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Opinión

OPINIÓN

No lo entiendo

CHEMA CABALLERO

31/08/2011

Todos estamos de acuerdo en que son los propios africanos los que tienen que provocar la transformación de sus respectivos países. No se puede seguir esperando que el milagro venga de fuera. Esto no significa soñar con cosas imposibles; al contrario, creo que se trata de algo muy factible.

 No olvidemos que, aparte de todas las materias primas que produce, el África subsahariana manda grandes sumas de dinero hacia los países occidentales y, al mismo tiempo, las remesas que envían los que han tenido que migrar superan la ayuda al desarrollo que el continente recibe.

Según todos los datos, desde 1981, África ha transferido unos 400 mil millones de dólares hacia los países occidentales. Esta cifra se refiere al tráfico legal de divisas, que se realiza a través de bancos y organismos oficiales. Una gran parte de esta suma corresponde a los intereses de la deuda que el continente tiene que pagar al Norte. Además, hay que tener en cuenta el “tráfico ilegal”, aquel que escapa a la transparencia y control de los medios financieros, y que, asombrosamente, supera al “tráfico legal”.

El informe publicado en enero de este año por la organización Global Financial Integrity, con sede en Washington, titulado Illicit Financial Flows from developing Countries: 2000-2009 (http://iff-update.gfip.org), afirma que África ha podido transferir, de “forma ilegal”, a los países ricos alrededor de unos 854 mil millones de dólares, desde 1970. La misma organización advierte que esa cantidad podría ser más del doble de lo estimado, ya que, evidentemente, no se conoce la verdadera cuantía de todas las operaciones. Este dinero proviene de las exportaciones ilegales “consentidas” por dirigentes y funcionarios africanos y “promovidas” por las compañías y multinacionales occidentales. El líder en este sector sería Nigeria, con una cifra aproximada de 240,7 mil millones de dólares en transferencias ilegales, durante ese periodo.

La pregunta que me surge al leer este informe, u otros similares, es quién produce estas cantidades de dinero que salen, tanto legal como ilegalmente, del continente. Si no me equivoco, creo que son las mismas personas a las que normalmente calificamos de “pobres” y “necesitadas” y que, por tanto, tienen que estarnos agradecidas por ser beneficiarias de nuestra ayuda al desarrollo.

Si este dinero se hubiera quedado allí donde se produce, en África, posiblemente podría haber contribuido a crear una buena red de salud pública, a la implantación de un sistema educativo serio, de calidad y accesible a todos, a la transformación de la agricultura… Y, quizás también, a evitar la emigración de más de 12 millones de africanos y africanas, entre los que se encuentran muchos intelectuales o profesionales que hubiesen podido ayudar al continente a caminar de forma distinta a como lo ha hecho hasta ahora.
 
El informe Leveranging migration for Africa: Remittances, Skills and Investments , publicado por el Banco Mundial en marzo de 2011, afirma que solo en el año 2010 (que no es uno de los mejores años debido a la crisis económica) las remesas enviadas por los migrantes africanos a sus países de origen, superó los 40 mil millones de dólares. Como siempre, estas son las cifras oficiales porque el mismo informe dice que solo un 2% de las familias africanas que reciben dinero del extranjero utiliza bancos o medios oficiales. La suma de las remesas legales e ilegales, supera con creces, la ayuda al desarrollo que recibe todo el continente, la cual se cifra en unos 50 mil millones de dólares anuales.
 
Gracias a este dinero, enviado por amigos y familiares, es como muchos de los que se quedan en África pueden beneficiarse de los servicios que sus gobiernos no les proporcionan y, de esta manera, estudiar, acceder a la educación o tener una vida un poco más cómoda y digna.
 
Sigo sin entender, las cuentas no me salen, y por eso me pregunto por qué, si los africanos son capaces de producir tales sumas de dinero como las que cada año abandonan el continente y si ellos son parte importante en el desarrollo y crecimiento de los países occidentales, en África las cosas no cambian a mejor.
 
Posiblemente todo eso tenga mucho que ver con las políticas que hay detrás de la ayuda al desarrollo y la cooperación internacional, diseñadas por Occidente y que, contrario a lo que se pueda creer, no tienen otro objetivo que el de seguir manteniendo a África donde está. A estas alturas, nada debería asombrarnos.
 
Dado que este es un tema muy amplio, lo dejo para otra entrada. Mientras ahí va un vídeo para contribuir a la reflexión. Es de Tiken Jah Fakoly, un artista de Costa de Marfil conocido por su compromiso político. Alguien le ha puesto subtítulos en castellano. Es un poco duro pero vale la pena verlo hasta el final. La canción se titula Plus rien ne m’étonne (ya nada me asombra).
 

El autor ha dado su autorización para publicar este artículo de opinión en GuinGuinBali. Previamente fue publicado en la revista Mundo Negro, en la serie Bajo el mango

Comentarios - 1

1BEGOÑA CAMPILLO02/09/2011 13:13h.
Yo tampoco lo entiendo.....

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