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Archivos Octubre 2011

Percibimos la literatura africana como una nebulosa- un autor aquí, otro allá- pero hay filiaciones, emparentamientos, escuelas, tendencias temporales… Los escritores se influyen o contraponen unos a otros y se pueden establecer ciertas clasificaciones. Esto es lo que intenta hacer la escritora congoleña Lilyan Kesteloot en su libro Historia de la Literatura negroafricana, publicado por Ediciones El Cobre y Casa África.

En él analiza la creación literaria africana –con especial énfasis en la francófona- desde los tiempos de la colonización hasta la actualidad sin olvidar los antecedentes de una profunda tradición oral. Es un libro muy completo (y muy largo), pero sobre todo muy bien estructurado lo que te permite dirigirte fácilmente a lo que más te interesa. Se divide en cuatro grandes partes:
  • Los orígenes (Tradición oral, René Maran, Revue de Monde Noir, el Harlem Renaissance...)
  • El nacimiento de la Negritud (L'Étudiant Noir, Aimé Césaire, Sédar Senghor, París como centro neurálgico de este resurgir…)
  • La Negritud Militante ( revista Tropiques, la Anhtology de Sengohor, Sartre, Presence Africaine…)
  • Las turbulentas independencias y el futuro
En este post voy a hablar especialmente de este último capítulo, que abarca los últimos 50 años y en el que la autora entremezcla la historia política y económica del continente con la creación de los autores. Es básicamente un resumen del libro y los entrecomillados corresponden a frases lierales. 

La euforia de las independencias 
La década de los 60 comienza con la euforia de las independencias: los africanos se habían liberado de todos los yugos, ahora eran libres, dueños de su destino, capaces de todo… Así lo veían y transmitían los escritores. La negritud lo ocupaba todo, era un proyecto positivo de desarrollo y solidaridad. Además, los intelectuales fueron promovidos a puestos de responsabilidad, un diploma era sinónimo de trabajo y todo estaban convencidos de ser ellos quiénes iban a crear un mundo nuevo. 

En estos primeros momentos, los escritores negros se manifestaron por tres vías principales: novela social, teatro histórico e inscritos de inspiración tradicional.

Novela social: La pionera fue La aventura ambigua, de Cheikh Hamidou Kane. “Su perfección estilística, altura de sentimientos y observaciones filosóficas hacen de éste el típico libro de estudio en institutos. Todos los intelectuales se reconocían un poco en Samba Diallo [el protagonista]”. Además, la novela inaugura el temática del conflicto entre tradición y modernidad, sabiduría africana versus técnica europea, idealización de medio tradicional y familia… haciéndose eco de algunos clásicos como El niño Africano (1953) de Camara Laye y Maïmounak (1953), de Abdoulaye Sadji.

A ella le siguieron luego otras como Le mandat, de Ousmane Sembene, sobre las contradicciones entre un presupuesto moderno y la solidaridad familiar a la antigua usanza, una temática que se prolonga hasta los años 80, ya con la novela de costumbres, reflejada en libros como:Le sang des masques, del camerunés Seydou Badian Kouyaté (1976) y Mi carta más larga, (1979) de Mariâma Ba.

El teatro histórico: En cuanto al teatro, la obra de Aimé Cesaire La tragedia del rey Christophe (1963) abrió nuevos caminos. En África se entendió y siguió la línea del mensaje, que daba paso a una nueva tradición: la del teatro histórico de carácter político. Entre los continuadores nos encontramos con el autor Djibril Tamsir Niane, de
Guinea Conakry, que publicaba su obra Sikasso en 1971; el senegalés Amadou Cissé, con Les derniers jours de Lat Dior (1963), en el que recuerda a un célebre resistente frente a la colonización; el costamarfileño Bernard Dadiécon su libro Togo –Gnini  y muchas otras más. 

En definitiva, era «un teatro histórico hecho en años de optimismo que engrandece a héroes del pasado”, dice la autora.


También hubo libros críticos con los primeros gobiernos, pero claro, ésos cayeron en desgracia y nadie quiso seguir ese camino. Es lo que pasó con la obra de teatro de Césaire titulada Une Saison au Congo, (1966) relacionada con muerte de Lumumba en Zaire. Comenzaban los años del partido único y la libertad de expresión era relativa. Quizás se lo podían permitir en novela o poesía, pero no en teatro, porque estas grandes obras empezaron a representarse por las principales capitales africanas. 

