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Opinión

OPINIÓN

Fanon-Sartre: una relación *

JUAN MONTERO

Coordinador del Área de África Centro Unesco Gran Canaria14/12/2010

Dicen que el 3 de diciembre de 1961, pocos días antes de morir, Frantz Fanon recibió en Nueva York, donde se encontraba hospitalizado a causa de una leucemia mieloide, un ejemplar de su última obra maestra titulada: "Los condenados de la tierra”. Dicen que leyó el prólogo escrito por Jean Paul Sartre y guardó un largo silencio.

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Al poco escribió a su editor François Maspero que «esperaba, llegado el momento, tener la ocasión de comentarlo», no fue posible, murió unos días después, el 8 de diciembre de 1961 y con él desapareció la mente más lúcida que jamás haya pensado la alienación negra y por ende la blanca. De él decía la ensayista y altermundialista maliense Aminata Traoré en su libro “Le viol de l’imaginaire” (“La violación del imaginario”):  “…Esta alienación no ha sido nunca observada de cerca desde la prematura desaparición del inolvidable Frantz Fanon, que la había revelado y descrito maravillosamente…” (1).

Sin embargo, lo que me interesa resaltar hoy aquí es la curiosa relación de admiración mutua y de distancia al menos por parte de Fanon pues, más allá de tratarse de una relación entre dos de las mentes más lúcidas de su tiempo, se trata de modo subyacente de una relación, también de aquellos tiempos, entre una mente que se afirma y se quiere negra y una mente blanca con vocación de entender lo negro. Y lo digo así porque a lo que aspiro con este artículo es a desentrañar la disonancia entre ambas voces que deduzco nace de las condiciones de desarrollo de sus existencias, de lo vivido.

En el prólogo a la edición de 2002 de “Les damnés de la terre” (“Los condenados de la tierra”) (La Decouverte, 2002), Alice Cherki, psiquiatra y psicoanalista, autora del “Retrato de Frantz Fanon” (Seuil, 2000), nos habla de una primera discordancia entre estos autores al referirse al prólogo de Sartre a la primera edición citada del año 1961. Nos dice Cherki que el prólogo de Sartre se dirige al lector blanco, cuando la obra de Fanon se dirige a cualquiera excepto al Blanco y añade que, en su opinión, Sartre radicaliza el análisis de Fanon sobre la violencia. Según Charki, Sartre justifica la violencia mientras que Fanon la analiza, no la promueve como un fin en sí sino como un tránsito obligado en el camino de la emancipación.

No puedo estar de acuerdo con Alice Cherki porque aunque la discrepancia existe creo que es mucho más sutil. Me parece discernir que, en el fondo, los dos autores están de acuerdo en sus análisis, de ahí el reconocimiento, sin embargo sus experiencias vividas les hacen chocar, sobre todo a Fanon que como bien dice, quiere tomarse su tiempo para responder. No se trata de un desprecio inmediato, un arrojar el libro sobre su cama de enfermo, no, necesita tiempo, necesita indagar si hay falla y donde está la falla. Lamentablemente no dispuso de ese tiempo y hoy todo lo que podemos hacer son conjeturas.

No comparto la apreciación de Cherki porque Sartre aunque se dirige al lector blanco, y así lo dice reiteradas veces, también destaca que la obra no ha sido escrita para él. Así y todo Sartre le dice al lector blanco por qué debe leer una obra que no le está, esencialmente, dirigida: “… leer a Fanon os dará vergüenza y la vergüenza, como decía Marx, es un sentimiento revolucionario…” (2). Tampoco creo que Sartre radicalice el análisis de Fanon sobre la violencia, los dos hablan de la misma violencia extrema y al mismo tiempo liberadora, la prueba es como en el capítulo dedicado a la violencia en “Los condenados de la tierra”, Fanon se remite, a la hora de justificarla, a un texto extraído de la tragedia de Aimé Césaire titulada: “Les Armes miraculeuses et Les Chiens se taisent” (“Las Armas milagrosas y Los Perros se callan”), en el que el Rebelde esclavo, que acaba de asesinar al amo, se complace y se justifica ante su madre discrepante y asustada.

Así pues, ¿dónde veo yo esa diferencia, esa disonancia entre ambas voces a la que me refería más arriba?. Para intentar capturarla hay que irse más atrás en el tiempo, hay que retrotraerse a 1952, Fanon tiene apenas veintisiete años y acaba de publicar su primer libro: “Peau noire, masques blanches” (“Piel negra, máscaras blancas”), en su capítulo quinto, “La experiencia vivida del negro”, polemiza con Sartre a partir del análisis de la negritud, creo que es ahí donde reconociendo su admiración por Sartre, pues habla de él como de «un amigo de los pueblos de color», se distancia de él y de su análisis de la negritud desplegado en su prólogo, magnífico, a la obra de Senghor “Antología de la nueva poesía negra y malgache”, titulado “Orfeo Negro”.

