Las cosas se precipitan en Costa de Marfil. Ya nadie discute que estamos ante una guerra de Francia bajo el pretexto de una crisis postelectoral. El viernes por la noche, la Licorne (Ejército francés) golpeó con fuerza contra la residencia de Laurent Gbagbo y durante este domingo han vuelto a atacar con el apoyo de la ONU. Tras haber extendido el rumor de que la residencia de su embajador estaba siendo atacada por las Fuerzas de Defensa y Seguridad (rumor que fue desmentido), la excusa sirvió de pretexto para que los franceses bombardearan la residencia del presidente.
Han destruido tanques, helicópteros y armas de todo tipo, además de los numerosos muertos ocasionados en este ataque, ya que muchos miembros de las FDS se encuentran en la residencia de Gbagbo. Los soldados franceses aprovecharon para transportar en sus helicópteros (como han venido haciendo hasta ahora) a los rebeldes pro Ouattara hasta las puertas de la residencia de Gbagbo en Cocody. La residencia ha sido parcialmente destruida, según algunas fuentes.
Para quien vive en Costa de Marfil, decir que Francia está interfiriendo en la política interior marfileña, un país soberano, es una perogrullada. Tras tomar el puerto de san Pedro, especializado en la exportación de cacao del que Costa de Marfil es el primer productor mundial, Francia acaba de tomar también mediante sus soldados el Puerto Autónomo de Abidjan, uno de los más importantes de África tras Durban (Sudáfrica).
Ahora bien, los principales puntos neurálgicos de Abidjan, el Palacio Presidencial, la residencia del presidente, la televisión nacional (RTI) y los cuarteles militares permanecían aún este fin de semana bajo el control de las Fuerzas de Defensa y Seguridad de Costa de Marfil (pro Gbagbo) tras diez días de ataques rebeldes, a los que se unió Francia y la ONU, sobre la ciudad.
“La página Gbagbo ha pasado”, dijo Alain Juppé, actual ministro de Exteriores galo y ex embajador de Francia en Costa de Marfil. Pero los neocolonialistas franceses pueden seguir soñando. Porque, aparte de la película de ficción que cada día ofrecen a sus ciudadanos a través de sus medios de comunicación, la realidad de la crisis de Costa de Marfil es otra.
Es verdad que los rebeldes de Ouattara, con la ayuda de la Onuci y la Licorne, han logrado penetrar en todos los barrios y distritos de Abidjan para matar y asesinar a población civil, pero también lo es que no han podido con el Ejército de Gbagbo.
Y también es cierto que la crisis humanitaria se agrava desde que la Francia de Sarkozy, a través de la Licorne, decidió lanzar obuses contra el barrio de Yopougon (7 y 8 de abril), con el resultado de tres muertos y dos viviendas calcinadas, y contra la residencia del presidente Laurent Gbagbo. Pero también que la Radio Televisión Marfileña (RTI), tras ser atacada por los franceses bajo el pretexto de proteger a los civiles, ha vuelto a emitir desde el pasado viernes al mediodía.
Los medios de comunicación franceses continúan intoxicando al común de los mortales. Según fuentes presidenciales, el jefe de Estado, Laurent Gbagbo, ha llamado a los marfileños a hacer oídos sordos a la campaña de intoxicación lanzada por Francia.
Alain Toussaint, consejero del presidente Gbagbo, se pronunció durante una rueda de prensa en París acerca de esta crisis y, según él, Gbagbo se mantiene al timón. “Está bien asentado en su sillón presidencial”, dijo, “y no se irá porque no quiere abandonar a su pueblo”. No dimitirá y no se rendirá. Según Toussaint, Laurent Gbagbo está en la tierra de sus antepasados y no abandonará a su pueblo para irse a otro lugar. Además, no está “atrapado” en su residencia por ningún tipo de bloqueo.
Horas antes, el rival de Gbagbo, Alassane Ouattara, había asegurado justo lo contrario a las televisiones francesas.


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