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Cultura

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El mundo 'bosco' de Sony Labou Tansi

JUAN MONTERO

Coordinador del Área de África Centro Unesco Gran Canaria07/11/2010

“No busquemos más, lo hemos encontrado:
el hombre ha sido creado para inventar el infierno”.

(Sony Labou Tansi: “La vie et demie”)
 

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En un principio, sacudido desde el extremo de la uña más larga del pie distante hasta la punta del cabello más erizado de la coronilla por la prosa irrepetible de este poeta iconoclasta, pensé en titular este artículo “¿LSD o SLT?”, pues la obra literaria de Sony Labou Tansi posee una envergadura lisérgica. Después, convencido de que era tarea imposible, al menos para mí, transmitir por medio de las palabras las sensaciones que habrían despertado en mí este título, decidí el actual sabiendo la importancia que el mundo tenía para el autor congoleño, fallecido de SIDA a apenas dos semanas de cumplir los 48 años, en Brazzaville, el 15 de junio de 1995 y pareciéndome su obra, sus piezas retablos, muy próxima al trabajo del maestro Bosco, más concretamente al “Jardín de las delicias”, del que sólo las características intrínsecas a cada arte, diacrónica la escritura, sincrónica la pintura, parecen distanciarla. Allí donde el Bosco plasma las escenas en la superficie limitada del cuadro y nos ofrece de golpe a la mirada su mundo onírico y devastador, Sony Labou Tansi hace lo propio con los útiles de la lengua en una sucesión compleja y dinámica de escenas por las que transita toda África y, con ella, todo lo humano.

Aupado en solitario en la cima de la llamada generación de los 80 de escritores congoleños del pasado siglo, entre los que también se cuentan escritores de pulso como Boyla Baenge (“Cannibale”) o Emongo Lomomba (“L’instant d’un soupir”), SLT recibe como éstos una importante influencia de la literatura latinoamericana, llegando a aparecer en sus textos palabras y nombres escritos directamente en español. Sin embargo, allí donde en la obra, por poner un ejemplo, de Gabriel García Márquez, los momentos extremos son puntuales, la magia y la hipérbole transcurren en los relatos de SLT con total naturalidad, las escenas aparentemente descoyuntadas se van sucediendo una tras otra, cargadas de horror, hilaridad, ternura y, sobre todo, inteligencia, una inteligencia profundamente crítica que va pasando un hilván lógico a través de todas ellas logrando, tal y como hace el Bosco con su pieza citada, devolvernos una construcción completa, lograda, coherente, una ristra de imágenes que nos hace convivir en los límites de lo humano.

Desde el punto de vista del uso del lenguaje para expresar la realidad, del manejo de las palabras para construir mundos, de la artesanía del texto, SLT es sin ninguna duda el mejor escritor africano que he leído nunca. De una invención verbal explosiva, un verbo que bebe directamente de la lengua del pueblo donde lo poético se reconcilia con lo político, los límites de su escritura son, estrictamente, aquellos que impone el material con el que trabaja el escritor, sólo se respeta lo inevitable, a partir de ahí se rompen todas las costuras para que, de esta forma, el francés sirva para confeccionar el traje que el escritor quiere a su medida. Máximo pues de libertad para un lenguaje que une, en perfecta sintonía, el genio poético del escritor con la lengua necesariamente comprometida y creativa de su pueblo, de ese lugar donde la lengua se renueva incesante, subversiva y crítica porque, como dice el autor: “… Estamos en el país de la lucha, hay que atreverse a vencer, hay que atreverse a caminar, o morir…” (1). De hecho, en una entrevista concedida a la revista Diagonales el año 1989, SLT afirmaba:

«La realidad es que en África negra las lenguas en el poder tienen miedo de las lenguas fuera del poder, es decir aquellas de la mayoría amordazada […] La lengua da miedo cuando es hablada por la gente a quién la palabra ha sido negada» (2).

