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Opinión

OPINIÓN

La encrucijada senegalesa

JUAN CARLOS ACOSTA

Santa Cruz de Tenerife03/07/2011

Se acercan las elecciones presidenciales de Senegal, que se celebrarán el próximo mes de febrero, y la chispa del hartazgo ha terminado por prender en las calles de su capital, Dakar.

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 Como respuesta, el Gobierno ha sacado al Ejército para sofocar así el creciente movimiento de protesta que, bajo el lema de “Y’en marre” (basta ya), cuenta hasta la fecha con varios mártires, algunos quemados a lo bonzo y otro, el más reciente, abatido de un disparo en la cabeza. En el origen de las revueltas están los sucesivos y largos cortes de fluido eléctrico, justificados por las autoridades en la escasez de combustible debido a la crisis, pero también la pobreza, la desesperanza o la persistencia del presidente, Abdoulaye Wade, de 85 años, en sus intentos de aferrarse al poder, tras un mandato de más de 11 años, por medio de la modificación de la Carta Magna a su favor o en la de su hijo Karim como sucesor dinástico, algo que el pueblo ha rechazado con vigor estos días en medio de los más graves disturbios registrados en los últimos decenios, y que ha obligado al mandatario a retirar el proyecto de ley del Parlamento.

Mientras este país vecino, que se encuentra a tan sólo 1.500 kilómetros de Canarias y es uno de los más avanzados política y socialmente de nuestro entorno, pasa por las circunstancias adversas económicas derivadas del derrumbamiento financiero internacional, que ha parado en seco la efervescencia del capital procedente de fondos multinacionales de convergencia, Wade ha estado entretenido con faraónicas obras con las que colocarse en la galería de la posteridad, como la colosal estatua denominada “Renacimiento Africano”, un engendro de estética comunista que costó más de 18 millones de euros al tesoro público, o su parque cultural “Las Siete Maravillas de Dakar”, otro delirio que ocuparía más de 10 hectáreas en el corazón de la ciudad, cuando no con inversiones millonarias en fiestas y festivales que chocan frontalmente con las muy deficitarias necesidades de infraestructuras básicas o de empleo de los ciudadanos.

En el haber del veterano político podríamos situar su liderazgo panafricanista y su empeño para que los principales estados se unan con el fin de dotar de mayor poder a sus instituciones multilaterales, como la Unión Africana, desprestigiada y casi inane debido a su cúpula conformada por los dictadores más emblemáticos, y el protagonismo que ha ejercido para reclamar un papel más relevante de las instituciones del continente negro en el timón de organismos de la ONU, como la FAO.

En su debe, una década -la suya- salpicada en sus últimos años de corruptelas generalizadas, de círculos cerrados oligárquicos y de una indiferencia insultante hacia las clases más necesitadas, que ha provocado incluso que importantes líderes religiosos, que son los que mandan en las cofradías que manejan los hilos de las comunidades senegalesas, soliciten la alternancia política y el fin de la era Wade.

Mucho me temo que el sueño del presidente por la “abdicación” en favor de su hijo no ha llegado aun a su conclusión definitiva y que el octogenario lo va a seguir intentando los próximos meses, eso sí, con el aliento en la nuca de las revueltas del Norte y la imagen de sus homólogos de Túnez y Egipto, repudiados por sus pueblos y la comunidad internacional por idénticos motivos, orbitando sobre su panegírico final.


Comentarios - 1

1pablo04/07/2011 20:28h.
“Y’en marre” podría ser traducido, y con razón: "hasta los cojones"

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