Guinguinbali
Julio 8, 2011

Fronteras trampa

Permiso de Residencia (España)

Image by Andres Rueda via Flickr

En África, las embajadas occidentales son pequeñas fortalezas, es decir, cumplen a la perfección su trabajo: representar a su país. No son pocos los ciudadanos que acuden a ellas pidiendo visas para un sueño, como decía la canción. Si fuésemos como el hombre de negocios del cuarto planeta de El Principito, estaríamos también tan ocupados contando que no seríamos capaz de ver más allá. Las hileras de mujeres y hombres son dramas infinitos que no hacen más que ayudar a elevar los muros de las fronteras.

Tengo un amigo del Sáhara Occidental con pasaporte argelino. Él también cuenta con su correspondiente documentación saharaui, pero es papel mojado si adonde pretende viajar es a Europa. Al principio de la siguiente historia él todavía albergaba la esperanza de que el argelino no fuese también tan inútil como un periódico de ayer. Como es deducible, se equivocaba. 

Hará algo más de un año, decidió irse a estudiar un máster a España. Él vive como refugiado en Tinduf. Podría haber intentado solicitar una beca Erasmus y elegir entre una gran variedad de países donde continuar su formación, como hacen cientos de miles de estudiantes cada curso, pero me da a mí que le habría faltado algún que otro requisito. Pese a ello, la Universidad Politécnica de Madrid le admitió: ¡enhorabuena, ven a mí! ¡Te aceptamos! Sólo y solo tienes que seguir las instrucciones de matrícula. 

Cuando alguien pretende estudiar en una ciudad extranjera, por si a alguno se nos había pasado por alto, hay un requisito impepinable. El país al que se entra te debe aceptar y así permitir traspasar las fronteras de su fortaleza. Dado que las embajadas se alimentan de las hileras de personas, los Estados deben garantizar que no pasan hambre. Mi amigo sirvió de desayuno, comida, merienda y cena.

El momento clave de todo solicitud de visado es cuando se ha de plantar uno frente al funcionario de turno para que le espeten que falta un documento imprescindible. Se suele tratar de algún requisito más o menos difícil de conseguir, pero vital para asegurar la posible futura 'legalidad' del solicitante. Desde que el mundo se dividió en países (y no nos engañemos: esto no siempre fue así, ni es la única manera en la que las personas pueden organizarse social y políticamente), cruzar las fronteras conlleva este tipo de trámites, discutibles, pero aceptados como inevitables. Ahora bien, debemos plantarnos ante las franteras trampa sin más demora.

Considero que estas existen en el momento en el que, por ejemplo, la concesión de un visado de estudios está condicionada al pago de una matrícula, matrícula de unos estudios que no se podrán cursar si no se consigue el visado. Sí, se trata de un círculo vicioso o de un callejón sin salida del que mi amigo intento salir pagando más de 800 euros de matrícula. He de matizar que la República Árabe Saharui le paga por su trabajo como ingeniero el equivalente a unos 60 euros al mes.

Parecía tener todos los requisitos, pero le falló el más importante: ¡el dinero! ¿A quién se le ocurre viajar sin tener mucho más dinero? La Unión Europea no se puede permitir el lujo de dejar llegar al sistema democrático más perfeccionado del mundo si se tiene la esperanza de poder encontrar un trabajo con el que poder seguir estudiando. ¿Qué se habrán creido los africanos? ¿Europeos?

Después de llevar todo el actual curso académico luchando para que se le devuelva su dinero, se va a quedar sin él. La universidad dijo en un principio que debía presentar personalmente un escrito (imposible: no le dejan entrar al país) en el que apareciera su número de cuenta bancaria (imposible: en los campamentos de refugiados no hay bancos), para ahora decir que ya está fuera del plazo de reclamación y que si se le reintegraran sus más de 800 euros sería como un favor "humanitario". Cuando tuvo que pagar la matrícula nadie le exigió ir en persona ni le preguntó si tenía cuenta en algún banco. 

Que nadie tema porque las fronteras siguen cumpliendo su función. 

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Noviembre 24, 2010

La descolonización pacífica

Manifestación por la autodeterminación del pue...