Poco antes, en 1988, en su libro “Les yeux du volcan” (Los ojos del volcán), el escritor había dicho:

“… Cuando el pueblo habla, la palabra toma su exacta medida. Enloquece y devasta todo. La Historia pierde su razón de ser. Quienes escriben novelas deberían saber que nunca se es novelista si no es por boca del pueblo. Ella inventa hasta en lo más recóndito de la palabra, bajo el mínimo guiño de la palabra. La novela de la calle será invencible desde cualquier punto de vista…” (3) .

Cuando, unos años antes, en 1965, el poeta francés Raymond Queneau declaraba: «Yo no profeso ningún respeto ni consideración especial por lo popular, el devenir, la “vida”… Pero precisamente como no veo nada realmente sagrado en nuestro francés contemporáneo, tampoco veo ninguna razón para no elevar el lenguaje popular a la dignidad de lenguaje escrito y fuente de una nueva literatura, de una nueva poesía. Y la reforma de la ortografía, o mejor aún la adopción de una ortografía fonética se impone porque pondrá de manifiesto lo esencial: la preeminencia de lo oral sobre lo escrito» (4), parecía anticipar la obra de escritores como SLT y sus compañeros de la citada generación de autores congoleños de los años 80.

Pero esa lengua del pueblo que conmociona el cuerpo sensible del poeta, da al escritor las armas que necesita para conspirar y subvertir los centros del poder. El francés es recolonizado por el escritor que lo habita desde otra cultura y otra lengua, lo explosiona y lo retuerce hasta volverlo irreconocible como lengua del colono. De hecho, el propio escritor, refiriéndose a esas armas que recoge del palpitar de la lengua de su pueblo, de su propia lengua, nos dice:

“…Somos el único pueblo del mundo en haber logrado un sobreseimiento frente a la dictadura del verbo. ¡Qué diablos!. Somos más astutos que las palabras...” (5).

Se trata en definitiva de poder expresarse como africano en una lengua que no es la suya y que incluso no se encuentra entre las originales del continente. En pocas palabras: apropiarse de una lengua impuesta. Y para conseguirlo, según otro autor congoleño, Tchillelé Tchivelle: «Un escritor extranjero, africano en este caso, deberá reventar los géneros, la gramática, la sintaxis e incluso el sentido de las palabras para expresar lo que yo llamaría “la experiencia original de África”, es decir una manera auténtica de vivir de los africanos» (6).

Así, en el preámbulo de su primera obra publicada, que no escrita, “La vie et demie” (La vida y media), SLT nos dice:

“… Yo que os hablo de la absurdidad del absurdo, que inauguro la absurdidad de la desesperación, ¿desde dónde queréis que os hable sino desde fuera?. En una época en la que el hombre está más decidido que nunca a matar la vida, como queréis que hable sino con contraseñas de carne?... (7).

Desde fuera… porque el escritor, para poder plasmar las entrañas del mundo que le rodea, poner grafías al pálpito, vomitar compulsivamente su esencia, necesita salir de todo lo adquirido, posicionarse fuera de la lengua impuesta para desde allí reinventarse reinventándola. Por todo ello, la obra de SLT se vuelve una crítica implacable de los entramados del poder. De la complicidad entre los déspotas idiaminescos y sus creadores: la potencia extranjera que suministra los guías. El rey bufón, la crueldad desmedida y sin límites y frente a ella, siempre, el pueblo como la eterna víctima de tanta extravagancia. Una represión absurda e indiscriminada que responde única y exclusivamente a los caprichos del líder, del autócrata:

… tantos hombres y mujeres cuya vida sólo servía para matar la vida, y que tenían hambre, tenían sed, a quienes se mataba por un sí o por un no, el auténtico pueblo, la auténtica nación, los hombres-tierra, los hombres pedacitos de madera, esos guijarros de carne, esas piedras humanas...” (8).

