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Opinión

OPINIÓN

Por la calle de "El Medio"

JUAN MONTERO

Coordinador del Área de África Centro Unesco Gran Canaria08/07/2011

El ocultamiento y/o la tergiversación de la realidad es hoy la magia de los medios. Los medios del capital construyen la realidad a medida, un prêt-à-porter que obstruye cualquier oportunidad de pensar otro mundo posible. No hay vida más allá del capital: todo un universo, todo un planeta y las especies que lo poblamos se ajustan como un guante de seda al discurso oficial, al eslogan capitalista.

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Hace no mucho tiempo he terminado de leer un interesante y revelador libro del historiador marxista británico, fallecido en 1993, George Rudé, titulado “El rostro de la multitud”. El libro analiza fundamentalmente la revolución francesa en el rostro de sus auténticos protagonistas, la gente que la hizo, las multitudes compuestas por sans culottes (sin calzones): trabajadores independientes, comerciantes y artesanos… plebe urbana en general sometida y permanentemente humillada por los privilegios del clero y la nobleza del Antiguo Régimen. Gentes en definitiva abocadas a sufrir con el máximo de intensidad imaginable la grave crisis económica que afectaba a la Francia de los ochenta del siglo XVIII mientras, de forma provocadora, en medio de significativos recortes salariales y una alarmante subida del precio de los alimentos básicos, la aristocracia derrochaba en frivolidades al tiempo que los masacraba a impuestos. ¿Nos recuerda algo?.

Pues bien, entre otras cuestiones, el libro nos sitúa en el período prerrevolucionario y nos muestra como el proletariado latía ya detrás de la revolución burguesa. Una revolución, la burguesa, que de esta forma se quedaba corta nada más nacer.

El propio Rudé, hablándonos de su método, dice: “… Mi método examinará las distintas formas de actividad popular, sobre todo en París, durante los veinte años que preceden a la Revolución, con el fin de intentar encontrar el momento en el que sus ideas, mentalidad o “sensibilidad” se transformaron en una ideología y una conciencia revolucionarias…” (1).

Lo interesante para este artículo fue comprobar, a medida que iba leyendo, cómo las condiciones previas a una revolución son esencialmente las mismas no importa donde ni cuando y que hoy, observando la situación social, política, económica y ecológica en la que nos encontramos, es difícil negar que estemos en una situación prerrevolucionaria: aumento explosivo del paro y la miseria, desahucios, marginalidad, comedores de caridad, revoltijo en basuras y mentes; incremento de las desigualdades hasta limites insoportables, hoy un sueldo de mil euros, lo que hasta hace muy poco tiempo descalificábamos con el apelativo de mileurista, empieza a ser un privilegio; se liquidan los convenios colectivos, se realizan EREs en empresas con beneficios, se flexibiliza el despido, se retrasa la edad de jubilación según expectativa de vida; las pensiones se recortan y se preparan para convertirse en bolsas de negocio suculento y fácil para bancos y aseguradoras sin escrúpulos; bienes y servicios públicos tan importantes como la sanidad, la educación o el transporte, se dejan caer para tratar así de justificar su privatización, sus ventas a precio de saldo; las cajas de ahorros, sin ninguna vergüenza, se ponen en manos de la usura privada, usura a la que se rescata de sus graves delitos con cantidades ingentes de dinero público; mantenimiento de los paraísos fiscales y de la banca suiza donde, los sátrapas ladrones de todo el mundo, ponen su Botín a buen recaudo; fiscalidad regresiva y basada, esencialmente, en las rentas del trabajo, falsa lucha contra el gran fraude fiscal, aumento de los impuestos indirectos que son los que pagamos entre todos, sin importar el poder adquisitivo de cada uno; reducción de salarios y aumento de los precios en un descontrol ¿o dejación? gubernamental de los grandes monopolios u oligopolios transnacionales quienes, subidos a la parra de una soberbia sin límites, sabedores de que son ellos quienes mandan poniendo a tiro de sueldo o de soborno a aquellos a quienes nosotros votamos, no sólo nos roban descaradamente y violan nuestra intimidad cada vez que lo desean, sino que se parten de risa a nuestra costa con unos servicios deleznables y caros, unas reducciones de personal inadmisibles cuando siguen alcanzando cotas máximas de beneficios y unas ofertas envenenadas que ocultan siempre un engaño que, en la inmensa mayoría de los casos, acabará por quedar impune, a no ser que, armado de paciencia y de coraje, atravieses el desierto de meses o años de recursos, de alegaciones y termines, con suerte, por cobrar lo que, advertidos de que no les pertenecía, a sabiendas te quitaron, mas no esperes recompensa por tu hazaña, ellos, que tanto dinero manejan, que han dispuesto largo tiempo del tuyo y del de otros de forma claramente ilegal, sacándole beneficios en forma de intereses e inversiones, sólo tendrán que devolver, si acaso, aquello que estrictamente te habían robado y todo ello tras una batalla hercúlea, descorazonadora, entre un Goliat de abogados y recursos y un David de oficio y treta…

… Una educación cada vez más alejada del saber y más orientada a la empresa en esta perspectiva boloñesa en la que a todos nos quieren convertir en trabajadores chinos que cantemos loas a la gran empresa, iniciemos cada jornada laboral con el himno al gran empresario, propietario de vidas y haciendas, y nos dejemos la piel a cambio de acciones y bonos para directivos cuyos sueldos y prebendas no conocerán límites; moneda única para economías distintas en un intento, nada disimulado, de convertir la Europa del sur y del este en economías de servicio productoras de una riqueza fugada a los bolsillos de sus auténticos propietarios: las grandes economías europeas y de allende los mares y, a sus ciudadanos, en súbditos cuando no esclavos… y si osas quejarte, si osas levantar la voz aunque tan sólo sea un poco y dándotelas de pacifista, ahí están los “mozos de cuadra” para recordarte, a hostias, de que lado queda el poder.

