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Sami Tchak: “El sexo es un buen camino hacia la felicidad y la tristeza del alma humana”

21/09/2011

Ediciones El Cobre editó en 2003 ¡Puta Vida!, la primera novela traducida al español del escritor Sami Tchak (Togo, 1960), uno de los tantos escritores africanos en la tercera edición del Salón Internacional del Libro Africano. Un libro durísimo y violento que desarma escrito, sin embargo, con un sobresaliente sentido del humor.

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Tchak es autor de una interesante producción literaria donde se mezcla ficción y ensayo en las que explora sin máscaras las zonas más oscuras de la realidad que nos rodea. El escritor, que en estos momentos se encuentra trabajando en una nueva novela que se desarrolla en Venecia, es autor también de Femme infidèle, Hermina, La fête des masques, Le paradis des chiots, Hijas de México y Al Capone le malien.

Pregunta:  ¡Puta vida! es una novela muy dura pero la voz de su protagonista no renuncia a un cínico sentido del humor que, de alguna manera, desdramatiza su universo. ¿Esa es la posición que domina entre los hijos de inmigrantes que ya son ciudadanos europeos?

Respuesta: Es cierto que sin el humor del narrador ¡Puta vida! habría resultado una novela demasiado cínica, pero más allá de la violencia de las declaraciones, se siente también una forma de ternura, una forma de reírse de sí mismo. El narrador se burla de todo, pero sobre todo de él mismo. Su forma de decir, de mirar, de analizar no es la forma predominante entre los miles de hijos de inmigrantes; es un personaje que, por sus excesos, permite entender muchas cosas, pero él no es el portavoz de los hijos de esa generación.

En ¡Puta vida! hay una continuada ironía al padre. También al mito África. Su protagonista parece que no está atado a ninguna tradición salvo la de seguir viviendo, que no es poca. He leído en algún sitio que usted retrata una visión muy negativa de los inmigrantes en Europa y que con ello no contribuye al supuesto proceso de integración. ¿Qué opina de ello?

Hay que recordar que ¡Puta vida! es una novela, que su héroe narrativo no es idéntico al autor que soy yo. Así que la pintura que resalta de este libro no es la propia del inmigrante, sino la de un país que no tiene métodos eficaces de integración de sus inmigrantes. El narrador ha estudiado, no es un pillo sin educación, pero esto no cambia en nada su suerte; el hecho de ser negro hace que su integración económica sea difícil. Lo que él dice sobre su padre, con ironía, es también una denuncia de la suerte que está reservada a muchos inmigrantes de esa misma categoría. Después de haber dedicado su vida a realizar pequeños trabajos, ellos ya no tienen más, ya no son más; el sueño de algunos es morir o ser enterrados en su tierra. Hay en el libro una crítica a la sociedad francesa, una crítica a todos los racismos, incluso a ciertos movimientos antirracistas. Por tanto, aquellos que han visto ahí una pintura negativa de los inmigrantes, si no ven sino esto, han hecho una mala lectura de ¡Puta vida!

Sin embargo, la lectura de ¡Puta vida! sabe en ocasiones a un ajuste de cuentas, ¿fue esa su intención? Y si fue así, ¿por qué?

- Mi primera intención al escribirla fue mirar ciertos problemas sobre los que afirma que los emigrantes son la causa o que los sufren más que el resto de la población. Pero entre la primera intención y el resultado final muchas cosas han evolucionado. El libro habla finalmente de los inmigrantes, de Francia, pero sobre todo de la dificultad de ciertas personas, jóvenes y no tan jóvenes, de encontrar su lugar en el seno de una sociedad en apariencia abierta a todos. ¡Puta vida! se presta a varias lecturas. Mi intención cuenta poco, lo que cuenta es cómo los lectores, con su propia sensibilidad, dan sentido diferente a este texto.

En su producción literaria explora lugares oscuros pero reales. La prostitución y el sexo son casi elementos obsesivos en ¡Puta vida!, ¿por qué esta atracción por estos ambientes?

Me atraen las sombras porque explorándolas creo que comprendo mejor las complejidades de los sentimientos humanos. Y en el corazón de estas sombras, el sexo me parece que es un elemento a partir del cual muchas cosas se pueden observar. El sexo es un buen camino hacia el alma humana, hacia la felicidad y la tristeza de la condición humana. Sin embargo, el sexo no es más que un camino, no es el tema principal de mis novelas.

¿Cuánto hay de verdad y de ficción en sus novelas?

Es difícil separar la ficción de la verdad, porque desde un cierto punto de vista la verdad es una ficción y la ficción es la verdad. Como todo escritor, mi imaginario se alimenta de mis observaciones, de mis lecturas, de mis experiencias personales, de experiencias de las que fui informado o de las que pude ser testigo. Lo que yo propongo como novela es finalmente una construcción en la que cada elemento remite a muchas cosas que se han podido producir realmente, pero no dentro del orden ni del estilo que yo les he dado. Mi propia sensibilidad, de observar, de interpretar, de poner en escena, mi propia forma de poner la mirada sobre la realidad hace que mis libros se conviertan en mis construcciones. Ellos permiten, en una pequeña escala, comprender la realidad, son portadores de toda una pequeña verdad, pero la verdad del mundo es infinitamente más profunda, más vasta, más compleja que mis libros, no importa a qué libro me refiera.