El relato de inspiración tradicional. Tan sólo un pequeño número de escritores africanos de 1960 se interesaron por la etnología, pero algunos se pusieron manos a la obra. Así, por ejemplo, el nigeriano Chinua Achebe consiguió crear con The arrow of God (1964) o Todo se desmorona (1958), unas novelas totalmente impregnadas por el espíritu tradicional en las que la lógica de la sociedad antigua dominaba todavía a la juventud.

Además, escritores y profesores se dedicaron a grabar o transcribir los cuentos que se narraban en lenguas locales y los lingüistas iniciaron el estudio para enseñarlas. Como resultado, comenzó la publicación de cuentos y proverbios, como Soundjata (1960), que alcanzó casi de inmediato la categoría de clásico, y muchas otras (ver p.  345).

En el terreno de la poesía, cuenta Kesteloot, los poetas se habían dejado llevar más todavía por la euforia del momento y en su producción dominaba la exaltación de la libertad.

* Pero también en estos años hubo un discurso crítico comprometido. Pero al igual que pasó con el teatro, estas  voces no gustaron mucho y fueron minimizadas. Así pasó con el libro de Yambo Ouologuem, Devoir de Violence (1968) que fue “condenada porque presentaba antihéroes cínicos y ambiciones que contrastaban con los portavoces de la negritud; además de una feroz crítica contra el mundo tradicional y sus dirigentes”. A ello se unió la acusación de plagio de algunos de sus pasajes y al final, “toda la intelligentsia negra de Francia, al igual que la de África, se unió contra el escritor”. Y lo mismo sucedió con la novela de Malick Fall, La plaie, una novela filosófica que ponía en entredicho la solidaridad africana, especialmente entre los más pobres. Trataba de un problema individual de integración social, no tanto político, pero fue también denostada y cayó en el olvido.

En cambio, el libro del maliense Amadou Kourouma, Los Soles de las independencias (1970), de contenido también muy crítico, tuvo una buena acogida, convirtiéndose de hecho en un poco de faro para la literatura africana. "Kourouma liberaba a los novelistas africanos del corsé de la lengua académica, a la cual nunca habían osado sobrepasar".


Era quizás el inicio del desencanto que entraría en boga a principios de los 80, un tema que trataremos en el próximo post.
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Así funcionan los mercados de futuros, en los que el hambre cotiza en bolsa y se negocia con los alimentos como si de piedras se tratara. Mercados en los que sólo  interesa es que los precios suban, comprar hoy por diez y vender mañana por veinte, contribuyendo así al aumento de la crisis alimentaria en el mundo. 

Lo explica la Campaña “Derecho a la alimentación urgente” con motivo del Día Mundial de la Alimentación que se celebra este domingo, 16 de octubre.   “El 60% de las cosechas de trigo y otros cereales están hoy bajo el control de los fondos de inversión especuladores (…) y según el propio Parlamento Europeo, el 50% del incremento del precio de los alimentos se debe a los movimientos especulativos”. 




Y no sólo se compran alimentos para especular, también las tierras en las que se producen. Y a ello se suma que parte de la producción agrícola se desvía a la producción de agrocombustibles: “Sólo en EEUU se han dedicado 119 millones de toneladas de cereales a la producción de etanol, cantidad que puede alimentar a 350 millones de personas durante un año”.


Todas estas cosas ya las sabíamos, sí, pero ¿qué podemos hacer?. Desde la campaña se proponen cinco medidas que deberían ser de inmediata consideración:


  • Limitar monopolios sobre productos básicos. (Parece elemental)
  • Establecer tasas sobre los movimientos financieros especulativos (Esto lo ha propuesto hasta el mismísimo presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso)
  • Supresión de los paraísos fiscales y de los centros offshore que facilitan las inversiones especulativas y dificultan su seguimiento, dada su opacidad.
  • Establecer moratorias sobre la compra y venta de tierras a gran escala.  (De sentido común. Si fuera nuestro país, no dejaríamos que esto pasara).
  • Revisar las políticas de promoción de la producción de agrocombustibles

Sólo así podríamos cambiar el mapa del Hambre en el Mundo:






Y habrá quien diga que estas medidas son imposibles de aplicar y que la economía y el crecimiento se basan en esto, pero en realidad eso no es verdad. Hoy en la radio he escuchado un ejemplo muy claro: en el siglo XVII, el sistema económico mundial se sustentaba en buena parte en la esclavitud. Y parecía impensable que fuese de otra manera. Hasta que se abolió la esclavitud y el sistema creció y mejoró. En el XVIII pasó lo mismo con los obreros que trabajaban en condiciones de semiesclavitud en las fábricas. Y parecía impensable que pudiera ser de otra manera. Hasta que cambió y de nuevo seguimos creciendo y mejorando. ¿Por qué ahora debería ser diferente?
Ayer por la tarde se presentó en Madrid “África y la cooperación con el Sur desde el Sur”, un libro que aboga por el fortalecimiento de esta cooperación que puede convertirse en una oportunidad para que los países africanos adquieran cierto protagonismo en la geopolítica global y mayor margen de maniobra en el sistema internacional. 

