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Archivos Junio 2011

Además, Nigeria contaba con gran apoyo internacional: casi todos los países se solidarizaron con el Gobierno de Lagos y tan sólo cinco estados se declararon a favor de una Biafra independiente: Costa de Marfil, Gabón, Haití, Tanzania y Zambia.

(Esta entrada es la continuación del post Guerra de Biafra I. El nacimiento de la injerencia humanitaria)


Declaración de Independencia de Biafra, a cargo
del general rebelde Chukwemeka O. Ojukwu. Fuente: Guillermo Díaz
El entonces presidente de Costa de Marfil fue el primer alto mandatario internacional en atreverse a alzar la voz en defensa del pueblo biafreño. El 9 de mayo de 1968, Félix Houphouët-Boigny recuerda en un discurso a los habitantes de la Nigeria oriental, de los que dice que “sobreviven gracias a un milagro de resistencia”, ya que es un pueblo “privado del mar y de los ríos” que, “desde hace 10 años no conoce ni el pescado ni la carne; sumidos en los bombardeos aéreos que no encuentran ningún obstáculo (…) para su exterminación sistemática, ya que son un pueblo sin defensa”. Houphouët-Boigny fue, por lo tanto, el primero que habla de “genocidio”. Pero a lo largo de 1968,  terminarán siendo muchos los que se pongan del lado de los biafreños, sobre todo debido a la intervención, no directa, pero sí clave de Francia.

Intervención francesa

París intentaba mantener su hegemonía en el continente negro tras la descolonización y su implicación en el asunto fue haciéndose mayo, provocando el temor inglés a que El Elíseo París pudiera enviar tropas a Biafra. Estos temores, más o menos infundados, estában basados en un hecho real: el 12 de junio de 1968, el recién elegido presidente Charles De Gaulle reconoció oficialmente a Biafra.  Un hecho de trascendental importancia que suponía un claro mazazo a Nigeria y equilibraba, de manera formal al menos, las fuerzas de los dos bandos.

En este punto, es interesante analizar el cambio de la política exterior de París, ya que durante todo el año anterior el Ejecutivo se había dedicado a ignorar en público el conflicto, y, mientras que por un lado vendía armas a Nigeria, por el otro permitía la instalación en la capital gala de los representantes de Biafra y su oficina semiclandestina, el Centro de Estudios Históricos de Biafra.

La crucial decisión se tomó en el Consejo de Ministros francés el 12 de junio de 1968, justo cuando todavía estában calientes los ánimos por el mayo francés. El anuncio era claro, y la decisión irrevocable: se instaura un embargo a los envíos de armas a las partes en conflicto y se crea un programa de ayuda humanitaria para Biafra.

Pero todavía no ha comenzado la bola de nieve sobre este conflicto; los medios de comunicación están todavía ocupados en analizar lo sucedido el mes anterior, en el famoso mayo del 68 en todo el mundo.
Según el libro La politique africaine du general De Gaulle (1958-1969), es, a partir de agosto cuando la situación de Biafra “se pone de actualidad, los medios de comunicación comienzan a hablar de los sufrimientos de la población de Biafra y en París surge incluso un grupo de católicos que funda la asociación Francia-Biafra, entre cuyos objetivos están presionar a los gobiernos francés y africano a poner fin a la guerra”.

Mientras tanto, a mediados del mes julio de este 1968 comienzan las discusiones preliminares para lograr la paz. De momento, no se obtiene ningún acuerdo de fondo, pero las partes se emplazan para comenzar las negociaciones de paz en Addis-Abeba (la capital de Etiopía) a principios del mes siguiente. Es en este contexto de preparativos para una conferencia que muchos consideran decisiva, cuando el Consejo de Ministros francés vuelve a la palestra con un nuevo comunicado. Se hace público el 31 de julio y el impacto y la repercusión es brutal.

El comunicado dice: “La sangre vertida y los sufrimientos que duran ya más de un año y que afectan al pueblo de Biafra, demuestran su voluntad de afirmarse como pueblo (...). El conflicto actual debe solucionarse sobre la base del derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos y conllevar la puesta en marcha de procedimientos apropiados”. Esta declaración supone un claro espaldarazo a las posiciones de Biafra y tiene un efecto inmediato, porque sitúa a los independentistas en una posición ventajosa para las negociaciones de Addis-Abbeba que comienzan tan sólo una semana después,  el 5 de agosto.

