Laurent Gbagbo ha caído. El hasta ahora presidente de Costa de Marfil fue detenido sobre las 13.00 horas GMT en su residencia de Abidjan por las fuerzas especiales francesas, que lo pusieron en manos de los soldados rebeldes de Alassane Ouattara. La ofensiva final fue protagonizada por una veintena de tanques franceses y un gran número de legionarios de la fuerza especial Licorne, que desde las 8.00 horas penetraron por la fuerza en la residencia, doblegaron la resistencia de los militares que se mantenían leales al presidente, detuvieron a Gbagbo y su esposa y los pusieron en manos de los jefes rebeldes Koné Zakaria y Wattao, que participaron en la ofensiva.
Desde ese momento y hasta hoy martes, Laurent y Simone Gbagbo permanecen en la habitación 468 del hotel Golf de Abidjan, cuartel general de su rival Alassane Ouattara. En el momento de su detención, según el enviado especial de Le Monde, Gbagbo recibió algunos golpes. Posteriormente, tuvo que sufrir humillaciones de todo tipo de los jefes rebeldes, que se fotografiaron junto a él como si fuera una pieza de caza. Laurent Gbagbo pidió protección a la ONU ante el temor de que pudieran acabar con su vida y desde ayer lunes, cascos azules custodian su habitación para impedir que sufra nuevas violencias.
Especialmente llamativas fueron las imágenes de Simone Gbagbo, a quien se considera una de las personalidades más "duras" del régimen, con el pelo deshecho y evidentes signos de cansancio y miedo en su rostro.
El nuevo presidente marfileño, Alassane Ouattara, hizo en la noche del lunes un llamamiento a través de la televisión para que se evitaran las represalias contra los partidarios de Gbagbo y anunció una “nueva era de esperanza”. Asimismo, reiteró su voluntad de crear una “comisión de la verdad y la reconciliación” que arroje luz sobre las violaciones de los Derechos Humanos de los últimos meses, lo que incluirá las matanzas atribuidas a sus hombres en el oeste del país, así como la puesta en marcha de un procedimiento judicial contra Laurent Gbagbo, su esposa y sus colaboradores.
“Nuestro país acaba de pasar una página dolorosa de su historia. Tras cuatro meses de crisis postelectoral marcada por la pérdida de tantas vidas humanas, vemos al fin el alba de una nueva era de esperanza”, dijo Ouattara, el nuevo presidente de Costa de Marfil que ha llegado al poder tras un enorme fraude electoral en el norte y gracias a una guerra en la que contó con el decisivo apoyo militar de la ex metrópoli, Francia, y de los soldados de Naciones Unidas, circunstancias todas ellas que complicarán la legitimidad de un régimen que debe pacificar y reunificar un país dividido en dos.
Pese a los anuncios de investigación de los abusos y matanzas lanzados por Ouattara, éste debe su llegada al poder a la participación de numerosos jefes militares que, a buen seguro, harán todo lo posible para evitar que se eche luz sobre las matanzas. También es de prever que muchos se lancen a la hora de la venganza, aún hay muchos altos cargos del gobierno Gbagbo que han desaparecido en las últimas horas y que se teme por su vida.
La enorme influencia que ejerce Nicolas Sarkozy sobre el nuevo presidente marfileño, son amigos personales, quedó bien a las claras ayer lunes cuando, tras la detención, ambos mantuvieron una larga conversación telefónica.


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