Explica el profesor Mbuyi Kabunda, coordinador del libro, que la “cooperación horizontal” (entre dos grupos de socios en vías de desarrollo) nació en la década de los 50 y 60, y se define como un proceso destinado a “promover la cooperación técnica, económica  política entre los países en desarrollo en la realización de sus objetivos comunes”

Pero es ahora, en los últimos años, cuando los efectos de esta cooperación empiezan a ser apreciables lo que permite analizarla e intentar explicarla. Eso es lo que hacen en el libro diversos autores, que hablan de la Cooperación que están llevando a cabo nuevos actores internacionales, como India, China, Brasil y la propia Sudáfrica.

Dividida en capítulos dedicados a cada uno de estos países, me gustaría resaltar los que tratan sobre Brasil y Cuba, por ser temas de los que había oído hablar menos y me han parecido más interesantes.

Sobre Brasil, Jairo Baquero ofrece algunos datos interesantes, como que Lula ha visitado nueve veces el continente desde 2003 y el comercio con África ha crecido cerca de un 400% desde el inicio de su mandato, lo que da buena muestra del cambio de los últimos años. 

Explica el autor que “la cooperación de Brasil ha buscado, entre otras cosas, fortalecer los estados africanos a nivel institucional” y se ha centrado en la agricultura, la formación profesional, educación, justicia, salud, medio ambiente, biocombustibles, transporte aéreo y turismo, entre otros, pero  termina con un repaso a las visiones críticas sobre esta cooperación, pues el gigante latinoamericano busca sobre todo materias primas, mercados para sus productos y aliados en el escenario internacional.

Así, por ejemplo, Brasil concentra su interés en dos direcciones muy concretas:
-    La del petróleo, a través de Petrobras, presente en Congo-Brazzaville, Guinea Ecuatorial, Tanzania, Argelia, Egipoto y Libia, con importantes inversiones en Angola y Nigeria.
-    La de la cooperación tecnológica para la producción de biocombustibles, en lo que se ha dado en llamar “la diplomacia del etanol”, que ha sido éticamente cuestionable por ser una amenaza para las tierras africanas.


Otro capítulo muy interesante es el de Cuba. Un país que, ya fuera por objetivos políticos, por el "deber de compensación" (frente a la esclavitud) del que hablaba Castro o por motivos altruistas, ha realizado una enorme cooperación con África. Efectivamente, “son pocos los países africanos que no han recibido en su suelo a cooperantes cubanos o no cuentan con algunos de sus nacionales graduados en instituciones cubanas de educación superior”.

Desde que, en 1963, Cuba enviara su primera brigada médica a Argelia para prestar gratuitamente sus servicios, este país siempre ha destacado por sus esfuerzos en sanidad y educación a través de campañas de alfabetización, programas de salud, oftalmología... Asimismo, el gobierno desplegó una fuerte campaña para el mejor conocimiento de África entre los cubanos, a través de la edición de libros, cuentos africanos y obras literarias que, en su mayoría, fueron traducidos por primera vez al castellano en la pequeña isla caribeña.

Por último, se naliza la integración regional en África, intentando descifrar si podrá de verdad actuar de forma complementaria a la cooperación sur –sur o terminará reproduciendo los desequilibrios norte -sur que ya se han dado en otras ocasiones.
Buscamos fotógrafos solidarios”  leíamos hace unos meses en el blog de Siroccom. Un llamamiento con el que pretendían  reunir imágenes sobre la infancia en países en vías de desarrollo para reflejar su cotidianidad, su educación, sus juegos… en definitiva, su forma de vivir. Era una iniciativa sencilla que, sin formar escándalo, corrió como la pólvora por las redes sociales provocando una masiva respuesta.