Uno de los billetes que emitió la efímera República de Biafra.
Fuente: Numismondo
El porqué de esta posición no está muy claro aún, aunque se han ofrecido diferentes respuestas, que van desde las que ven en la actuación de De Gaulle un puro acto de solidaridad con el pueblo de Biafra, hasta quienes buscan intereses geoestratégicos de la política francesa. Daniel Bach, antiguo coordinador del programa de estudios francófonos de la Universidad D´ Ife (Nigeria), menciona en el citado libro sobre la política africana de De Gaulle diversas razones que podrían haber llevado al presidente galo a decidir su postura: a) “El derecho de los pueblos a la autodeterminación”, b) “la oposición a las mayorías” [es decir, que no le gusta la existencia de Nigeria, un país muy grande y con importancia decisiva en África y al que no puede controlar], c) “el enfrentamiento Nigeria-Francia” [desde 1960 ambos países mantienen unas difíciles reacciones por la protesta oficial de Lagos ante las pruebas nucleares francesas realizadas en el Sáhara, que provocó una gran crisis diplomática], y  d)las “consideraciones económicas”, es decir, que De Gaulle pensara que ayudando hoy a Biafra, mañana este país independiente podría favorecer a París con concesiones petrolíferas.

Sea como sea, y teniendo en cuenta que el por qué de la postura de De Gaulle no está nada clara, el caso es que el Gobierno francés insiste en todo momento en el carácter puramente humanitario de su toma de posición, dando lugar al nacimiento de un concepto que, desde entonces, se utilizará en decenas de ocasiones, el de injerencia humanitaria.

Mientras tanto, las negociaciones continúan su tortuoso camino que no es, desde luego, nada fácil. Así, el 8 de agosto de 1968, el diario ABC recoge las declaraciones del delegado federal de Nigeria en las que asegura que no consideran “aceptables las propuestas que no respeten la unidad e integridad territorial de Nigeria”, mientras que apunta que “el dirigente biafreño Ojukwu “abandonó a noche la capital [Addis-Abbeba], con lo que han disminuido las esperanzas de llegar a una paz”. “No obstante, la negociación continúa”, termina la crónica el periódico, dejando una puerta abierta a la esperanza.

Pero la realidad es que, como afirma el periodista J. L. Gómez Tello en una columna publicada el 13 de agosto en el diario Informaciones, “no se percibe ninguna solución al doble problema: el de una guerra que dura ya más de un año y el de un verdadero genocidio que amenaza conducir a la desaparición de un pueblo. El primero de los puntos del plan de paz propuesto por Nigeria reclama la reunificación de Biafra (…) Los biafreños lo rechazan absolutamente (…) La prolongación de esta tragedia obedece a la falta de confianza de ambas partes (…) En este drama, los africanos, con sus tortuosidades; la ONU, con su argumento de que es un problema interior y la URSS, Inglaterra y EEUU, con su ayuda a Lagos, tienen responsabilidad”.

Efectivamente, el drama no va a mejorar en el año siguiente. Las dos partes se muestran intransigentes en sus reivindicaciones y Francia, que ha estado ayudando –de manera más o menos clara a Biafra– comienza a darse cuenta de que su intervención sólo representa una prolongación inútil del conflicto.  Además, si De Gaulle pretendía mejorar sus relaciones con los pueblos africanos defendiendo el “derecho a autodeterminación” de Biafra, la realidad es que este asunto se ha convertido en un factor de crecientes divisiones entre París y el continente negro. Así las cosas, en los primeros días de marzo de 1969, el lugarteniente Ojuwkwu es informado de la interrupción de la ayuda francesa –para obligarle a tomar una actitud más conciliadora–.

A finales de este mismo mes, las ofensivas federales lanzan nuevos ataques, cada vez más duros, que arrasan lo poco que quedaba de Biafra. Antes del final del año, en medio del absoluto hundimiento económico y militar, Ojukwu huye del país y el resto del territorio de la república es reincorporado a Nigeria.

Biafra quedó devastada; entre 800.000 y un millón de personas perdieron la vida y otros miles resultaron heridos. Las balas y las bombas habían causado muchas víctimas, pero la mayoría murieron de hambre y de sed ante la mirada atónica de Europa y el resto del mundo.
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A principios de los 70 las imágenes de niños de Biafra afectados por la hambruna dieron la vuelta al mundo. En España, el impacto fue tal que durante años se utilizó el dicho “pareces un niño de Biafra”, para referirse a personas de extrema delgadez. Pero en aquellos años, lo mismo que pasaba en Biafra sucedía también en otros países africanos, ¿por qué este conflicto tuvo tanta repercusión?

