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Opinión

OPINIÓN

Hasta cuándo

MARC EULER BLE OGOU

14/04/2011

Los franceses dicen amar África en general y especialmente a Costa de Marfil y claman un amor tan grande que me pregunto si ese amor puede ser verdadero y desinteresado o si es otra cosa: simplemente puro interés, deseos de vivir mejor a nuestra costa, que disfrazan de cariño.

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Dicen que su intervención en Costa de Marfil está legitimada por la ONU y que se hizo por nuestro bien, justifican los días y noches de bombardeo y el calvario actual para eliminar al peor dictador de África y del mundo. Niegan la injerencia, se enorgullecen de su papel en Costa de Marfil y no creen haberse extralimitado del mandato de la ONU para quitar a un presidente, pasando sobre cientos de civiles asesinados. Esos civiles a los que en teoría protegían y que hoy huyen del nuevo gobierno por las fronteras, se esconden en el bosque por ser de la etnia equivocada o son masacrados, ejecutados a sangre fría, perseguidos, humillados, encarcelados. Esos civiles que se pusieron como pretexto y que, una vez eliminado Gbagbo, vuelven a ser irrelevantes, invisibles.

Me gustaría creer a los franceses, pero no llego a creerme sus argumentos como el buen africano dócil y agradecido que debería ser.

Por ejemplo, no puedo dejar de preguntarme en qué momento se convirtió Gbagbo en ese dictador terrible.

¿Cuando catorce partidos pudieron presentarse a las elecciones y cedió ministerios y el cargo de primer ministro a los rebeldes por la paz? ¿Durante los cuatro meses entre las elecciones y su detención, en los que -al contrario que Ouattara- no persiguió a los del RDR, ni bombardeó el Hotel du Golf ? ¿Fue cuando intentó ir por lo legal en los tribunales franceses y ante la Unión Europea para recuperar sus embajadas y denunciar los bloqueos que asfixiaban a su pueblo? ¿Lo descubrió Soro el día después de las elecciones, a pesar de haber tenido ocasión de trabajar con él desde 2007?

A todo esto, también me resulta curiosa la aversión de Francia por los dictadores.

Apoyaba hasta hace tres días a Ben Alí, a Mubarak, al Gadafi al que ahora intentan borrar también del mapa. También acaba de firmar contratos de ayuda militar con Gabón (heredado por Ali Bongo de su padre, después de cuarenta años en el poder), Togo (también heredado por otro hijísimo, Faure Gnassingbé), Burkina (con Compaoré asesinando a Sankara en el 87 para quedarse en el poder desde entonces) o Chad (donde la oposición desaparece cada día).

Estos son los demócratas de Francia en África. Gente que a los ojos de organizaciones de los derechos humanos, los periodistas de investigación y sus propios pueblos son dictadores, pero que para Francia son casi santos.

Para mí, esta supuesta hipocresía francesa no lo es tanto: cuando "le negre" (esclavo) no acepta las órdenes del amo francés, se transforma en dictador, en aquel al que hay que eliminar. Y ese amor tan grande, que es libre y fuerte con Bongo o Compaoré o Wade, se vuelve un odio irracional, se vuelve lluvia de bombas sobre el palacio presidencial de Gbagbo.

En vista de este amor homicida, de este odio apasionado de los franceses por mi país, mi pregunta es hasta cuándo. Hasta cuándo, por culpa de este amor, los pueblos franceses crecerán más lindos y brillantes mientras que Costa de Marfil se vuelve cada día más sombría, más dolida, más pobre.

También me pregunto cuánta deuda asumirá Costa de Marfil para pagar todo el amoroso esfuerzo militar y de todo tipo que Francia ha hecho para poner a Ouattara en el poder, toda la destrucción de colegios y hospitales, la desaparición de un ejército, la muerte de tanta gente.

Finalmente, quisiera decirle a Ouattara que me rindo ante él, ante su llegada al poder, que le felicito. Pero Gbagbo ya dijo que cuando una persona te hace rey, le debes algo a esa persona, pero cuando el pueblo te hace rey, debes algo al pueblo. El amor de Francia es fuerte, peligroso, y exige mucho a cambio, más que el amor del pueblo marfileño. Ouattara debe mirar a Gadafi, a otros a los que Francia amó, y decirnos si ese amor es compatible con un futuro próspero, pacífico y feliz para Costa de Marfil.

 

Marc Euler Ble Ogou es presidente de ACAMARFIL y vicepresidente de la Federación de Asociaciones Africanas en Canarias.


Comentarios - 2

2Fran15/04/2011 03:14h.
Como dijo un cantante marfileño, “se puede avasallar a un país pero no a un continente”. Una África unida, no queda otra.
1Las Palmas.14/04/2011 17:43h.
Resulta revelador el silencio casi unánime en los medios sobre las persecuciones y asesinatos una vez logrado el objetivo de "largar" a Gbagbo. Como usted dice, "los civiles vuelven a ser irrelevantes, invisibles".

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