Semanas después, decenas de imágenes se acumulaban ya en el correo de Redacciona, que en total ha recibido más de 400 fotografías para participar en este libro solidario. Tantas que no cabrán en las 70 páginas de este proyecto y que han necesitado una cuidadísima selección para elegir las imágenes con más historia, de mayor impacto y mejor calidad técnica. De separar el grano de la paja se han encargado Raquel Torija y Ana Tourón, supervisadas de cerca por el fotógrafo aragonés Jesús Antoñanzas, quien ha dedicado amablemente su tiempo al proyecto.



Y aunque dicen que una imagen vale más que mil palabras, en muchas ocasiones son las letras quienes nos ayudan a comprender determinadas situaciones, así que cada una de las 150 imágenes finalmente seleccionadas irán acompañadas de un pequeño texto en el que diversos personajes de la cultura, el periodismo y otros ámbitos nos explicarán (a partir de la información donada por el autor) la situación en la que se tomó cada una de las fotografías. De momento, los nombres son todavía alto secreto, pero ya os digo que conoceréis a más de uno.

¿Pero por qué es este un libro solidario?
Pues en primer lugar, porque todos y cada uno de los elementos que lo componen han trabajado por la cara, o sea, gratis a pesar de los tiempos que corren: desde las editoras a los fotógrafos pasando por los encargados de maquetación y corrección.

Y en segundo, porque todos los beneficios de venta irán a parar íntegramente a la campaña Todos Contamos, de Save The Children, que persigue la formación de trabajadores sanitarios locales de tal forma que puedan salvar vidas y dar tratamientos a los niños sin que tengan que salir de sus pueblos y regiones.

¿Y por qué no lo tenemos todavía entre las manos?
Pues precisamente porque aunque mucha gente ha trabajado gratis, el papel, la imprenta y la distribución no se pagan solos y hace falta un poco de financiación. Es por ello que las impulsoras del proyecto han hecho un llamamiento para lograr el apoyo de empresas, instituciones o, por qué no, particulares, interesados en colaborar con el libro. ¿Quién se anima?
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La situación de la pena de muerte en África

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El año pasado, Togo y Burundi se unieron a los estados que abolieron este castigo, mientras que Gambia extendió su aplicación. Olawale Fapohunda habla para IPS News sobre la situación en Nigeria, recordando especialmente que uno de los mayores problemas es la falta de abogados defensores para los más pobres. Fuente: IPS News

Khad, la droga que enloquece al África más pobre

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El consumo de khat es una de las tradiciones más arraigadas de este país árabe, y lo ha sumido en un complejo debate. Entre un 50 y un 80% de la población masculina masca esta planta, de efecto similar al de las anfetaminas, sobre la que hay un entramado de devoción y crítica. (...) "Es una práctica suicida. Está destruyendo nuestra sociedad. Están agotando las reservas de agua y obligándonos a importar comida, porque lo único que se planta es khat. Hemos pasado de producir entre 1,5 y 2 millones de toneladas de grano al año en la década de los 60 y los 70 a menos de medio millón", explica el ministro de Irrigación, Abdul-Rahman al-Iryani. (...) Este comercio multimillonario extiende su influencia a países vecinos como Etiopía, Yibuti, Somalia o Kenia. El mismísimo Banco Mundial estimó, en 2007, que Yibuti gastaba anualmente hasta 200 millones de dólares en importar miles de toneladas del excitante vegetal. Fuente: Javier Espinosa / El Mundo

Objetivo: erradicar la malaria

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Pasar del control a su erradicación. Éste es el objetivo de MAlERA (siglas en inglés de 'Malaria Eradication Research Agenda'), un proceso consultivo con más de 250 científicos internacionales que pretende establecer una agenda de investigación y desarrollo para la eliminación de la enfermedad.

El inconcluso proyecto para atravesar África por ferrocarril

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El imperio británico de finales del S.XIX se extendía desde el mar Mediterráneo hasta el cabo de Buena Esperanza. Todos los mapas coloniales de esos años marcaban una línea continua desde Sudáfrica hasta Egipto con las colonias británicas, el objetivo era convertir esa línea en una vía férrea. Así quería Gran Bretaña crear su Imperio Vertical, para hacer frente al Imperio Horizontal que Francia anhelaba concluir, unir las costas del Atlántico con las del Índico. Foto: Cecil Rhodes, el impulsor del proyecto. Fuente: En la Trébede

Fallar al estado más fallido del mundo

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El dinero que la comunidad internacional inyecta en Somalia mantiene vivo el conflicto en el país. Los fondos que deberían destinarse a mejorar la situación, solo sirven para subvencionar a un Gobierno corrupto y financiar indirectamente a los rebeldes. Texto y fotos: J.M. Calatayud. Publicado en Foreign Policy

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