pastores del interior del país vienen con sus camiones llenos de animales prestos al sacrificio para venderlos al mejor postor. Los precios oscilan desde los 100 hasta los 1.500 euros, todo depende de la calidad, el peso y el tamaño del animal.

 

013102011092744000000moutonmonstreok.jpg

Hay hasta una especie de Operación Triunfo de los corderos. El canal privado 2STV emite desde hace tres años un programa llamado Khar bii (cordero, en wolof, lengua oficial senegalesa) con gran éxito de audiencia en el que animales de todo el país compiten por obtener el primer premio en la gran emisión final del 29 de octubre. Se evalúa todo: el tamaño, la proporción de sus medidas, el aspecto de la cornamenta, que debe ser simétrica, y hasta la disposición de sus testículos. El propietario del cordero ganador podrá hacer un negocio redondo. Un dato: el año pasado el vencedor lo vendió a 5.600 euros, una auténtica fortuna.

 

Este año, la Tabaski, prevista para el 6 ó 7 de noviembre, tiene un doble significado. Ese día expira el plazo dado por la oposición senegalesa al presidente Abdoulaye Wade para que retire su candidatura a las elecciones presidenciales del mes de febrero. La pregunta es, ¿será capaz Wade de asumir, como hizo Abraham, el sacrificio que la calle le reclama? ¿o, por el contrario, se aferrará a su cargo a costa de unas revueltas que amenazan con quebrar la paz social de un país de profundas creencias democráticas?

 a respuesta llegará en las próximas semanas y todos aguardan con impaciencia el discurso de Wade a la nación durante la Tabaski. Lo único que sí parece claro es que corren malos tiempos para los corderos.

| Comentarios (2)
fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
+ info

Categorías

Suscribirse a este blog