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Archivos Julio 2011

 “Ahh, les chinoises, ils sont partout”, es la respuesta recurrente de Michelle, antiguo chófer del Ministerio reconvertido ahora en emprendedor y regente de un pequeño establecimiento hostelero, cuando se le pregunta por la presencia de la gran potencia oriental en Benín. “Partout, partout”, recalca enfáticamente ante mi mirada desconfiada, asegurándole que todavía no he visto ninguno.

Centro chino para el Deasrrollo económico y comercial en Benín. El comercio y las relaciones económicas entre los dos países se han multiplicado por 10 en los últimos años. Foto: Aurora M. Alcojor

Y sí, Michelle tiene razón. No es fácil verlos, pero cuando se sabe dónde buscarlos, entonces aparecen por todos lados. No están en las tiendas, pero son muchos los ciudadanos chinos que regentan los establecimientos textiles; tampoco los encontramos en las obras de la carretera ni en los andamios de los edificios en construcción, pero sin ninguna duda también están detrás de esto. Y por supuesto, son los chinos quienes han inundado los mercados de todo tipo de mercancías: motos, textiles y multitud de artilugios a precios baratos que hacen más fácil la vida de los africanos pero que están acabando también con algunas industrias locales.

Un grupo de jóvenes chinos paseando por las inmediaciones del
Estadio de la Amistad, construido precisamente por su país en
el año 1982. Foto: Aurora M. Alcojor

Donde más clara es su presencia es en las  infraestructuras. No hay edificio moderno en Benín que no hayan construido los chinos, según nos cuenta un periodista local. En los últimos años, la financiación china ha permitido la construcción del nuevo Ministerio de Asuntos Exteriores y del Centro Internacional de Congresos y en la actualidad, se está encargando de un gran nudo de carreteras a la salida de Cotonú, que servirá para descongestionar el centro –tomado por las motos- y facilitar así el tráfico hacia el exterior. Una gran obra de infraestructura que es tan sólo el prolegómeno de las que vendrán en un futuro. Sin ir más lejos, para 2013  ya está prevista la construcción de una torre de nueve plantas, que albergará cuatro ministerios y que será realizada esencialmente por técnicos chinos. Asimismo, el pasado mes de noviembre se acordó el asfaltado de los cerca de 100 kilómetros que unen Cotonú con la localidad de Bohicon, en el centro de Benín.

 Pero lo cierto es que esta realidad no es nueva para los benineses.  De hecho, uno de los edificios más importantes de la ciudad es el Estadio de la Amistad de Cotonú, construido por China hace ahora casi tres décadas, en 1982. Por entonces, el poder estaba en manos de un régimen marxista, liderado por  Mathieu Kérékou y las relaciones con los países comuistas eran muy fluidas. Durante los años de dictadura (1975-1989) la presencia china se hizo patente en el país y fueron muchos los jóvenes universitarios que recibieron formación en países tan distintos como Rumanía, Cuba, Corea y la propia china. En esta década, el país más grande del mundo comenzó la construcción de una serie de estadios “de la amistad” en diversos países africanos y uno de ellos fue el de Cotonú, que hoy es casi el centro neurálgico de la ciudad: en el recinto del estadio se encuentran algunos de los bares más ‘exclusivos’, así como pistas de tenis y de baloncesto, algo raro por estos lares.

Fue a principios de los 90 cuando se diluyó la presencia oriental, mientras Benín tomaba el camino del libre mercado y celebraba la Conferencia Nacional para dar paso al multipartidismo.  Pero ahora, dos décadas después, China ha vuelto, esta vez para quedarse, y, entre otras muchas cosas, para seguir construyendo estadios. Tantos han sido los erigidos por toda África que The Africa Report la ha bautizado como “The master Stadium builder”.

Aunque bien podríamos denominarla “the master builder”, a secas, porque China construye, exporta y vende todo lo que uno se pueda imaginar. 