Image by ::carlos:capote:: via Flickr

Desde que el pasado 8 de noviembre las autoridades marroquíes desmantelaran a la fuerza el campamento de protesta Gadaym Izik, la opinión pública española no ha dejado de pedir justicia para el pueblo saharaui. Varias son las razones que llevan a los ciudadanos españoles a solidarizarse con los saharuis, desde un cierto sentido histórico de culpa, por haber sido colonia de España hasta 1975 y haberla dejado sumida en una invasión marroquí y, no olvidemos, mauritana; hasta por el gran número de niños y niñas saharauis que cada verano llegan a España, que son el reflejo más palpable de la injusticia de ser unos desterrados, y que han conseguido sensibilizar a una gran parte de la población del otro lado del mediterráneo.

 

A pesar de este compromiso hacia la "causa" saharaui, el resto de la opinión pública occidental ignora el drama del Sáhara Occidental. Ni si quiera en Francia --país que sistemáticamente bloquea la posibilidad de que la MINURSO tenga un mandato de vigilancia y protección de los derechos humanos en los territorios ocupados por Marruecos-- la ciudadanía francesa, tan activista y movilizadora para otros aspectos, levanta la voz.

 

Al antíguo Sáhara Español solo le queda España, ya no puede contar ni con Libia ni con Argelia, y esta situación no es para nada alentadora. No lo es porque el Gobierno presidido por Zapatero se encuentra entra la espada y la pared y sabe que la única manera que tiene para evitar ser atravesado desde el pecho hasta la espalda es quedarse lo más quieto posible. Pese a ello, intenta disimularlo, haciendo gala de diplomacia, de reuniones herméticas en las que parece tenerlo todo bien controlado. Cierto es que en ocasiones le ha dado frutos --considérese como ejemplo de relativo éxito la liberación de disidentes cubanos-- pero en el caso que nos atañe opta por esta vía porque se sabe incapaz --quizás por precaución, pero también por falta de autoridad internacional-- de dar un paso al frente y hacer lo que los españoles, con sus contínuas protestas y manifestaciones públicas, están pidiendo que realice: parar los píes al reino alauí y mostrar su más absoluto apoyo a los saharáuis a quienes hace 35 años se abandonó.

 

El Gobierno español clama a la calma y avisa de los peligros que conllevaría esa postura: terrorismo islamista, flujos migratorios hacia Europa descontrolados, intensificación de las reivindicaciones de la marroquinidad de Ceuta y Melilla, cese la explotación pesquera en las costas saharauis, etc. Esta retórica, y España lo sabe, no es más que un vil chantaje por parte de Mohamed VI; pero no supone una nueva extorsión, sino que vuelven a ser las mismas amenazas repetidas por el Gobierno marroquí cada vez que sus vecinos del norte hacen algo que no resulta "adecuado". Sin embargo, la población española, con sus contínuos actos de protesta, grita que las conoce y las asume, sabiendo que los "intereses de Estado" no deben justificar la renuncia a cumplir con sus responsabilidades históricas, que persiguen a España de generación en generación y que no desaparecerán hasta que no tome cartas en el asunto.

 

Colonialismo de nuevo siglo

 

Mucho se ha hablado y escrito estas semanas de la situación que llevan sufriendo décadas las familias saharauis, sin embargo, yo no he llegado a oir con claridad una idea que me parece básica: el Sáhara Occidental no reclama un referendum para conseguir su autodeterminación, sino para, estando ya en el siglo XXI, lograr su descolonización.

 

África fue invadida y saqueada desde que los primeros marineros portugueses se adentraron en el continente en el siglo XV para "reponer fuerzas" en su camino a Asia. Siglos después, tras haber sufrido el despotismo europeo, los africanos se libraron de la lacra occidental a lo largo del siglo XX; todos menos los saharauis, quienes únicamente cambiaron de potencia colonizadora.

 

El Sáhara Occidental representa en la actualidad el más extenso territorio no autónomo en todo el mundo y permanece, al menos de iure, bajo control de las Naciones Unidas, a pesar de que a casi ninguna de esas naciones parezca importarle lo más mínimo.

 

Suenan tambores de guerra entre los jóvenes saharauis, pero ni ellos mismos confían en que una guerra contra Marruecos, del todo imposible de ganar, vaya a ser la solución. Su lucha pacífica, simbolizada por Aminatu Haidar, deberá seguir, pero nunca más deberá caminar sola.

