Ya estamos de vuelta a Malabo, recibidos por las lluvias tropicales que están asolando la ínsula de Bioko, abrazados por el guirigay y el caos del aeropuerto Internacional de esta ciudad capital, abrazados por los constantes cortes de luz y recibidos por el lodo que salpica las almas de los malabeños y con las notas tristes que todos los días se emiten en la Radio Nacional, anunciando la muerte de alguien como si hubiera aquí una epidemia de cólera. Ya hemos vuelto a nuestra cruda realidad con la incertidumbre y la congoja de no saber cuál será el futuro artístico de los artistas de Guinea. El futuro esta lleno de lotopatopa, niebla.
Los compañeros de la Región continental siguen aquí en Malabo, en las casas de amigos y de familiares suplicando a Dios todopoderoso poder conseguir un billete de avión para Bata en un país donde hay gente que tienen habitaciones llenas de sacos de dinero. Ya estamos otra vez hurgando en la misma llaga, dando pasos en el vacío.
El mismo día que llegamos, fuimos recibidos por el embajador de España, y cómo echamos también de menos las felicitaciones y las palabras alentadoras de las autoridades de nuestro país. Esta es nuestra cruda realidad.
Ya estamos de vuelta a Malabo, con sus calles intransitables por los trabajos interminables de los amigos chinos, con los atascos producidos por las carreteras cortadas, con los bocinazos de los impacientes taxistas. Ya estamos en Malabo viviendo en directo el reparto de la chapas de zinc a las familias con casas de nipas. Ya estamos aquí y ya hemos visto algún loco hablar por teléfono comunicándose con no se sabe quién, ya hemos visto algún guardia de tráfico llevar tres grombif en la mano. Ya estamos en Malabo, os iremos contando.
La fuerza de un país radica en sus creadores, no nos engañemos. Este país donde triunfan los corruptos, los torturadores, los violadores, los asesinos, no será nunca grande hasta tanto que empecemos a respetar y valorar la cultura. Llenemos nuestras mentes de ladrillos. El tiempo será el que nos juzgue a todos. Lástima que para ese tiempo, habremos consumido y ultrajado este país de nuestros niños.
¡Ojalá no le esté cerrando las puertas a ningún proyecto!, ¡Ojalá no me este mojando tanto! Os prometo que cada vez que tenga algo que decir, cogeré a mi amigo bolígrafo y le haré gritar. No hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Sigamos zambulléndonos en el lodo de Malabo.


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