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Opinión

OPINIÓN

poe / fanon: una conjetura

JUAN MONTERO

Coordinador del Área de África Centro Unesco Gran Canaria22/03/2010

A veces, al azar de las lecturas, vamos estableciendo paralelismos que, no por aparentemente arbitrarios, dejan de ser ilustrativos. Un autor nos lleva a otro por caminos inicialmente imprevisibles pero que, llegado el momento, encienden una luz en nuestras cabezas haciéndonos ver aspectos de uno u otro autor o de ambos a la vez que nunca habríamos descubierto de no haber llegado a relacionarlos.

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Algo así me ha sucedido leyendo a Frantz Fanon y atisbando entre sus páginas un instante de especial lucidez, un desvelamiento, que provocó en mí sensaciones parecidas a las que, muchos años antes y por caminos bien diferentes aunque con resultados en apariencia similares, había provocado la lectura de los relatos de Edgar Allan Poe. Ambos escritores suponen un inicio en la consideración de determinadas perturbaciones intelectivas y emocionales, perturbaciones de la conciencia que, hasta su llegada, apenas habrían sido esbozadas y por lo tanto consideradas, al menos desde la particular óptica desde la que ambos autores tratan sus temas: uno la literatura de terror, el otro la literatura de la alienación colonial.

Hasta la “feliz” llegada al género de terror del maestro Poe (pongo feliz entre comillas porque creo que fue feliz sólo para nosotros, sus lectores) los miedos nos alcanzaban desde fuera; procedentes de otros mundos venían a instalarse en el nuestro. Seres de otra dimensión distinta a la nuestra, fantasmas, vampiros, muertos vivientes, nos acosaban y trataban, bien a nosotros, bien a nuestros seres queridos, de capturarnos y ganarnos en definitiva para su causa, para su mundo que era un lugar horrible y sin retorno posible. Piezas clásicas como “Melmoth El Errabundo”, de Ch. R. Maturin; “La profecía de Cloostedd” o “Carmille”, de Joseph Sheridan Le Fanu; “Frankenstein”, de Mary Shelley; “Drácula” de Bram Stoker; “El vampiro”, de Polidori o el terrible relato de Alexei Tolstoi “La familia del vurdalak” son, entre otras muchas narraciones igualmente magistrales, testigos de lo que estamos diciendo.

Sin embargo, la llegada de Edgar Allan Poe al género produce un cambio radical. El escritor ya no va a buscar a los monstruos fuera, en otro lugar, sino que los descubre y despierta dentro de nosotros. Los monstruos ya nos son esos seres de apariencia extraña y ajenos al común de los mortales, ahora se han instalado en nosotros, somos nosotros mismos. Relatos como “El gato negro”, “El barril del amontillado” o “El corazón delator” dan buena cuenta de lo que estamos diciendo. Con Poe, el relato de terror se vuelve mucho más sutil y psicológico, en definitiva, mucho más terrorífico: uno puede escapar, con suerte, del fantasma o del vampiro, nunca de uno mismo, nunca de las obsesiones y los pánicos que conforman la propia personalidad.

Cuentan que cuando sus contemporáneos alemanes, resaltando las más que probables influencias del escritor alemán E.T.A. Hoffmann en su obra, buscaban de alguna forma encasillarlo entre los románticos alemanes, Poe contestó: “ El horror no viene de Alemania, viene del alma” (1). Lapidaria frase que no sólo confirma lo que hemos venido destacando de la originalidad de la obra de Poe sino que, cual involuntaria profecía, iba a cobrar todo su sentido literal un siglo después cuando nos parece haber sido dicha para figurar en la entrada de todos y cada uno de los campos de exterminio de la Alemania nazi.

Pues bien, así como Edgar Allan Poe nos mete, literalmente, el miedo en el cuerpo, lo rescata de lo sobrenatural y lo introduce en cada uno de nosotros; de igual forma nos parece que Frantz Fanon nos mete la colonia en el cerebro haciéndonos ver, en última instancia, que todos hemos sido, de una u otra forma, colonizados.

La intelectual y ensayista maliense Aminata Traoré, en su libro “La violación del imaginario” dice refiriéndose al trabajo desplegado por Frantz Fanon: “... El impasse en el que se encuentra actualmente el continente africano es, como se sabe, el resultado de una larga historia de violencia armada, política y simbólica, que no se atenúa sino para reaparecer bajo formas más sofisticadas. Pero, contrariamente al pillaje de los recursos naturales y a la injerencia política que a menudo engendran conflictos armados, las heridas simbólicas no se revelan de golpe y no se les concede por tanto toda la importancia que merecen. Así, los diagnósticos sobre la situación de África son la mayoría de las veces incompletos y los remedios inapropiados; no nos hemos curado y no hemos llegado siquiera a ponernos a cubierto de otros golpes. Esta alienación no ha vuelto a ser mirada de cerca desde la prematura desaparición del inolvidable Frantz Fanon, quien la había descubierto y descrito maravillosamente...” (2).