 

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Octubre 10, 2010

El triple 10

La sombra de la muerte

Image by pablodf via Flickr

 

Hoy, 10/10/10, es el Día Mundial contra la Pena de Muerte. El triple 10, una fecha tan redonda, podría haber sido perfecta para festejar el fin de la aplicación en el mundo de esta condena, sin embargo, como todas y todos sabemos, no es así. Esta práctica supone una vergüenza para la humanidad que todavía sigue vigente en países en vías de desarrollo como Nigeria, Sudán, China, Japón o Estados Unidos, el único ejecutor en todo el continente americano.


Visto esto, me niego a valorar el desarrollo en términos exclusivamente económicos, más aún cuando estamos hablando de la que quizás sea la mayor violación de derechos humanos que pueda haber, la que atenta de forma directa contra la vida. A las grandes potencias del Norte se les suele llenar la boca cuando se ponen a dar lecciones de "civilización", de "dignidad humana" a los países del Sur, pero en días como hoy debemos recordar que hay todavía demasiados argumentos por los que avergonzarse, por los que se debería callar y reflexionar antes de dar lecciones.


Muy tristes son los casos de lapidación en Irán o Afganistán, pero no lo son menos las inyecciones letales de Estados Unidos o las condenas a la horca de Japón. En un mundo en el que siempre se plantean las diferencias culturales como algo que distancia, resulta tristemente irónico que estos países encuentren tal punto de conexión.


¿Imaginan a Barack Obama, Mahmud Ahmadineyad, Naota Kan y Hu Jintao reunidos y realizando conferencias internacionales por la defensa en sus respectivos países de la aplicación de la pena de muerte? Quizás así pudieran llegar a construir un diálogo compartido, aunque no creo que debieran sentirse muy orgullosos de que ésa sea su afición común.


África tampoco se libra de esta vil "herramienta de justicia". Según el último informe al respecto de Amnistía Internacional, durante 2009 en África fueron ejecutadas personas en Egipto, Libia, Sudán y Botsuana. En el continente negro aún queda un camino largo para erradicar la pena de muerte, ya que junto a esos países hay todavía otros que, aunque no la están aplicando, sí la contemplan en sus códigos penales.


Pese a todo, en 2010 sí se han producido iniciativas positivas, como en Kenia, donde el Tribunal de Apelación dictó el pasado 30 de julio una sentencia en la que se establecía que la imposición de la pena de muerte por asesinato es incompatible con el "espíritu y la letra de la Constitución".


La pena de muerte sigue presente en nuestro mundo, hombres, mujeres, niños y niñas son todavía ejecutados, decenas de personas son condenadas por expresar libremente sus opiniones, por "ejercer brujería" o por ser homosexuales.


Hoy, 10/10/10, hemos vuelto a perder la oportunidad de festejar el vivir en un mundo libre de decapitaciones o electrocuciones llevadas a cabo en nombre de la justicia. Por ello, no debemos bajar la guardia, seguir luchando por el fin de esta práctica ha de ser una prioridad global.

 


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Septiembre 10, 2010

A punto de partir

Yo quise hablar, pero no me dejaron. Les quería haber contado que no sabía cómo había llegado hasta allí, que sólo hice lo que me dijeron que sería lo mejor. Pasé mucha sed, y también mucho frío. Sólo lloré cuando finalmente me quedé solo, pero antes me había orinado encima, si ahora vale como testimonio. Cuando llegó la televisión, no sé por qué, pero sentí alivio. Los periodistas querrían escucharme, yo estaba dispuesto a hablar, antes no había podido, pero ahora tenía la oportunidad de explicarles mis motivos y de decirles que a pesar de que su policía me tenía retenido, yo no era ningún delincuente. Pocas horas antes, había muerto una persona a mi lado, pero yo no tuve nada que ver, al menos no directamente. En el momento que tuvimos que deshacernos de su cuerpo fue cuando más frío tuve. El camino fue muy desconcertante, turbio y doloroso. Quería hablar con mis compañeros, pero no me atreví, lo único que podía hacer era dejarme llevar. Cuando por fin nos detuvo la policía pensé que era lo mejor que nos podía haber pasado. Yo no había hecho nada malo, estaba seguro, y lo único que tendría que hacer ahora era narrar lo sucedido. Pero nadie me preguntó. Yo estaba tiritando, me sentía aturdido, aunque tranquilo. Me hablaron sin preguntar y no les entendí. Me hicieron esperar junto a mis compañeros, todos callábamos. Yo estaba vestido y arropado, pero me sentía desnudo. Aún tenía la entrepierna húmeda, creo que la periodista se dio cuenta. Me miró después a los ojos, creí que me iba a decir algo, yo me hubiese justificado. Me sonrió de manera tímida, yo me sentí avergonzado, aunque aún no sé muy bien por qué. Ella se retiró cerca de donde estaban el resto de los periodistas, y con el mar de fondo empezó a hablar a cámara. Sentí envidia de poder hablar. Yo sabía que ella estaba contando nuestra historia para que todos los espectadores de su cadena supieran lo que había pasado. Pensé en qué estaría diciendo y me pregunté cómo sabría lo que había pasado en nuestra barca si no se le había preguntado a nadie. Quise también poder hablar sin saber, pero me conformé con callar sabiendo. Han pasado tres años ya, y hoy, justo antes de volver a partir hacia Europa, me acuerdo de ella y de la pregunta que nunca me hizo. Creo que la perdoné.