Hay varios motivos, pero el más importante es que la Guerra de Biafra fue el detonante para la aparición en la escena internacional de un nuevo concepto que se generalizaría a partir de entonces: la injerencia en la política interna de un país con fines humanitarios. Más concretamente, supuso además la implicación directa de las ONGs internacionales. Médecins sans frontières (MSF), una organización no gubernamental creada en Francia en 1971, se implicó en el conflicto con la idea de aportar algo nuevo a la cooperación: la no neutralidad. Frente a la Cruz Roja, una organización que desde hacía un siglo ayudaba a los heridos y víctimas de las guerras bajo una estricta neutralidad, Médicos del Mundo nacía con otra intención: además de encargarse de la Ayuda humanitaria, proclaman la necesidad de sensibilizar a los medios de comunicación, la sociedad y las instituciones políticas; y en muchos casos, esto supone tomar parte por los más desfavorecidos, porque la neutralidad puede, en ocasiones, implicar complicidad.

Bajo estas premisas, la Guerra de Biafra se convirtió en el foco de todas las miradas, ocupando portadas y aperturas del telediario. ¿Fue esto bueno o malo? Depende, como siempre. Souto Albes, en el Blog Historia General, escribe: “Biafra supuso la irrupción de un nuevo género periodístico, precursor miserable de los realitys de nuestros días. La hambruna fotografiada, filmada, televisada".  Cierto, pero no deberíamos olvidar tampoco que fue la tabla de salvacion de miles de biafrenos.

Pero ¿en qué consistió exactamente la Guerra de Biafra?

El 30 de mayo de 1967, la región más oriental de Nigeria (antigua colonia inglesa) se declaraba independiente del resto del país con el nombre de República de Biafra. Nigeria había nacido de forma artificial, tras la decisión de Gran Bretaña de unir tres de sus posesiones en una; provocando una unión de iure sobre una preexistente separación de facto. Al hacer esto, la población se había estructurado por etnias, siendo una de ellas la de los ibos –mayoritariamente cristianos y predominantes en la zona oriental-, que más tarde se autoproclamaría independiente bajo el nombre de Biafra.

La zona en amarillo corresponde a la Biafra independiente.
Fuente: Biafra.com 

El último día del mes de mayo, el lugarteniente general Chukwemeka Odumegu Ojukwu daba a conocer la proclama independentista con estas palabras: “En virtud de la autoridad y conforme a los principios mencionados, proclamo aquí solemnemente que el territorio y la región conocidos como Nigeria del Este, así como su plataforma litoral y las aguas territoriales constituyen un estado independiente y soberano bajo el nombre de República de Biafra”.

Esta proclama condujo, de manera indefectible, al estallido de una guerra civil que duraría 30 meses y terminaría con la victoria de las tropas gubernamentales en 1970. Entre medias, tuvo lugar en Biafra una brutal crisis humanitaria que, según un informe publicado por UNICEF el 23 de enero de 1969, dejó un total de un millón y medio de víctimas, muchos de ellos mujeres y niños.

Así, aunque será la Guerra de Vietnam de la primera de la que se hable como “guerra televisada”, lo que ocurre en Biafra también tiene una gran repercusión a nivel internacional, especialmente en algunos países como Francia. En España, las imágenes de los niños que mueren de hambre en esta región golpean la conciencia de los telespectadores. Para muchos, la situación recuerda a lo que ellos mismos habían vivido apenas 30 años atrás; para otros, los más jóvenes, inmersos en el desarrollismo español, imágenes como estas son inconcebibles y se movilizan en su ayuda: para la mayoría, además, es la primera vez que ven, en sus cocinas y salones, a negros, a los que muchos consideran unos “pobres salvajes a los que hay que ayudar”.

Una de las miles de imágenes que se distribuyeron de los
niños de Biafra. Fuente: Historia General. Una simple búsqueda
en Google ofrece un pasmoso panorama de las fotografías que se difundieron.




Biafra, según explica Alexandre Sosnowsky en su libro Biafra: proximité de la mort, continuité de la vie,[una obra  publicada en 1969, todavía durante la guerra y en la que el autor recopila escalofriantes fotografías sobre los niños y las mujeres de Biafra, y sobre sus muertos] es un territorio de unos 76.500  kilómetros cuadrados en el que en el momento de la secesión viven 13  millones y medio de personas (frente a los 55.700.000 que tiene Nigeria en 1962, es decir, casi una cuarta parte del país). Además, es el primer exportador mundial de aceite de palma y, una cuestión vital para su futuro:  justo el año antes se han descubierto importantes pozos petrolíferos en su territorio. 