 
También la Agencia para la Cooperación China está instalada en Benín. Foto: Aurora M. Alcojor


* En mi opinión, aunque la presencia china en África es muy controvertida y ha desatado multitud de críticas por su desprecio de los Derechos Humanos, el trabajo que Pekín está realizando en Benín será muy positivo para este país. Por lo que he visto, las ONGs occidentales se dedican a cuestiones de vital importancia, como sanidad o educación, pero era necesario un apoyo decidido a la mejora de infraestructuras. Por ejemplo, carreteras que impulsarán el comercio, acortarán las distancias y ayudarán también a mejorar la vida de mucha gente. Tema aparte es la calidad de dichas infraestructuras. Son muchos los que dicen que las construcciones chinas, hechas de forma rápida y barata, suelen presentar numerosos problemas y que a los pocos años terminan por ser casi inservibles.  Puede que tengan razón, no lo sé, pero cuando hay tantas necesidades, cualquier cosa es mejor que nada.
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Aeropuerto de Cotonú. Fuente: Lea

Al bajarse del avión en el aeropuerto de Cotonú, en la misma cinta transportadora por la que sale el equipaje, varios chicos esperan a los viajeros pertrechados con los típicos carritos para llevar maletas.

Cómo han llegado hasta allí,- teóricamente una zona en la que sólo puede haber viajeros- es un misterio de fácil solución,  por qué están aquí a las seis de la mañana es más obvio todavía, pero saber cómo se organiza este monopolio de carritos es un poco más complicado.

El sistema se sustenta en dos patas. Por un lado, las dos filas de carritos que se encuentran a la salida están conveniente amarrados por una cadena, de tal forma que no se pueden utilizar. Por otro, no hay nadie que recoja los carros que se quedan a la salida, junto a los coches, y los devuelva al interior del aeropuerto, así que el ‘negocio’ –pobre negocio, por otra parte-, está servido.

Un puñado de jóvenes, que cuentan con el beneplácito de los responsables del aeropuerto –cómo si no, iban a acceder al recinto-, se encargan de recoger los carritos y, a la hora en la que llega el avión, tienen vía libre para entrar a la sala de recogida de maletas y ofrecer el servicio, a cambio de una propina, a los recién llegados. 

Es tan sólo una forma de ganarse la vida, sin hacer daño  a nadie y buscando hacer un trabajo que pueda ser recompensado de una u otra manera; una simple anécdota pero muy significativa de lo que sucede cuando las estructuras estatales se tambalena, las necesidades básicas no están cubiertas y el ciudadano tiene que buscarse la vida desesperadamente.

*PD: Podría ser peor. Miren lo que pasa en España: "Un empleado de Aena, detenido por la Policía por sustraer un millar de portamaletas que vendió en un desguace por unos 25.000 euros.

* PD2: Lo bueno de que te pierdan la maleta -aún sigue desaparecida- es que te ahorras el dinero del carrito. Si es que Air Maroc piensa en todo.   
Todo se compra y se vende en las calles. A veces en tiendas como ésta y en otras ocasiones, de forma ambulante. Foto: A. M. A.


Recién llegada de Benín, de donde salimos justo cuando casi empezábamos a acostumbrarnos al caos, cuando ya habíamos aprendido a cruzar la calle en medio de las cientos de moto-taxis que recorren frenéticamente la ciudad y cuando ya no nos asustaban los inmensos charcos de las carreteras no asfaltadas, volvemos a la ordenada Europa y nos damos de bruces con el atentado de Noruega y la hambruna de Somalia.

Noticias que nunca creímos leer en el siglo XXI y que sin embargo siguen golpeándonos cada día, igual que nos golpea la realidad de Benín, un Estado pobre pero que ha crecido al 5% en los últimos años y en el que nos encontramos una vitalidad propia de la mejor tradición africana: todo el país es un inmenso mercado ambulante, proliferan las nuevas –que no siempre modernas ni de calidad- construcciones y cada cual se busca la vida como puede.
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