Estamos ante dos pensadores marxistas y Sartre en Orfeo Negro refiriéndose a la Negritud como a una dialéctica, dice: “… La negritud aparece como el tiempo débil de una progresión dialéctica: la afirmación teórica y práctica de la hegemonía del Blanco es la tesis; la posición de la negritud como valor antitético es el momento de la negatividad. Pero este momento negativo no basta por sí mismo y los negros que lo utilizan lo saben muy bien; saben que está orientado a preparar la síntesis en la realización de lo humano en una sociedad si razas. Así, la Negritud existe para destruirse, es tránsito y no acabamiento, medio y no fin…” (3).

Aquí el joven Fanon salta y nos dice que cuando ha leído esta página ha sentido que se le robaba su última oportunidad. Según él «la generación de los jóvenes poetas negros acababa de recibir un golpe de los que no perdonan». Sartre no había encontrado nada mejor que mostrar la relatividad de su acción. “… Por una vez -continúa diciendo Fanon- este hegeliano nato había olvidado que la conciencia tiene necesidad de perderse en la noche de lo absoluto, única condición para alcanzar la conciencia de sí. Contra el racionalismo, evoca el lado negativo, pero olvidando que esta negatividad adquiere su valor de una absolutidad casi sustancial. La conciencia comprometida en la experiencia ignora, debe ignorar las esencias y las determinaciones de su ser.

Orfeo Negro es un hito en la intelección del existir negro. El error de Sartre ha sido no sólo querer ir a la fuente de la fuente, sino en cierto modo agotar esta fuente…” (4).

Para demostrarlo, Fanon cita las últimas palabras de Sartre en Orfeo Negro: “… ¿Se agotará la fuente de la poesía?. ¿O bien el gran río negro coloreará a pesar de todo el mar en el que se vierte?. No importa: a cada época su poesía, en cada época, las circunstancias de la historia eligen una nación, una raza, una clase para reactivar la mecha, creando situaciones que no pueden expresarse o superarse sino a través de la Poesía; y a veces el impulso poético coincide con el impulso revolucionario y a veces divergen. Saludemos hoy la oportunidad histórica que permitirá a los negros expulsar «el gran grito negro con tal violencia que los cimientos del mundo saltarán por los aires» (Aimé Césaire)…” (5).

Indignado, Fanon comenta estas palabras de Sartre: “… He aquí que no soy yo quien me creo un sentido, sino que el sentido estaba allí, preexistente, esperándome. No es con mi miseria de pobre negro, mis dientes de pobre negro, mi hambre de pobre negro, con lo que yo doy forma a una mecha para producir el fuego con el que incendiar este mundo, sino que la mecha estaba ahí, esperando esta oportunidad histórica…” (6).

Para Fanon, Jean Paul Sartre destruye en este prólogo el entusiasmo negro. Contra el devenir histórico hay que oponer la imprevisibilidad. La dialéctica que introduce la necesidad en el punto de apoyo de mi libertad –dice Fanon- me expulsa de mí mismo. Y añade: “… Siempre en términos de conciencia, la conciencia negra es inmanente a ella misma. Yo no soy una potencialidad de cualquier cosa, soy plenamente lo que soy […] Mi conciencia negra no se da como una carencia. Ella es […] Lo cierto es que, en el momento en el que intento atrapar mi ser, Sartre, que sigue siendo el Otro, nombrándome me quita toda ilusión. Ahora que doy voz a mi negritud, ahora que en el paroxismo de lo vivido y del furor la reclamo, me recuerda que mi negritud no es más que un tiempo débil […] Sin pasado negro, sin porvenir negro, me sería imposible existir en mi negrura. Todavía no blanco, no del todo negro, sería tan sólo un condenado…”.

Y concluye: “… Sin embargo, desde lo más profundo de mi ser, rechazo esta amputación. Me siento un alma tan vasta como el mundo, un alma profunda como el más profundo de los ríos, mi pecho tiene una potencia de expansión infinita…” (7).

