China tiene la vista puesta en África. Los intereses son, sobre todo, económicos: extracción de materias primas, construcción de infraestructuras, acceso a un inmenso y emergente mercado, compra de tierras. Sin embargo, Pekín tiene bien claro que la lengua es el vehículo sobre el que cabalgan los negocios y que hablar un mismo idioma facilita las relaciones. Por eso, el Instituto Confucio se expande por África y ya cuenta con 25 sedes en 18 países africanos. El mandarín (idioma chino estándar) está en auge.
Miles de africanos aprenden una lengua que puede abrirles puertas del empleo y, sobre todo, de los negocios. En muchos de los países donde está presente el Instituto Confucio, el cien por cien de los estudiantes encuentra un trabajo en una empresa china, sobre todo en tres sectores: la industria petrolera, las telecomunicaciones y las agencias de viaje.
Un ejemplo claro de esto es Sudán, tan de actualidad estos días por la partición del país. En 2008, 120.000 estudiantes sudaneses fueron hasta China a estudiar en alguna de sus universidades, frente a 8.000 que lo hacían hace 10 años. Y es que los intercambios comerciales entre ambas naciones han aumentado un 35 por ciento en el mismo periodo. No en vano, Sudán es el sexto suministrador de petróleo a China.
Además de la lengua, los africanos aprenden la cultura y la fascinante historia del gigante asiático, lo que permite construir puentes entre ambas orillas.
Frente a esta presencia creciente, el español parece quedarse a la zaga. Pese al notable interés de los jóvenes africanos por la lengua castellana, el Instituto Cervantes sólo cuenta con doce centros en el continente africano y todos ellos, menos uno, están al norte del desierto del Sahara concentrados en sólo cuatro países.
En concreto, hay centros del Instituto Cervantes en Egipto (El Cairo y Alejandría), Túnez, Argelia (Argel y Orán) y Marruecos (Rabat, Casablanca, Fez, Tánger, Marrakech y Tetuán). La única presencia de este promotor de la cultura y la lengua española en el África subsahariana es el aula recientemente abierta en la Universidad Cheik Anta Diop de Dakar (Senegal).
Ya en el año 2006, el profesor de Lengua Española en esta universidad, El Hadji Amadou Ndoye, aseguraba en una conferencia ofrecida en Cartagena de Indias que “los rumberos, guaracheros y grupos musicales cubanos como Abelardo Barroso, Benny Moré, Celia Cruz y la Sonora Matancera hicieron más por la difusión del español en nuestro continente que la labor del Instituto Cervantes y todas las Academias de la Lengua Española reunidas”, en un momento en que sólo en Senegal había más de 70.000 alumnos de español.
Por todo ello, decía Ndoye, “el español tiene un futuro cierto en África porque la lengua de Rubén Darío sigue llegando a través de un lenguaje directo y placentero, la música”. Sin embargo, insistía, “las condiciones son difíciles. No hay salas especializadas. En los institutos, faltan libros; las aulas las conforman entre 60 y 90 alumnos. (…) Faltan profesores de español (…) La enseñanza de la lengua española necesita por parte de los países de habla hispana un apoyo concreto: libros, material didáctico y, en un futuro próximo, relaciones seguidas entre los países africanos y latinoamericanos (…) Las condiciones subjetivas existen para desarrollar la lengua española en África. Quedan por inventar las objetivas. (…) Los obstáculos que nos esperan en el camino son económicos, políticos y culturales. Empecemos a poner las primeras piedras del edificio. La mejor manera de fracasar en nuestra empresa de conocimiento mutuo es no ponernos en camino y manos a la obra. Hablándonos, podemos construir algo en común”.


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