… El tiempo transcurría en Yourma (capital de la Katamalanasie), siempre de la misma forma, siempre un tiempo de plomo, un tiempo de gritos, un tiempo de miedo. Por un sí o por un no, los miembros de las Fuerzas Especiales, los FS como se les llamaba, te hacían comer tus papeles, tu camisa, tus sandalias, tus insignias caducadas, o simplemente un uniforme militar con sus hierros y botones. Morías por culpa de tu estómago...” (9).

Con contraseñas de carne… porque SLT escribe con carne y sangre, heces, orina, semen, flujo y bilis, con todo el cuerpo, porque como él mismo resalta, el cuerpo no tiene fondo. Por sus páginas transitan seres y sentencias; seres que se mueven entre la vida y la muerte con absoluta naturalidad, muertos vivientes, aparecidos que se niegan a morir la muerte que, en vida, les fue asignada: “Yo no quiero morir esta muerte” y vuelven para hostigar al líder que les torturó y masacró en mitad de un almuerzo bufonesco, clavándoles primero los cubiertos en la garganta, vaciando después en sus corazones dos cargadores completos, cortando enfurecido sus cuerpos con su sable presidencial mientras, desesperado, continúa escuchando la queja impasible del supliciado negándose a morir de esa muerte, quedando, suspendida en el aire, la parte superior de su cuerpo de donde, eternamente, destila una sangre negra, “tinta de Marcial”, con la que escribir en distintas superficies (cuerpo del autócrata, paredes…etc.), de forma indeleble, la huella de tanta injusticia.

Tráfico de órganos destinados a la medicina de la potencia extranjera que provee los guías, crítica ácida del fracaso de las independencias, desprecio por el hombre blanco de quién en su obra “L’anté-peuple” escribe: “… Los Blancos no tienen otro Dios que el dinero…” (10) y en uno de los diálogos de otra de sus obras, riéndose de su espíritu cartesiano y su prepotencia científica que buscan descubrir el secreto antiguo de las lamentaciones del acantilado, llega a decir:

- El tiempo de los Blancos se ha terminado. Queda el tiempo del hombre …
- No saben que el enigma es la más bella explicación del mundo …
- No, comadre, los Blancos no saben que ellos han venido al mundo mucho más tarde que el mundo
… (11).

Rechazo de un mundo ególatra, atomizado, del narcisismo consumista de una humanidad pagada de sí misma, satisfecha en su ignorancia:

“… Estamos todos en un mundo en el que el ombligo se ha vuelto oro: cada cual encuentra su mierda absolutamente genial…” (12).

La corrupción: “… En estos países pobres a los responsables, por prudencia, hay que tomarles de entrada por ladrones. En cualquier caso ellos han hecho todo para adquirir esta reputación y se esfuerzan en conservarla. Algunos incluso se rebajan hasta la total confusión entre los que les pertenece y lo que pertenece a la nación…” (13).

La burocracia: “… Este mundo nuestro está enloquecido. Sólo los papeles razonan, piensan, respiran. Los hombres, todos los hombres son silenciados. Todos los corazones. Todas las cabezas. Todas las sangres. La única sangre que circula es la de los papeles…” (14).

El incesto: “… Ella escuchaba el olor de su padre en sus entrañas; un olor innombrable, inmundo, fuerte …” (15). El sexo como lubricante de todo lo existente: “…Satisfacer las tropicalidades del líder…”, donde las tropicalidades son los genitales del macho, el centro de poder del macho, su otro cerebro, su obsesión genital.

La importancia de la mujer en su obra, la mujer como el cuerpo que arremete contra el poder. La dictadura sufre las embestidas del cuerpo de la mujer, de lo femenino como elemento aglutinante y subversivo. La estupidez genital del macho frente a la sutil venganza de la mujer. Y la muerte obsesiva, la eterna presencia de los muertos, como en la dedicatoria de su primera obra escrita, “Lanté-peuple”: «A mis muertos –por unas palabras que sean calaveras- y porque morir es soñar otro sueño» o alguna frase escogida en su interior: “… Matarán a todos, como a peces, si no les han matado ya. Nos matarán a todos como a ratas. Y Dios no hará nada. Nada hará nada, Sólo nos queda esperar una cosa, sólo una: «Que la muerte sea un camino», como dicen los ancestros…” (16).