¿Dónde se siente más cómodo como escritor, con el ensayo o la novela?

Con la novela o el ensayo, cuando escribo, afronto mis propios límites, que intento hacer retroceder, pero después de diez años ya no escribo sino novelas. Diría, entonces, que me siento más a gusto en la ficción: me ofrece más libertad, me procura más placer personal.

¿Por qué escribe Sami Tchak?, ¿qué intenta transmitir al lector con sus libros?

Escribo al principio como una necesidad personal, porque escribir se convierte en una parte importante de mi vida. Pero escribo también para intentar relacionarme con otros hombres y mujeres, con otros imaginarios, con otras angustias, con otros miedos, con otras dudas. Escribo en la soledad para salir de la soledad, porque cada libro es para mí como una mano tendida. No se sabe quién tomará esa mano, pero permanece tendida hacia todos los posibles. Escribo para estar en el mundo con los otros.

En ¡Puta vida! los personajes más positivos y prácticos son las mujeres. ¿Cree que la mujer inmigrante se ha liberado de alguna manera viviendo en Europa?

Para todos los inmigrantes africanos, por ejemplo, vivir en Europa es una experiencia que modifica su forma de ver el mundo. Se habitúan a otras formas de libertad y de coacciones. Pero entre los miles de inmigrantes son las mujeres quienes parecen adquirir más márgenes de libertad, todavía imposibles de alcanzar en sus sociedades de origen. Este es mi sentimiento personal. Es posible que me equivoque ya que las experiencias que propongo en ¡Puta vida! no son más que el intento por reflejar la realidad porque se trata de una novela que posee una construcción que tampoco es enteramente imaginaria.

Usted ha pasado largas estancias en varios países de Latinoamérica. ¿Qué experiencias sacó de ellos?

Habría querido pasar todavía más tiempo en los países de América Latina, habría querido vivir en cada uno de ellos, pero por el momento mantengo mis contactos solo con algunos. La imagen que tengo de Latinoamérica es que se trata de un territorio de grandes literaturas que me permite comprender mejor algunos aspectos de los países africanos. Más allá de las culturas muy ricas, de las economías dinámicas, de las formas de violencia de las que tanto se habla, América Latina es para mí un continente literario del que habría querido formar parte. Me encanta, me inspira y me acompleja.

En este sentido, ¿cree que la literatura Latinoamérica ha influenciado de alguna manera en los narradores africanos?

No hay ninguna duda de que las literaturas latinoamericanas han tenido una gran influencia sobre ciertos escritores africanos. Puedo hablar precisamente de Sony Labou Tansi, el escritor congolés cuya última novela es un guiño a una novela de García Márquez. Los escritores latinoamericanos, algunos de ellos, tienen universos barrocos que permiten decir cualquier locura al mostrar unas sociedades cuyas características son más o menos similares a las de muchos países del África negra. Así que de repente, leyéndolos, ciertos escritores africanos han encontrado el mejor modo de construir sus propios universos. Y en este aspecto, el mejor ejemplo es Sony Labou Tansi del Congo.

¿Qué influencias literarias reconoce en su obra? A mi juicio, en ¡Puta vida! se aprecia el estilo directo y sin concesiones del Céline de Viaje al fin de la noche.

Como todo escritor, leo y aprendo mucho de mis lecturas, de los libros de otros autores. Pero mis influencias conscientes son difíciles de identificar. Diría, por supuesto, que Céline ha sido un gran descubrimiento para mí, también es el caso de Reinaldo Arenas, JM Coetzee, Garcia Márquez y Yukio Mishima, entre otros.

 En ¡Puta vida! se aprecia una violenta y sarcástica necesidad por desmitificar África. ¿Qué es África para usted?, ¿y Europa?

Yo no soy mi personaje, yo no comparto todas sus posiciones ni sobre África ni sobre Europa. Para mí, el continente africano es bastante complejo y vasto. Un lugar donde todavía todo es posible porque muchas cosas no se han realizado. África es un continente que tiene tales retrasos en tantos campos que se puede soñar en verlo transformado un día en un lugar donde se produzcan las experiencias más nuevas y ricas. En cuanto a Europa, que ha conquistado el mundo entero cultural y económicamente, que se ha apropiado del continente americano, de Oceanía, solo puedo decir que ha envejecido y que pronto cederá el testigo, por no decir que ya lo ha cedido, mientras vive con mucha elegancia su declive.

¿Qué le parece la mirada que tienen los europeos sobre África y los africanos?