Creo junto con Aminata Traoré que, efectivamente, Fanon nos revela a través de sus trabajos, especialmente en “Piel negra, máscaras blancas” y, por supuesto, también en “Los condenados de la tierra”, de manera extraordinaria, los entresijos de esta alienación padecida por el africano y, más concretamente, por el negro. Sin embargo, aunque más profusos y mejor descritos que por ningún otro autor, estos estudios sobre la alienación no se distinguen esencialmente de las apreciaciones que sobre los efectos de la alienación colonial podemos encontrar en otros textos claves como podrían ser el “Discurso sobre el colonialismo” de Aimé Césaire, o el magnífico “Orfeo Negro”, prólogo de Jean Paul Sartre a la primera edición, el año 1948, de la “Antología de la nueva poesía negra y malgache de lengua francesa” de Léopold Sédar Senghor.

Dicho esto pienso, de ahí el paralelismo con la especificidad de la obra de Poe, que la originalidad de la obra de Fanon no es tanto el tratamiento de la alienación del negro y, por lo tanto, de la del blanco, inevitable en la dialéctica de toda relación; pues también Césaire decía de la colonización: “... la acción colonial, la empresa colonial, la conquista colonial, fundada en el desprecio del indígena y justificada por ese desprecio, tiende inevitablemente a alterar a quien la acomete; que el colonizador, para otorgarse una buena conciencia, se habitúe a ver en el otro a la bestia, se ocupe en tratarlo como una bestia, tiende objetivamente a transformarle a sí mismo en bestia. Es esta acción, este efecto de retorno de la colonización lo que importa destacar...” (3), sino que más bien esa originalidad de la obra de Fanon, lo que la convirtió, al igual que la de Poe, en un inicio y la volcó hacia la modernidad conservando hoy una radical actualidad es, entre otras, el desvelamiento del colonizado que habita en cada uno de nosotros. Fanon, como decía más arriba, introduce la colonia en mitad de nuestro cerebro, descubre que está ahí y que, por lo tanto, no hay emancipación posible si ésta no empieza desde lo más profundo de nosotros mismos.

Poe nos hace ver que sólo es posible una tregua en el miedo en la medida en la que nos reconciliamos con el monstruo que habita en nosotros, que “es” nosotros; Fanon nos advierte a su vez que sólo es posible una existencia libre, en el sentido también de una existencia reconciliada, si somos capaces de mantenernos vigilantes frente al discurso dominante, si somos capaces de observarnos, permanentemente, como el campo abonado, el terreno fértil, de toda colonización.

1. “El Vampiro, antología literaria”, Introducción al capítulo dedicado a Edgar Allan Poe, Edición de Jacobo Siruela para Círculo de Lectores, 2001.
2. TRAORÉ, AMINATA, “Le viol de l’imaginaire”, Fayard / Éditions Actes Sud, 2002.
3. CÉSAIRE, AIMÉ, “Discours sur le colonialisme”, Éditions Présence Africaine, 1955.

Las negritas en la cita son del propio autor.


Comentarios - 9

9Talin10/10/2011 22:06h.
Muy original paraalelismo
8Quino08/04/2010 23:49h.
Muy bien Juan y que recuerdos me traes con Poe.Gracias por descubrirme tantas cosas. Besos
7Domingo A.24/03/2010 23:02h.
Muy bueno Juan. Sigue escribiendo, sigue trasmitiendo... Sigue matando a la BESTIA (no al Bestia, ese es nuestro amigo). Un abrazo.
6maca23/03/2010 19:26h.
!genial reflexión! necesaria para seguir evolucionando. besos Maca
5Miguel P.23/03/2010 15:35h.
Magnífico artículo Juan. Ahora toca leer también a Fanon, para disfrutar aún más del paralelismo
4Juan Montero Gómez23/03/2010 15:09h.
Muchas gracias por vuestras opiniones que empujan a seguir trabajando. Un abrazo. Juan
3Miguel Falcón23/03/2010 13:39h.
Estupenda exposición con la que podemos descubrir los paralelismos que indicas. Un abrazo Miguel
2Deborah Prado23/03/2010 11:23h.
Muy bueno el artículo, el paralelismo que creas es muy curioso.Besos.
1Txema Santana22/03/2010 23:04h.
Interesantísima relación.

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