Hasta este domingo Kenenisa Bekele (Oromia, Etiopía) había competido en 12 carreras de su especialidad, 10.000 metros. Y no había perdido ninguna. Todas acabaron en victoria del etíope que, por evidente superioridad, se había convertido en el rey de la categoría. Ha sido en los mundiales de Dagou, Corea del Sur, donde ha empezado a compartir su corona. Sin embargo, el dolor, que lo es, es menor para Bekele porque la medalla de oro se la ha quedado la delegación que representa, Etiopía. Ibrahim Jeilan, siete años más jóven, se impuso en la recta final a Mo Farah, que representa al Reino Unido pero que nació en Somalilandia. África, como queda patente, sigue siendo la reina.
Bekele tenía como referencia a otro Dios de la pista. A un Dios al que nunca pensó en alcanzar pero que ahora mismo tiene a su altura: Haile Gebrselassie. Otro etíope, fondista histórico, que creó una leyenda en la década de los noventa. De hecho, para honor y mayor gloria de Bekele, su consagración llegó en los mundiales de París de 2003. Entonces, superó a Gebrselassie que obtuvo la plata siguiendo la estela de un joven Bekele que apenas tenía 21 años.
En Dagou Bekele sucumbió ante Ibrahima Jeilan. Jeilan, también joven, tiene 22 años y este domingo ha entrado en la difícil historia del atletismo etíope. Sin la apariencia juvenil que debiera tener, Jeilan comenzó a destacar allá por 2005 y tuvo un par de años brillantes. Luego cayó en el segundo vagón pero haciendo de puente con las estrellas que seguían casi sin rechistar la dictadura impuesta por Bekele.
Este no era el mundial en que se esperaba a Jeilan. Se esperaba a Bekele, otra vez, y se temía al somalí Mo Farah que corre con la bandera del Reino Unido pegada al pecho. Cuando falló Bekele, por problemas físicos, el eritreo Zersenay Tadese tiró del grupo. Pero en la última vuelta, apareció Farah para liderar la carrera hasta los últimos metros, ahogándose en el esfuerzo. Y entonces la garra de Jeilan en un formidable sprint hizo que la medalla de oro de los 10.000 metros recayera, otra vez, en la garra y la fiereza de los corredores que defienden la bandera de Etiopía. La bandera del cuerno de África. Del otro cuerno de África.


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