Pero también la esperanza: “... Todos los caminos muertos. Sólo queda la esperanza. Todos los derechos aniquilados, queda el derecho a la esperanza, a las ilusiones tal vez. Y había una palabra principal que agitaba todos los corazones, todos los cerebros, todas las carnes. Esa palabra era «quizás»...” (17). “… Siempre la esperanza, la única cosa que queda en pie aquí...” (18). “… Nuestra causa es justa: porque, si la vida deja de ser sagrada, la materia, toda la materia no será más que una sorda locura…” (19).

Y la guerra permanente, el humor no menos permanente y, claro, el amor:

- Dios, suspira Henri, ¿por qué has hecho a los hombres?. Estaría el río, estarían la arcilla y los peces. Habría entonces silencio y paz. Amor y armonía.
«No habría amor, le susurra una parte de su conciencia» Y Henri repite:
- No habría amor.
Y sería lamentable pues es el amor quien remueve la materia, la anima, la sacude …” (20).
“… Mi amor. ¿Quién sabrá jamás lo que es el cuerpo?. El mío sin embargo lo supongo abierto a todas las locuras del mundo, construido con la única medida de la desmesura. ¡Por Dios!. ¡Mi cuerpo simple que ha querido festejar el tuyo!…” (21).

Desde la primera frase del preámbulo a su primera obra publicada, “La vie et demie”, SLT nos da la clave de su método de trabajo, dice así: «La vie et demie significa escribir aturdido...», significa escribir en trance, de forma irreflexiva, sin saber bien adonde nos lleva la escritura, poseído por ella. Jean-Claude Blachère, crítico literario y amigo de SLT, en su obra “Négritures. Les écrivains d’Afrique noire et la langue française” (Negrituras. Los escritores del África negra y la lengua francesa) nos habla de este método:

«El autor de La vie et demie me decía no haber tenido una visión precisa de lo que quería expresar antes de haberlo escrito: “es a través de la escritura que la estructura se forma”... “Escribo primero, construyo después”...» (22). Y más adelante, refiriéndose a otro de sus libros, añadía:

«Sony Labou Tansi me contó como había nacido la idea de escribir “Le commencement des douleurs” (El origen de los dolores): una frase se impone al espíritu, se vuelve obsesiva, zumba tan fuerte en las orejas que atrae otras palabras, después otras tras las primeras, que terminan por contar una historia. El texto surge bajo el efecto de una presión interior que puede ser de origen onírico. La primera novela de Tansi comenzó, tras el asesinato del presidente Marien Ngouabi, por un sueño en el que una y otra vez volvía la frase: “ellos han tomado la vida y yo he guardado la vida y media”...» (23).

En otro preámbulo, esta vez a su obra “Le sept solitudes de Lorsa Lopez” (Las siete soledades de Lorsa Lopez), SLT nos habla más bien de su misión:

«En este libro exijo otro centro del mundo, otras excusas para nombrar, otras formas de respirar... porque ser poeta hoy es querer con todas sus fuerzas, toda su alma y toda su carne, plantar cara a los fusiles, cara al dinero que también se vuelve un fusil, y sobre todo cara a la verdad recibida sobre la que nosotros, poetas, tenemos permiso para mearnos, que ningún aspecto de la realidad humana sea empujado al silencio de la Historia. Yo he nacido para nombrar la parte de la Historia que no ha comido desde hace cuatro siglos. Mi escritura será antes gritada que simplemente escrita, mi vida misma será antes cuestionada, gritada, removida, que simplemente vivida. Estoy a la búsqueda del hombre, mi hermano de antaño, a la búsqueda del mundo y de las cosas, mis otros hermanos de antaño...» (24).