- Toda mirada que se tiene de los otros, que se tome como un todo, es siempre el resultado de ideas preconcebidas, de prejuicios. Pero los prejuicios comportan también unas verdades, al menos parciales. Pienso que el verdadero problema reside en el hecho histórico: Europa ha vencido a África, al principio por la trata de negros y la esclavitud, después por la colonización. La mirada que ciertos europeos tienen sobre África y sobre los africanos está formada por los mismos elementos de la historia. Entre estos dos continentes, hay una historia con un vencedor y un vencido.

-Usted es autor de un ensayo sobre La prostitución en Cuba. ¿Cuál es su mirada sobre la misma? ¿Es otro tipo de comercio sexual el que se practica en Cuba? En algún lado leo que usted distingue entre dos categorías de jineteras…

En el momento en el que hice mis averiguaciones en Cuba, la prostitución tomaba sobre todo la forma de aventuras vacacionales entre las cubanas y los turistas, era una forma de prostitución que se adaptaba al contexto político, porque la prostitución estaba oficialmente prohibida. Pero era, y permanece, como una forma de prostitución extendida por el mundo y que no es otra que la que pone en relación a los hombres y a las mujeres de los países pobres con los turistas pobres o ricos que llegan de países ricos. Lo que se observa en Cuba se observa también en los países africanos, en los países de Europa del este (en los países de Europa occidental también) en los países de América latina, en los países asiáticos. Es un fenómeno mundial, que se banaliza con las crisis económicas. Los cuerpos de las mujeres, sobre todo, pero también de los hombres, se convierten en una banal moneda de cambio, en un medio de subsistencia como cualquier otro. Ya no es ni siquiera necesario distinguir tipos de prostitución porque todos se mezclan en todas partes: las prostitutas y los clientes se adaptan a los contextos. Se vuelve a lo mismo: el dinero y el sueño de una vida mejor favorece el comercio de los cuerpos, el comercio del sexo.

¿Qué opinión le merece el multiculturalismo?

Se habla cada vez más de multiculturalismo. No sé exactamente lo que quiere decir; lo que sé en cambio es que cada vez más unas culturas se marginan en beneficio de una cultura de masas que vence en todas las esquinas del mundo. Una cultura de masas producida a partir de América, de los Estados Unidos, sobre todo, y marginalmente de Europa. Las sociedades dominantes imponen su cultura y todo el mundo la consume con placer. Las culturas dominadas se marginan más o simplemente mueren. El multiculturalismo no tiene para mí ningún contenido, ni quiere decir nada nuevo. Hay culturas consideradas como válidas, otras con problemas o que sobreviven. Las primeras no enriquecen a las segundas, las dominantes destruyen a las otras, eso es todo.

Y la alianza de civilizaciones.

Diría lo mismo que del culturalismo. No tiene sentido en un mundo en plena uniformización.

Nos gustaría que, brevemente, nos hablará de novelas como Femme infidèle; Hermina, La fête des masques; Le paradis des chiots; Hijas de México y Al Capone le malien.

-Contestaré diciendo las ideas principales: Femme infidèle denuncia la poligamia entre los musulmanes pobres de Lomé (Togo), Place des Fêtes aborda la cuestión de los inmigrantes africanos y del racismo en Francia; Hermina pone en escena a un escritor enfrentado a sus dudas; La fête des masques habla de un hombre que, a partir de unos problemas relacionados con su identidad sexual, nos arrastra a los bastidores del poder corrupto de un país sin nombre; Le paradis des chiots da voz a unos niños de las calles de un barrio bastante pobre y violento de Bogotá; Filles de Mexico aborda entre otros temas la cuestión de los negros en Méjico y en Colombia; Al Capone le Malien nos permite seguir a un reportero francés en Guinea y en Mali, países a partir de los cuales nos introduce en las luces y en las sombras del continente africano. Diría bastante esquemáticamente que Al Capone le Malien propone un viaje al corazón del África negra, desde la gloriosa historia del imperio de Mali hasta los grandes estafadores actuales entre los que está el célebre camerunés Donatien Koagne. Por supuesto, es una novela.

¿Qué escritores considera de cabecera y que narradores africanos recomendaría leer?

Aconsejaría a Cheikh Hamidou Kane de Senegal con su novela L’aventure ambiguë; al camerunés Mongo Béti con su novela Perpétue; al argelino Kateb Yacine con su novela Nedjma; al nigeriano Chinua Achebe con su novela Le monde s’effondre; al costamarfileño Ahmadou Kourouma, muy conocido, con su novela Les soleils des Indépendances, al congoleño Sony Labou Tansi con su novela La vie et Demi; a la senegalesa Mariama Ba con su novela Une si longue lettre… Podría citar a otros, ah, el maliense Yambo Ouologuem con su novela Le devoir de violence.

 

NOTA: Entrevista publicada en el suplemento cultural El Perseguidor de Diario de Avisos (20-VIII-2011)


Comentarios - 1

1Fran23/09/2011 12:17h.
Con pocas novelas me he reído tanto como con ¡Puta vida! Sarcástica e irónica al 100%. A ver qué nos cuenta esta tarde el amigo Sami.

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