Ante tanto despropósito ¿cuál es la diferencia esencial entre esta situación objetivamente prerrevolucionaria y las anteriores? ¿qué es lo que vuelve prácticamente inimaginable hoy el salto a una situación revolucionaria?: los medios de masas al servicio del capital y su enorme capacidad de reproducción/recreación de la masa misma en lo que ésta tiene de anodino, gris, acrítico y catatónico.

Ésta, creo, es la novedad principal por relación a cualquier otra época revolucionaria anterior. La aparición de la televisión y el uso que se ha venido haciendo de ella ha significado un golpe mortal (que tal vez internet enmiende) a las luchas revolucionarias, a la conciencia de clase, a la solidaridad proletaria y su internacionalismo, a la comunicación interpersonal, a la crítica y a la necesidad, para toda revolución, de concebir otro mundo posible, de nacer a una utopía.

Los grandes poderes económicos controlan hoy los grandes medios de comunicación. La tan solo aparente diversidad de medios está controlada desde las mismas estructuras financieras. Las mayores y más influyentes universidades del mundo, en este proceso vertiginoso de privatización de lo público, se encuentran hoy, cada vez más, bajo el poder de importantes entidades financieras. Lo mismo sucede con las principales editoriales, bajo una apariencia de pluralidad muchas de ellas responden ante los mismos grupos financieros. Controlan pues todos los lugares de producción del pensamiento. Producción, difusión y presentación del pensamiento responden hoy ante los mismos grupos económicos.

La televisión en particular y los medios en general, apropiados por el capital, han sido instrumentos devastadores a la hora de reproducir ignorancia o información convenientemente manipulada lo que viene a ser lo mismo: si no lo contamos o lo contamos como nos conviene, no ocurre o nos favorece. El ocultamiento y/o la tergiversación de la realidad es hoy la magia de los medios. Los medios del capital construyen la realidad a medida, un prêt-à-porter que obstruye cualquier oportunidad de pensar otro mundo posible. No hay vida más allá del capital: todo un universo, todo un planeta y las especies que lo poblamos se ajustan como un guante de seda al discurso oficial, al eslogan capitalista.

Da asco y pena buena parte de la profesión periodística. Son tantos los periodistas vendidos por un plato de lentejas que no merece la pena detenerse en ninguno de ellos/ellas, los ejemplos son innumerables y cotidianos. Quienes dan asco no importan, se descalifican a sí mismos, sí los que dan pena, auténticos profesionales que mientras nos trasladan las noticias no pueden ignorar la bazofia que ofrecen, no pueden ignorar, en el menos malo de los supuestos, la realidad que nos ocultan.

Por todo ello las grandes agencias y medios de desinformación masivos y sus infumables tontulianos deberían ser hoy el blanco principal de nuestra ira. Exigirles, simple y llanamente, deontología profesional, que se limiten a cumplir con lo que se supone debería ser su trabajo: informar de lo que ocurre con el máximo de objetividad posible, investigar y, ya puestos, denunciar y no proteger los abusos del poder, sea éste político, social, económico o judicial. De no ser así, seguiremos instalados en el engaño y equivocándonos, “convenientemente”, las cada vez menos veces en las que se les ocurra venir a consultarnos o a pedir nuestro cada vez más inútil voto, porque, como caballos con anteojeras, erraremos por la vida castigados y convencidos de que todo lo que encierra este mundo maravilloso transcurre, en exclusiva, por la calle de El Medio.

(1) RUDÉ, George: “El rostro de la multitud”. Edición e introducción de Harvey J. Kaye, Centro Francisco Tomás y Valiente UNED Alzira-Valencia. Fundación Instituto de Historia Social, Biblioteca de Historia Social, 2000, Valencia.
 


Comentarios - 3

3Castellano09/07/2011 14:19h.
No hay más que ver la terrorífica manipulación mediática del golpe de estado en Libia, que deja a otros casos anteriores como Irak como simples bromas
2Juan Carlos09/07/2011 13:29h.
Muy interesante análisis, Juan. Lo suscribo totalmente. Los paralelismos con la revolución francesa son evidentes, aún con el paso del tiempo. Pero me temo que estamos todavía muy lejos de enmendar la situación, dada la voracidad de la ignorante casta de los amasadores de fortunas, porque precisamente no piensan más allá de las consecuencias de su insatisfacción patológica y cleptómana. Realmente no soy muy optimista al respecto. No sé si asistiremos tú y yo, por nuestras respectivas edades, al día en que este gran animal que es el planeta se sacuda las pulgas como lo hace un perro.
1nacho08/07/2011 17:04h.
Cuando oigo o leo una noticia casi siempre pienso : No sabe o no se cree lo que está diciendo. Solo hace falta ver como cuentan, con una sonrisa de oreja a oreja , que el "MERCADO" a reaccionado positivamente a una medida que nos hunde A TODOS mucho mas en la miseria. La prensa y la televisión rosa y/o amarilla arrasa porque a la gente le cuentan las miserias del otro ; los periodistas políticos y económicos no se atreven ( para mantener su puesto de trabajo ) a contar las miserias del sistema . Se quedarían sin trabajo pero podrían dormir en paz !

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