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Julio 3, 2010

Cuando verdaderamente se necesitan vacaciones

El pequeño Mohamed Salem estaba preparado para dejar una vez más los campamentos de refugiados de Tinduf durante los meses de julio y agosto. En el verano de 2010 se cumplirían cinco años desde la primera vez que viajó a España para convivir durante ese periodo con una familia.


"Toma, no se te olvide llevar este cuadro hecho de arena a tu nueva familia, ni tampoco el juego de té", le recordaba Aza, su madre, poco antes de salir hacia el lugar desde donde partiría el autobús rumbo al aeropuerto. "Y recuerda: no te pongas nervioso, responde a las preguntas con total normalidad y si alguien duda de que el que aparece en tu documentación eres tú, explícale con la cabeza bien alta que la foto es del año pasado y que durante ese tiempo has crecido y has adelgazado un poco".


Los niños y las niñas saharauis que llegan a Europa dentro del programa 'Vacaciones en Paz' deben pasar un gran número de controles hasta alcanzar su destino. En cada wilaya, las mujeres responsables de los pequeños comprobarán uno a uno que cada niño y niña es quién figura en su identificación. No hay familias de acogida suficientes para que todos viajen, lo que conlleva que en ocasiones la picaresca se intente facturar con el equipaje.


"Y sobre todo: acabas de cumplir 12 años".


Aza necesita que su hijo monte en el avión hacia España. Mohamed Salem es el menor de tres hermanos y tres hermanas. Con él se agotan las ocasiones con las que la familia cuenta para mandar a uno de sus hijos fuera. Si todo sale bien, si consigue viajar y si, una vez en España, se gana el cariño de la familia de acogida, puede que traiga consigo hasta 500 euros. "Mohamed Salem: necesitamos ese dinero, ¿me oyes bien? Por favor, cariño, por favor".


Cuando todos los niños y niñas se reúnen para iniciar su viaje, sus caras no parecen reflejar emoción, tristeza o nervios. El miedo a ser rechazados, aun a sabiendas que toda su documentación es correcta, invade la calurosa atmósfera. Los primerizos, los más pequeños, parecen ser los únicos que están tranquilos. Tras las primeras comprobaciones, todos acaban montando en el autobús, incluido Mohamed Salem. Mientras, Aza continúa inquieta. Espera que los 30.000 dinares que tuvo que pagar para conseguir la tarjeta de identificación de su hijo no supongan una pérdida.


Las horas de espera en el aeropuerto hacen que el sol se ponga. Muchos niños y niñas duermen en el suelo; otros, más inquietos, son castigados por sus monitoras por pelearse. Se acercan las 3 de la madrugada y Mohamed Salem se coloca en la fila. Sin saber muy bien la razón, a su mente le llegan imágenes de su anterior familia de acogida, con la que pasó cuatro años en Burgos. Se pregunta quién será el niño que este año vaya a su anterior casa, a la vez que desea con todas sus fuerzas que Tania y Jesús no quieran al nuevo tanto como lo quisieron a él.


"Levanta más la cabeza", le ordena el policía argelino mientras sujeta con sus dos manos la tarjeta de identificación que Mohamed Salem lleva colgada del cuello. "¿Cómo te llamas?", le pregunta el guardia dejando ver su cansancio entre las palabras. "Ali Mahmoudi, señor", contesta. "¿Seguro que eres...? Salte de la fila y espera allí". Los siguientes minutos serán para Mohamed Salem los más largos de su vida.


[Creo que, para su evasión, aprovechó una migración de pájaros silvestres. El Principito.]