Durante todo el primer año de la guerra, las fuerzas de la Federación nigeriana, con más poder, recursos y fuerza que los biafreños, fueron comiendo  territorio a los independentistas y, para minar la moral del enemigo y  obtener una victoria más rápida decidieron bloquear sus accesos por  tierra y mar, con lo que los biafreños quedaron totalmente desprotegidos
y, por supuesto, sin nada que comer.



Continúa en Guerra de Biafra (II). La implicación internacional.



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El almacenamiento de residuos tóxicos es un goloso negocio de incalculables beneficios. En un mundo dividido entre países ricos y pobres, los primeros ponen multitud de trabas –normativas legales y medioambientales que se traducen en enormes costos-  para el almacenamiento de residuos, mientras que los segundos abren sus puertas a todo tipo de deshechos a precio de saldo. 

Imagen del reportaje 'Toxic Somalia',
emitido por La noche Temática
Si esto sucede en países como Ghana o Mozambique, imagínense qué no puede pasar en auténticos estados fallidos como Somalia. Un país con miles de kilómetros de costa pero sin policías para controlarla. Un país sin gobierno y sin estructura de Estado desde hace ya más de 20 años. No hace falta ser muy listo para comprender que es el lugar perfecto para deshacerse de los residuos que el resto –quienes los generamos, por cierto-, no queremos ni ver. 

En 2004, la existencia de estos residuos se hizo patente cuando decenas de contenedores llegaron a las playas somalíes arrastrados por las olas que generó el brutal tsunami en el Pacífico. Así lo explicaba Mabel Gonzalez Bustelo, miembro  de la junta directiva del Instituto de Periodismo Preventivo y Análisis Internacional (IPPAI) y responsable de la campaña de desarme de Greenpeace.  

Además de empresas y hospitales, en especial europeos, también ha elegido este lugar la mafia italiana para deshacerse de residuos peligrosos. La contaminación ha sido constatada por agencias de la ONU y se puso de manifiesto de forma brutal en diciembre de 2004. Cuando la ola del tsunami del sureste asiático alcanzó la costa de Somalia, cientos de barriles de residuos no identificados fueron arrojados contra ella. Más de 300 personas murieron por efecto de la radiación, como denunció el enviado de la ONU para Somalia, Ahmedou Ould-Abdallah, que también aseguró que había metales como mercurio y cadmio. El Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) confirmó estas denuncias”.

Imagen de uno de los bidones encontrados en las costas de
Somalia en 2004. Fuente: 'Toxic Somalia'
Son muchos los que han hablado de este tema (Isaac Rosa, Antonio Maestre, Hernán Zin, Revista Fusion, y hasta la web de Consumer, entre otros), pero por supuesto esto no representa ni una décima parte de las noticias que hemos leído sobre los piratas somalíes  y las capturas de barcos extranjeros. Además, son muy pocos los que se han atrevido a investigar de dónde exactamente provienen estos residuos, quién los envía allí, quién los paga y quién está ganando ingentes cantidades de dinero con ellos. Lo que sí sabemos es que si enterrar una tonelada de residuos en Europa cuesta unos 1.000 euros, en Somalia se puede conseguir por la módica cantidad de 2, 5 euros. También que los casos de niños nacidos por malformaciones genéticas se han triplicado en las últimas dos décadas. 


Todo esto viene al  hilo del documental emitido hace unos días en TVE, ‘Toxic Somalia’, en el que el periodista francés Paul Moreira investiga de dónde vienen estos residuos y su posible relación con la mafia italiana –el país transalpino fue la potencia colonizadora en Somalia-.



Toxic somalia.jpg



Moreira retoma las investigaciones de Ilaria Alpi, una periodista italiana de la RAI, que fue asesinada mientras realizaba su trabajo en Mogadiscio, allá por 1994. Aunque ya por aquel entonces cada reportero llevada detrás de sí un equipo de al menos dos hombres armados a modo de protección, las comunicaciones eran en aquellas fechas más fáciles que ahora y Alpi se movió por el país entrevistando señores de la guerra, políticos y militares. Tanto se movió que probablemente alguien decidió quitarla de en medio.  

Imagen de Ilaria Alpi, extraida de la web que lleva su nombre
y que cada año concede un premio de periodismo:
Alpi fue asesinada el 20 de marzo de 1994, en lo que las autoridades consideraron un acto de violencia más de los muchos que sucedían en el país. Lo curioso es que su muerte se produjo justo un día después de haberse acercado demasiado al tema de los residuos tóxicos. Además, sus padres hablan de muchas lagunas en la información que recibieron y de algunas otras incongruencias en el caso (el periodista Michael Maren, que la conoció 45 minutos antse de su muerte, pero que ha dedicado mucho tiempo a investigar sobre ella, explica con todo lujo de detalles las horas previas y los días posteriores a su asesinato). 

