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Política

POLÍTICA

ESTE MES DE OCTUBRE SE CELEBRAN ELECCIONES EN CAMERÚN Y BIYA PRETENDE CONTINUAR EN EL PODER

Paul Biya, mano de hierro en el reino de la corrupción

JOSÉ NARANJO

02/06/2011

En octubre de este año está previsto que se celebren elecciones presidenciales en Camerún. Y, aunque de cara a la galería parece estar deshojando la margarita, lo más probable es que a ellas concurra de nuevo el actual presidente del país, Paul Biya, quien para ese entonces habrá cumplido ya 29 años en la jefatura de Estado, el presidente africano más longevo tras Obiang (Guinea Ecuatorial), Dos Santos (Angola) y Mugabe (Zimbabue).

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Desde que nació el 13 de febrero de 1933 en la provincia sureña de Mvomeka'a, la vida de Paul Biya parecía ir dirigida a hacer carrera política. Tras cursar estudios en el propio Camerún, marchó a Francia, en cuya universidad de la Sorbona se licenció en Derecho Público. A su vuelta a su país natal en 1962, obtenida ya la independencia, fue llamado por el entonces presidente Ahmadou Ahidjo, quien, tras ir ascendiendo dentro de la Administración, lo convirtió en su mano derecha hasta llegar al puesto de primer ministro en 1975.

El 4 de noviembre de 1982, Ahidjo, alegando problemas de salud, renunciaba al cargo y dos días después Paul Biya, su heredero político, era nombrado presidente. Sin embargo, Ahidjo no se retiró de la vida política y siguió controlando los resortes del partido en el poder, la Unión Nacional Camerunesa (UNC). Pasado apenas un año, ambos pesos pesados vivieron un histórico enfrentamiento que acabó con Ahidjo acusado de un complot y exiliado en Francia y con Biya aún más reforzado en la Presidencia, sobre todo tras las elecciones de enero de 1984, en las que Biya obtuvo el 99,9% de los votos al ser el único en presentarse.

Y ahí comenzó su paseo triunfal. Biya es un dirigente autoritario, así que se puso manos a la obra. Cambió el nombre de su partido, que pasaría a denominarse Agrupación Democrática del Pueblo Camerunés (RPDC), y aplicó de manera decidida la receta neoliberal para hacer frente a la crisis económica de los años ochenta, provocada por una mezcla entre la sequía, la caída de los precios del petróleo, la corrupción política y la mala gestión.

SUMISO AL PODER FRANCÉS

Biya, siempre sumiso al antiguo poder colonial francés (Camerún fue ocupada primero por prtugueses y luego colonizada por alemanes, británicos y franceses), logró ayuda internacional y aplicó las recetas del FMI: control del gasto mediante recortes en la educación y la sanidad y privatización. Pero claro, esta fórmula generó un enorme descontento en la población.

En 1990 ya se había organizado un movimiento de oposición a Biya y tuvieron lugar los primeros disturbios, que en lo que sería una constante de todo su régimen fueron reprimidos con violencia. Sin embargo, no pudo hacer oídos sordos a la presión internacional y acabó por promulgar el multipartidismo e iniciar una reforma hacia la democracia. Eso sí, dirigida por él mismo y sin escuchar la voz de la oposición interior. Las revueltas prosiguieron.

El 1 de marzo de 1992 se celebraron las primeras elecciones con concurrencia de varios partidos en Camerún. Pese al boicot de una gran parte de la oposición, que consideraba que estas elecciones estaban amañadas, el RDPC no logró la mayoría absoluta. En octubre, Biya acudía a las urnas y renovaba un mandato más con el 39,9% de los votos. Sin embargo, todo fue una farsa. Los observadores internacionales avalaron el enorme fraude de unas elecciones adulteradas.

Biya siguió adelante con sus reformas y reformó la Constitución para, entre otras cosas, ampliar los mandatos presidenciales de cinco a siete años y en 1997 volvió a salir elegido en unas nuevas elecciones muy cuestionadas a las que no se presentó el principal líder opositor y cabeza visible del Frente Social Demócrata, John Fru Ndi.

En estos años noventa, Camerún fue objeto de investigaciones internacionales sobre todo por dos asuntos: el uso de la tortura como método de represión y amedrentamiento político y la corrupción como cáncer que afectaba a toda la estructura de la Administración. Sin embargo, la habilidad diplomática de Biya y el férreo control interior le permitían siempre salir indemne. De hecho, Camerún siguió siendo durante estos años de crisis país preferente para la inversión de organizaciones financieras como el FMI o el Club de París. En 2004, Biya volvió a salir elegido en los comicios presidenciales. Poco después volvía a reformar la Constitución para poder presentarse en 2011.

Sin embargo, el gran acontecimiento político en Camerún durante la década pasada fue la operación Gavilán (Épervier), aparentemente dirigida a depurar responsabilidades por un enorme escándalo de blanqueo de dinero en el que fueron acusados altos cargos de la Administración. Sin embargo, lo que reveló fue hasta qué punto la malversación de fondos públicos estaba incrustada hasta la médula en el corazón mismo del aparato del Estado, corrupción con la que Biya transigió y transige. Al final, la operación sirvió para que el todopoderoso presidente hiciera una purga entre aquellos políticos que podían llegar a hacerle sombra o que mostraban algunos síntomas de rebeldía.

MOVILIZACIÓN-REPRESIÓN

Sin embargo, la oposición camerunesa está ahora más activa que nunca. Sin llegar a superar su eterno problema de desunión, lo cual sin duda le resta fuerza, el pasado 23 de febrero intentaron organizar una movilización “a la norteafricana” en varias ciudades del país que se encontró con la brutal represión del régimen. Muchos líderes opositores, algunos de ellos se presentan a los comicios de octubre, fueron apaleados sin piedad o detenidos antes de que comenzaran las protestas.

Biya tiene bien sabida la lección. Las “revueltas de la vida cara” de 2008, en las que miles de personas se lanzaron a la calle, acabaron con un centenar de muertos. Y ahora va a cortar de raíz cualquier intento de subversión. Hace un mes, impidió la actuación en Yaoundé del popular rapero Valsero, que en sus letras denuncia la corrupción y la mala gestión del Gobierno, y más recientemente impidió a la candidata presidencial Kah Walla, la única mujer que aspira al cargo y quien está llevando a cabo una agresiva campaña, que participara en el desfile de la Fiesta Nacional.

Desde luego, Biya está nervioso. Sabe que la juventud camerunesa, conectada al mundo, está cada vez más organizada. En marzo pasado, tras los incidentes con la oposición, decidió cortar por lo sano y suspender el Twitter en todo el país. Desde entonces, las autoridades deniegan todo permiso para manifestarse en la vía pública e incluso los eventos culturales se han visto afectados. En abril estaba previsto la celebración de un festival internacional de documentales relacionados con los Derechos Humanos que contaba con financiación de la Unión Europea. También fue prohibido.

Con un paro galopante y una economía que no acaba de despegar, Paul Biya sabe que su única baza para seguir en el poder es la mano dura, extremadamente dura, mantener a la oposición dividida y amañar una y otra vez ante los ojos del mundo las elecciones. El histórico líder opositor John Fru Ndi tampoco ha sabido aglutinar en torno a sí este malestar ciudadano. En octubre hay nueva cita con las urnas. Y Biya quiere estar ahí otra vez.
 


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Paul Biya.

PAUL BIYA. Fotografía: GGB


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