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Junio 13, 2010

La trampa de la tradición

El mantenimiento de la cultura, de las tradiciones y de los valores característicos resulta para una nación sin Estado de mayor importancia incluso que para cualquier país establecido institucionalmente en su plenitud. La modificación de lo que le caracteriza supone el riesgo de perder su identidad, lo que le hace diferente. La mezcla cultural es enriquecedora, pero, ¿un pueblo sin independencia debe temerla? ¿Debe autolimitarse de entrar en contacto con otras realidades?

 

Si nos aventurásemos a identificar diferentes grupos de población entre la sociedad saharaui podríamos describir tres grandes colectividades: en primer lugar, los refugiados que viven en los campamentos de Tinduf. Entre ellos se encuentran los miembros del gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática, así como miles de personas que huyeron de la guerra con Marruecos y Mauritania. La esperanza de todos sigue siendo regresar a sus hogares. Desde la añoranza y la distancia defienden el uso de la melfa, el hassanía como idioma, la ceremonia del té o, incluso, la colonización española en contraposición a la francesa como otro de sus rasgos identitarios.

 

Los saharauis que viven en los territorios ocupados por Marruecos representarían un segundo grupo de la población. Ellos y ellas son allí una minoría, la colonización promovida por el reino alauí ha ocasionado una marginación social de los saharauis y un intento de asimilación con la población marroquí. Los jóvenes están cambiando el hassanía por el dariŷa, los movimientos reivindicativos prosaharuais corren el peligro de perder fuerza, la Intifada iniciada en 2005 no ha sabido mantener su intensidad.

 

El tercer gran grupo poblacional está compuesto por los expatriados residentes en otros lugares del mundo. Son en su mayoría personas formadas académicamente en otros países como Cuba, España, Argelia o Libia, y que decidieron o deciden asentarse en el extranjero, donde puedan ejercer sus profesiones y tener una vida más cómoda que la ofrecida por el destierro en la hamada. Su sentimiento nacionalista saharaui es incuestionable, aunque la conservación de las tradiciones cuando uno se encuentra lejos de su patria siempre es más difícil, y más complicada resulta aún para las nuevas generaciones, nacidas ya en una sociedad ajena a sus raíces.

 

Podríamos detectar un cuarto grupo poblacional, los residentes en los territorios liberados, pero no quiero entrar a categorizarlos en este momento, su realidad merece una reflexión más específica; aunque, de forma global, su situación no dista demasiado de la vivida por los refugiados en Tinduf.

 

Todos diferentes, pero unidos por unos mismos valores, sus valores; unas tradiciones que aún no recuperaron su tierra, pero que sí se conservan en su pueblo. Pero, ¿podrá seguir siendo así? ¿Hasta qué punto una población dividida entre refugiados, ocupados y expatriados puede mantenerse unida en torno a una causa común? ¿Cómo han de compaginar los cambios sociales inherentes al paso del tiempo o al contacto con otras culturas con la defensa de sus tradiciones, cuando en ese equilibrio se juega el que la llama de su causa siga viva?

 

La situación de los saharauis, obviando grandes diferencias, podría compararse a la de los miles de judíos/israelíes que durante años vivieron, y siguen viviendo, fuera de su lugar de origen. Ellos supieron mantener su identidad durante siglos, la religión fue la clave de tal logro; pero, ¿podrán los saharauis mantenerla durante más décadas de las ya transcurridas?


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Junio 7, 2010

En la hamada no hay noches sin estrellas, ni saharauis sin té

La población saharaui vive obsesionada por varios objetivos confluyentes: la celebración de un referéndum de autodeterminación, la expulsión del Gobierno marroquí de los territorios que aún ocupa de forma ilegal en el Sáhara Occidental y el regreso de los refugiados a sus hogares.

 

Resulta muy fácil percibir esas preocupaciones ya que están presentes en su día a día. A diferencia de lo que ocurre en otras sociedades, para este pueblo tratar ciertos temas no es algo casi exclusivo de los políticos o los periodistas, sino que es parte de sus preocupaciones cotidianas, de su "causa", del motivo por el que aún resisten en la extrañamente embaucadora hamada, uno de los lugares más inhóspitos del planeta. Ellos están verdaderamente preocupados y comprometidos, como no tardan en exponerlo a todo aquel que se interese mínimamente por su situación.