En mi opinión, aquí apreciamos, en plena juventud de Fanon, en las páginas probablemente más hermosas de su primera obra, el momento de la discrepancia con su admirado Sartre. Tanto Fanon como Sartre están atrapados en su condición cultural, en su época, tengo la impresión de que no llegan a entenderse del todo. Hay “algo” que impide un total entendimiento entre ellos, algo que muy probablemente tiene que ver con la construcción racista de la historia en la que ambos están inmersos.

Fanon busca la reafirmación negra, Sartre destaca la negritud como una negación de sí misma en el tránsito hacia una sociedad sin razas. Sin embargo, profunda ironía, leyendo a Fanon nos parece que el acuerdo entre ambos escritores es casi total. Allí donde Fanon discrepa con furor, unas páginas después o una obra posterior parecen diluir la discrepancia, los silencios de Fanon tras la lectura de Sartre parecen querer pedirnos que esperemos, que hay algo que de verdad no le gusta pero que en el fondo…

Así, hacia el final de “Piel negra, máscaras blancas”, en el capítulo dedicado a la conclusión, Fanon escribe: “… Yo no tengo derecho, hombre de color, a buscar en qué mi raza es superior o inferior a cualquier otra raza […] Yo me descubro un día en el mundo y me reconozco un solo derecho: el de exigir del otro un comportamiento humano. Un solo deber: no renegar de mi libertad a través de mis elecciones…

… Mi vida no debe estar consagrada a hacer el balance de los valores negros. No hay un mundo blanco, no hay una ética blanca, no hay, aún menos, una inteligencia blanca…” (8).

Teniendo en cuenta que todo este libro está consagrado al estudio de las relaciones de alienación entre Negros y Blancos; no existiendo un mundo blanco, Fanon parece querer decirnos que tampoco existe un mundo negro, o al menos que, siendo esencialmente así, la finalidad de toda lucha en contra de la alienación, de toda emancipación, sería su superación en una sociedad sin razas.

Más aún, nueve años después y poco antes de morir, Fanon nos lo recuerda en su obra culmen “Los condenados de la tierra” cuando, hablando de la cultura nacional, nos dice: “… Imaginar que se hará cultura negra es olvidar específicamente que los negros están en vías de desaparición, que aquellos que les han creado están asistiendo a la disolución de su supremacía económica y cultural. No habrá cultura negra porque ningún político pretenderá crear repúblicas negras. El problema es saber el lugar que esos políticos tienen la intención de reservar a sus pueblos, el tipo de relaciones sociales que decidan instaurar, la concepción que se hacen del porvenir de la humanidad. Esto es lo único que cuenta. Todo lo demás es literatura y engaño…” (9).

Así pues, asomados al volcán donde Fanon cocina sus lúcidas contradicciones, ¿dónde está la discrepancia?, ¿dónde la disonancia entre estos dos hombres que, con toda probabilidad, se admiraban?: en lo profundo, allí donde la luz de la palabra no alumbra el significado porque éste nos hace, nos vive desde siempre, desde mucho antes de que seamos capaces de darnos cuenta, de dar cuenta: en la terrible experiencia vivida del Negro frente a la plácida experiencia vivida del Blanco. Allí donde Fanon dejaba caer su último ruego: ¡Oh cuerpo mío, haz de mí siempre un hombre que interrogue!.


* Este artículo, ahora retocado, fue publicado en abril de 2007 en la sección de cultura del portal AfricaInfomarket

(1) Traoré, AMINATA. Le viol de l’imaginaire (“La violación del imaginario”) Fayard / Éditions Actes Sud, 2002

(2), (9) Fanon, FRANTZ: “Les damnés de la terre” (“Los condenados de la tierra”)
Prólogo de Jean-Paul Sartre (1ª ed. 1961 y 2002) y de Alice Cherki, La Découverte/Poche, 2002.

(3), (5) Sédar Senghor, Léopold: “Anthologie de la nouvelle poésie nègre et malgache de langue française
(“Antología de la nueva poesía negra y malgache en lengua francesa”). Prólogo de Jean-Paul Sartre:
“Orphée noir” (“Orfeo negro” -1ª ed. 1948 y 2002), Puf Quadrige, 2002.

(4), (6), (7), (8) Fanon, FRANTZ: “Peau noire, masques blancs” (“Piel negra, máscaras blancas”)
Éditions du Seuil, 1952 (1ª ed.) / 1971.
 


Comentarios - 1

1raul piatti09/09/2013 17:29h.
Estimados,estoy leyendo en forma simultánea Los Condenados... y Piel negra.. y es notable la descripción que hacen del mandatario del país del norte. Quizas alguna vez se logre la recuperación de la identidad. Un abrazo para todos y muchas gracias. Raúl Piatti

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