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Una revolución "siempre verde" para África

DENNIS GARRITY

Nairobi05/09/2011

África se enfrenta a un inmenso desafío. Durante las próximas décadas es necesario duplicar por lo menos los rendimientos agrícolas para producir más alimentos para una población en crecimiento, al tiempo que se combate la pobreza y se recupera la fertilidad de unos suelos degradados. Los riesgos aparejados al cambio climático hacen que esta tarea sea aún más desalentadora. Pero para cientos de miles de pequeños agricultores en Zambia, Mallawi, Níger y Burkina Faso, el futuro es más prometedor, pues han empezado a utilizar sistemas agrícolas que están recuperando los suelos y que están aumentando de forma espectacular los rendimientos de los cultivos, la seguridad alimentaria y los ingresos familiares.

“Antaño solía cosechar unos diez sacos de maíz, mientras que ahora recojo al menos 25”, afirma Mary Sabuloni, una agricultora cuya explotación se encuentra a media hora de coche al sudeste de Blantyre, en Malawi. “Antes era frecuente que pasáramos hambre, pero ahora puedo alimentar a mi familia todo el año”.

Sabuloni es una de las muchas agriculturas de Malawi que han visto aumentar sus rendimientos y mejorar sus suelos desde que empezaron a plantar árboles fertilizantes. Los rendimientos medios del maíz pueden duplicarse al menos cuando se intercalan con este tipo de árboles. Un aumento de una o dos toneladas por hectárea proporciona un kilo adicional de grano durante 200 días para una familia de cinco miembros.
Los científicos llevan décadas estudiando diversos árboles y arbustos que fijan nitrógeno, como Sesbania, Gliricidia, Tephrosia y Faidherbia, y que los agricultores pueden plantar para mejorar la fertilidad de los suelos. Este tipo de plantas captura nitrógeno del aire y lo transfiere a los suelos a través de sus raíces y de las hojas caídas, así como cuando se incorporan al suelo la hojarasca y otros restos de las podas.

Mariko Majoni, del pueblo de Jiya al sur de Malawi, solía cosechar de 30 a 40 sacos de maíz en sus tierras cuando podía permitirse la compra de fertilizantes minerales, pero su cosecha bajó a solo 6-9 sacos cuando se quedó sin dinero. Tras sembrar y cuidar sus árboles fertilizantes, sin embargo, su terreno produjo 70 sacos de maíz en 2006. “Mi suelo es ahora muy rico, y su capacidad de retención de agua mucho mayor”, afirma Majoni, añadiendo que obtiene suficiente maíz para él y para su familia, y aún le sobra mucho para vender.

De la combinación de integrar el arbolado en los sistemas agrarios (agroforestales) con los principios de la agricultura de conservación está naciendo el concepto de Agricultura Siempre Verde, una forma barata, accesible y basada en los conocimientos de la ciencia, para cuidar mejor la tierra y mejorar la producción alimentaria de los pequeños agricultores.

La agricultura de conservación se fundamenta en tres principios básicos: alterar el suelo lo menos posible (es decir, mínimo o no-laboreo), manteniendo el suelo cubierto por materia orgánica, por ejemplo los residuos del cultivo, y rotar y diversificar los cultivos, utilizando especialmente leguminosas para reponer los nutrientes del suelo. En todo el mundo unos 100 millones de hectáreas de tierra se gestionan actualmente siguiendo estos principios.
En la Agricultura Siempre Verde -como en casi todos los sistemas agroforestales- los árboles proporcionan múltiples beneficios a los agricultores, incluyendo abonos verdes para desarrollar suelos más sanos y mejorar la producción, frutos, medicinas, forraje para el ganado, leñas y madera.

Aportan además beneficios ambientales adicionales, como la provisión de sombra de cobijo, protección frente a la erosión, conservación de cuencas, captura de carbono y una mayor biodiversidad. La mejora de la sostenible de la productividad de los pequeños agricultores significa asimismo que muchos bienes y servicios forestales se pueden producir en las propias fincas. Si en el futuro los pequeños agricultores pudieran acceder a los mercados de carbono, ellos supondría la siembra de un número aún mayor de árboles en los paisajes agrícolas de todo el mundo.

Una especie arbórea fertilizando, Faidherbia albida, podría constituir en el futuro la piedra angulas de la Agricultra Siempre Verde. Este árbol autóctono de África es un componente natural de los sistemas agrícolas en muchas partes del continente. Faidherbia tiene un rasgo interesante, denominado fenología foliar inversa, que significa que pierde las hojas, ricas en nitrógeno, a principios de la época de lluvias y permanece en reposo durante toda la temporada de crecimiento de los cultivos, desarrollando de nuevo su follaje al comiendo de la época seca. Estos árboles son por ello perfectamente compatibles con los cultivos alimentarios, puesto que no compiten por la luz, los nutrientes ni el agua durante la temporada de cultivo. El árbol extiende únicamente sus ramas desnudas sobre los campos mientras que el cultivo se desarrolla hasta su cosecha.

En Zambia, más de 160.000 agricultores incluyen entre sus prácticas de agricultura de conservación la siembra de cultivos alimentarios en espacios agroforestales con Faidherbia, extendiéndose este tipo de cultivos por unas 300.000 hectáreas. Y tienen buenas razones para hacerlo: el maíz cultivado en el entorno de estos árboles es más productivo, y mejora la calidad de los suelos.

La producción de maíz es fundamental en la agricultura de Zambia, pues constituye la base para la alimentación del país, pero su rendimiento medio es de solo 1,1 toneladas por hectárea. En la temporada de cultivo de 2008 la Unidad de Agricultura de Conservación de Zambia observó que los rendimientos de maíz sin fertilizar en las proximidades de Faidherbia ascendían a una media de 4,1 toneladas por hectárea, comparadas con 1,3 toneladas en las zonas próximas pero fuera del dosel del arbolado.

En Malawi se han obtenido resultados similares, con aumentos del rendimiento del maíz de hasta un 280% en la zona situada bajo el dosel de Faidherbia, en comparación con las zonas fuera del dosel. Y más de 4,8 millones de hectáreas de cultivos agroforestales presididos por Faidherbia enriquecen actualmente la producción de mijo y de sorgo en el Níger.
“Llegará un día en el que las familias campesinas podrán comer fruta todas las mañanas para desayunar, el paisaje tendrá muchos más árboles que ahora y los suelos serán más fértiles”, afirma Tembo Chanyenga, del Instituto de Investigación Forestal de Malawi.

Está surgiendo una amplia alianza de gobiernos, donantes internacionales, instituciones de investigación y socios internacionales y locales para el desarrollo local comprometidos con la expansión de este enfoque agrícola innovador en toda África. La única forma de garantizar un crecimiento agrícola que combata la pobreza extrema es aplicar soluciones científicas que se apoyen en las mejores prácticas y conocimientos locales y que sean verdaderamente accesibles y asequibles.


Dennis Garrity

Centro Mundial de Agrosilvicultura, Nairobi

 

Este artículo pertenece al libro La situación del Mundo 2011, Innovaciones para alimentar el planeta, del Instituto Worldwatch, publicado en castellano por el CIP-Ecosocial e Icaria. 


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