Resulta muy difícil escribir sobre la obra de un autor como SLT porque en realidad todo lo que uno debería decir es: lea usted a SLT. Si uno trata de compartir lo que este hombre escribe, es complicado sencillamente porque lo escribe todo, él llama a esta operación añadir mundos al mundo, y ante esta proeza literaria, esta maravilla, uno sólo puede copiar las palabras que el propio autor pone en boca de uno de sus personajes fascinado ante el canto de un artista:

“… Gracias hermano por cantar con tanta alma; gracias por poner el dedo sobre la belleza profunda de las cosas; gracias por añadir mundos al mundo y mostrarle así su corazón…” (25).


(1), (10), (13), (14), (16), (17), (18), (19), (20) SONY LABOU TANSI: “L’anté-peuple” (“El antepueblo”) Éditions du Seuil, 1983.

(2) SONY LABOU TANSI: “Locataires de la même maison” (“Inquilinos de la misma casa”) Entrevista con
Michèle Zalessky, Diagonales, nº 9, 1989, p.4.

(3), (5) SONY LABOU TANSI: “Les Yeux du volcan” (“Los Ojos del volcán”) Éditions du Seuil, 1988.

(4) Citado por GEORGES NGAL: “Création et rupture en Littérature Africaine” (“Creación y ruptura en
la literatura africana”) L’Harmattan, 1994.

(6) TCHILLELÉ TCHIVELLA: “Conversations congolaises” (“Conversaciones congoleñas”)
Declaraciones recogidas por Alain Brezault y Gérard Claureuil, L’Harmattan, 1989.

(7), (8), (9), (15) SONY LABOU TANSI: “La vie et demie” (“La vida y media”) Éditions du Seuil, 1979.

(11), (12), (21), (24), (25) SONY LABOU TANSI: “Les sept solitudes de Lorsa Lopez” (“Las siete soledades de
Lorsa López”) Éditions du Seuil, 1985.

(22), (23) JEAN-CLAUDE BLACHÈRE: “NÉGRITURES. Les écrivains d’Afrique noire et la langue française
(“NEGRITURAS. Los escritores del África negra y la lengua francesa”) L’Harmattan, 1993.


Comentarios - 4

4Marìa del Carmen Platero29/11/2011 15:45h.
soy actrìz dramaturga afroar- gentina con obras estrenadas, repuestas,que giran invaria blemente en torno a nuestra visibilidad,entantoproblemàtica de los descendientes de esclavos que no acabamos de completar nuestra fraccionada identidad.Puedo decir con conocimiento de causa que el artìculo es excelente.Hacer una primera lectura de las palabras de Sony Labou Tansi me regalò la certeza de ser una autèntica "guardadora" de la memoria de mis ancestros. Siento verdadera pena de no haberlo conocido ni saber de sus obras a pesar de buscar referentes africanos para mis creacinoes.Conozco la historia de la diàspora africana en la- atinoamerica por Okòn Edet Uya Deber de violecia(Jambo Ouolo guem),estudios antropològicos o històricos de compatriotas. Para quienes nos interesala te màtica,contamos con ejemplares puntuales de la revista Correo de UNESCO. Me interesarìa saber comoadqui rir material traducido al español de las obras de tan sensible escritor
3Antonio Lozano16/11/2010 23:28h.
Magnífico artículo sobre un magnífico escritor, Juan. He leído recientemente El antipueblo, una novela que fascinó a muchos de los lectores del club de lectura de Casa África. Ahora voy a por las demás...
2Juan Montero Gómez08/11/2010 11:55h.
Jacobo, lo mismo me pasa a mí con los tuyos. Tú me descubres el lado anglófono ¿o anglográfo? de una muy buena creación afroamericana. Gracias y un saludo.
1Jacobo Valcárcel07/11/2010 16:01h.
Gracias Juan. Reconozco que siempre aprendo algo nuevo con tus artículos.

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