 

Cuando conversas con un saharaui mientras tomas té en su casa has de dejar fuera el reloj. Además, debes tener en cuenta dos premisas: charlarás durante horas y no podrás eludir hablar de política. Sus citadas preocupaciones también querrán tomar té, y es muy probable que de igual forma se una al grupo algún que otro merecido reproche a España, a su gobierno de los años setenta, a los del siglo XXI y a los que hubo entremedias.

 

La defensa de su legítima lucha, el maltrato por parte de la comunidad internacional o la singularidad de su cultura conseguirán embaucar al oyente, a la vez que invitarán a reflexionar. Sorprende escuchar el convencimiento y el compromiso de estas personas en torno a su causa, a la ¿famosa? "causa saharaui".

 

Son tres los tés que se han de tomar, pequeños vasos que no deben durar llenos más de un par de minutos, a pesar de que entre uno y otro pueda transcurrir hasta una hora. Estamos hablando de todo un rito, con sus pasos a seguir, y que, como buen ritual, define por sí solo el carácter de un pueblo.

 

El saharaui no tiene prisa. Lleva décadas esperando, se acabará cansando, pero aún parece que no. No debe madrugar para tomar el autobús de las 7.32, ni salir antes de casa para evitar el atasco que se forma siempre en la autopista; así que el té puede pasearse tranquilo de un vaso a otro hasta producir su característica espuma. Es un pueblo que parece contar con todo el tiempo del mundo, con minutos y horas más largas que las del resto de personas.

 

Sin embargo, ¿cuánto tiempo más durará su calma? ¿Cómo se puede consolar a una nación que llora el ninguneo por parte de los responsables de su dolor? Suenan tambores de guerra bajo las impresionantes noches estrelladas, aunque la hora del té, por ahora, parece que nunca acaba.

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Mayo 18, 2010

"Hablad bien de los argelinos"

Argel.JPG

Argel recibe a los forasteros con un improvisado concierto de cláxones. Una barrera móvil compuesta de vehículos de todo tipo forman anárquicamente mientras parecen gritar "fuera, alejaos de aquí, esto no es para vosotros". El camino que va desde el aeropuerto internacional hasta el centro de la ciudad rebosa fuerza, la capital de Argelia late porque está llena de vida. 

 

El Mediterráneo la disfraza de azul y blanco, haciéndola parecida a otras muchas, pero no es más que parte de su juego, de su coqueteo con quien la ve por primera vez. El bullicio callejero junto a sus colores, sonidos y sabores consiguen estimular la imaginación de una manera embriagadora y hacen pensar que cualquier situación peculiar puede presentarse por sorpresa a la vuelta de alguna recta.

 

"En España creen que los argelinos somos muy malos", nos dice Ramdan tras haber pasado treinta minutos desde que nos conociéramos por casualidad cerca de la Oficina Principal de Correos. Las ganas de este joven argelino, enamorado de todas las mujeres de Latinoamérica, por practicar español con nosotros nos condujo hacia la Kasbah casi sin darnos cuenta. "¿De verdad queréis ir a allí? Yo os llevo, ¡es mi barrio!".

 

Mientras íbamos hacia allá pensé si él sería el principito que yo debía encontrar en el desierto. Pensé que no, concluí que donde me encontraba estaba muy lejos de parecerse en algo al Sáhara, aunque tuve la tentación de preguntarle si quería que le dibujara un cordero, sólo por probar. Descarté la idea, quizás por miedo a que me dijera que sí.

 

De todas formas, era difícil cuestionarle sobre lo que fuera porque nuestro nuevo amigo era más dado a hablar que a escuchar. Parecía que tuviera miedo a desaprovechar su oportunidad de llevarnos a conocer su barrio, y no sólo con los pies, sino con la imaginación. La Kasbah no suele aparecer en las guías turísticas como el sitio más recomendable para deambular siendo rubio, pero yo sabía que sólo sentiría que había estado en Argel si llegaba hasta el corazón de ella, fuera como fuera. Además, yo no soy rubio.

 

"Venid por aquí, por aquí", nos decía Ramdan mientras nos hacía un recorrido por calles cada vez más estrechas. Sólo la palabra "laberinto" puede definir de forma aproximada lo que la Kasbah supone para el primerizo. Es fácil comprender cómo los franceses murieron en estas callejuelas cuando se produjo la guerra que llevó a la independencia de Argelia en 1962. Cualquiera de las esquinas de la Kasbah puede albergar una trampa mortal, aunque esas trampas a veces son más producto de la ignorancia que de la realidad.

