La situación es explosiva. El pasado lunes, un grupo de familiares y amigos de militares destinados en el campamento militar de Kati, a las afueras de Bamako, inició una marcha hacia el palacio presidencial de Bamako con la intención de pedir una reunión con el presidente del país, Amadou Toumani Touré. Al llegar a la ciudad fueron recibidos por el ministro de Defensa, Natié Pleah, quien les prometió que ATT les recibiría al día siguiente.
Sin embargo, comenzaron los incidentes. Los manifestantes comenzaron a atacar domicilios y tiendas de ciudadanos tuaregs y árabes residentes en Bamako. Se sabe que hay decenas de heridos por estos ataques y que la situación ha degenerado tanto en la capital maliense que el presidente tuvo que enviar un mensaje a la nación este miércoles por la televisión: “Sigo con atención la evolución de la situación. Pido al conjunto de los malienses que se den la mano. No confundáis a aquellos que han atacado algunos cuarteles militares y ciudades en el Norte (…) con nuestros compatriotas tuaregs, árabes, songhais o peuls (…), pacíficos ciudadanos”.
Los manifestantes, cuyo número fue en aumento con el paso de los días, aguardaban este jueves ser recibidos por el presidente para expresarle sus demandas y su enfado.
Esta nueva revuelta tuareg comenzó a mediados del pasado mes de enero cuando un reducido grupo de miembros de esta etnia bajo las consignas del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) lanzó una serie de ataques contra las ciudades de Menaka, Tessalit, Aguelhok, entre otras. Al menos medio centenar de personas han perdido la vida en esta revuelta, que continúa viva con fuertes combates entre el Ejército maliense y los rebeldes.


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