 

"Estando conmigo no os va a pasar nada". Confiamos en sus palabras mientras nos dejábamos seducir por la más que reconocida amabilidad árabe, a pesar de que nuestro nuevo amigo lo era desde hacía entonces unas pocas horas. Había cancelado lo que tenía que hacer ese día para acompañarnos por su ciudad, lo que resultaba demasiado desinteresado para ser cierto. Cuanto menos nos tocaría invitarle a comer, no podía ser de otra forma. Sin embargo, "estáis en mi casa y en mi casa pago yo", sentenciaba con sus gestos cada vez que intentamos sacar nuestros recién adquiridos dinares de la cartera. El agradecimiento ya no podía ser mayor por nuestra parte cuando mediante un gesto directo y algo brusco me pidió mi teléfono.


"Y toma el mío. Dile a tu familia y a tus amigos que si vienen a esta ciudad me llamen y yo les enseño lo que quieran ver". ¿Querría entonces algo a cambio? Sólo que hablásemos bien de Argel.




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Mayo 5, 2010

El principio de un camino ya iniciado

Leaving traces on soft sand dunes in Tadrart A...

Image via Wikipedia

"Pasaba solo mis días, sin encontrar a nadie con quien verdaderamente pudiera hablar, hasta que algo me sucedió hace ya unos seis años, en el desierto de Sahara [...] Inexplicable fue mi sorpresa, cuando al despuntar el día una extraña vocecita me decía casi suplicante..."

 

No puedo recordar lo que me dijo hace seis años esa voz porque aún estoy en el pasado. Mi objetivo aquí es dar con lo que la voz dice y con ese fin llegaré dentro de a penas tres días a ese desierto, el desierto cálido más grande del mundo. Como tantas otras personas durante lo últimos años, me he visto en la necesidad de conocer de primera mano cuál es la preocupante situación de ciertas personas que allá viven, más aún cuando la responsabilidad directa de ello es de mi país.

 

Hablo del Sáhara Occidental, antigua colonia española que permanece desde hace más de 30 años siendo tierra de nadie. El Frente Polisario es la autoridad reconocido por decenas de países (entre ellos la gran mayoría de África) para referirse a esta nación sin Estado cuyo nombre "oficial" es la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Pese a ello y ante la fáctica connivencia de España con Marruecos, la dinastía alauí se apropió del Sáhara Occidental tras la llamada Marcha Verde de 1975, considerando unilateralmente dichos territorios como parta de Marruecos, país en que reina.

 

La población saharaui sigue esperando la celebración del referéndum prometido por Naciones Unidas para dilucidar cuál debe ser la solución al problema, si la independencia o la anexión. Ante el estancamiento de la situación y la pervivencia del conflicto, la Misión de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental (MINURSO) acaba de renovar su mandato ante la desesperación por parte del Frente Polisario.

 

¿Cuánto tiempo deberá pasar todavía para la celebración del referéndum? Marruecos considera innegociable la posibilidad de un Sáhara Occidental independiente, pero se debe exigir a la comunidad internacional que tenga un claro respeto hacia los miles de saharauies apostando por el cumplimiento del derecho internacional y las correspondientes resoluciones de la ONU. Rabat debe aceptar las reglas del juego y no querer aplicar las suyas propias en un tablero ajeno. El papel activo del Estado español en la resolución del conflicto resulta por tanto tan necesario como obligado.

 

Quizás cuando dentro de seis años recuerde verdaderamente mi llegada al Sáhara pueda narrar cómo durante ese tiempo se han producido los esperados pasos, que podrían resumirse en el hecho de dar la libertad a las personas para que decidan sobre su vida. Aún queda mucho por hacer; pero no esperemos más e intentemos escuchar esa vocecilla suplicante, empecemos juntos a buscar al principito.
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fotografía del autor del blogManuel Sobrino
Este blog, cuyo nombre es una referencia al inmortal libro de Antonie de Saint-Exupéry, que ha marcado mi vida, contará la historia en la que un hombre aterriza por accidente en el desierto del Sáhara y encuentra a un pequeño niño que también viene de lejos y que le hace ver la importancia de las pequeñas cosas. Me gustaría de esta forma enfocar el blog hacia los detalles del día a día que definen a las sociedades, así como explicar grandes asuntos desde la óptica de la cotidianidad. Es una primera aproximación al tema que quizás, o casi inevitablemente, se irá modificando y adaptándose a la actualidad y a las vivencias que vaya teniendo.+ info

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