Más allá de lo que pudieran ser consideradas teorías conspiratorias, la realidad es que en 2009 -15 años más tarde-, Francesco Fonti, ex miembro de la mafia calabresa (pertenecía a los Ndrangheta) luego reconvertido en colaborador de la policía italiana, declaró que Ilaria Alpi y su cámara fueron asesinados porque habían visto –¿quizás filmado?- los residuos tóxicos que su organización, la Ndrangheta, estaba tirando en Bosaso, al norte de Somalia. 

No se sabe –quizás nunca lo sabremos- si esto es real o no, pero sí sabemos que justo en el momento de su muerte, Alpi estaba investigando un caso de tráfico de armamento y deshechos ilegales en los que, creía, podía estar implicado el propio ejército italiano.

Así lo explican en el documental que este domingo emitió TVE:

Para ayudar al desarrollo de la pesca en Somalia, el  gobierno italiano había regalado barcos a una empresa llamada Siffco. Pero estos barcos no parecían pescar mucho. Hacían viajes de ida y vuelta a Europa y en Somalia estaban bajo el control de un grupo armado”.  En uno de sus viajes, alguien le informó de que debía ir a Bosaso si quería saber lo que estaba ocurriendo. En Bosaso, Ilaria realizó muchas entrevistas, una de ellas con el líder de uno de los grupos armados de la zona, Bogor Moussa. Cuando le preguntó si podía ver el barco, el que teóricamente se utilizaba para la pesca, Moussa le respondió así:
-“¿Para qué quiere verlo? ¿Es una espía? Coja la información y váyase.


Al día siguiente de esta entrevista, Ilaria Pinera asesinada. La noticia conmocionó a toda Italia, provocando que periodistas, abogados e incluso miembros del Gobierno comenzaran decenas de investigaciones en el país. Así se descubrió la existencia de un verdadero mercado de residuos tóxicos (que pueden ser químicos, nucleares… ) En el documental explican que la Justicia italiana sacó a la luz una de estas redes de envío de residuos al tercer mundo, aunque es casi seguro que no fuera la única, ni la más importante. Y cuentan cómo, el pago por los vertidos a los somalíes se realizaba muchas veces en especies, es decir, en armamento. Situación que explicaría, por ejemplo, de dónde sacaban las armas los primeros piratas somalíes.

Por supuesto, esto es ilegal, además de inmoral, pero es un jugoso negocio en el que hay muchas partes implicadas. Una trama, imagino, como las de tráfico de drogas o personas, pero de la que se habla muchísimo menos. Por eso me alegra tanto ver este documental en TVE. Y por eso es importante que siga habiendo periodistas como Ilaria Alpi y Paul Moreira.

PD: Todo esto, el tráfico de armas, el vertido ilegal de residuos, los asesinatos… Parece de ciencia ficción, -a mí también-, pero lamentablemente no lo es. Recordemos que, sin ir más lejos, hace pocas semanas la policía arrestó a varias personas, españolas, por el intento de vender helicópteros de combate a Irán y Venezuela. Y los tenían, en piezas, al ladito de nuestras casas, en polígonos de Madrid y Barcelona. De película, ¿verdad?

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Albertina Sisulu, en un retrato de los años 50
© Mayibuye Archives, Photo by Eli Weinberg
Una de las nuevas carreteras que salen del aeropuerto Oliver Tambo hacia el centro de Johannesburgo, la R21, se conoce como “Albertina Sisulu Freeway”. Ayer, la mujer que dio nombre a la autopista murió a la edad de 92 años. Se trataba de Albertina Tetiwe, (después conocida como Sisulu tras tomar el apellido de su marido), una de las mujeres más importantes de la larga lucha contra el Apartheid.  


La casa de Albertina y Walter era como mi hogar. De hecho, durante varios meses, a principios de los 40, lo fue literalmente, ya que no tenía otro lugar al que ir. Siempre estaba llena de gente y continuamente se oía hablar de política”. Así recuerda Nelson Mandela la casa que los Sisulu tenían en Orlando y que, antes de la prohibición definitiva del CNA (Congreso Nacional Africano), sirvió de base de operaciones para los miembros del partido.

Nacida en 1918, en el Transkei, Albertina, la segunda de cinco hermanos, quedó huérfana muy joven y después de varios años ayudando a cuidar de la familia, decidió marcharse a trabajar como enfermera en prácticas a Johannesburgo, al Hospital para ‘no europeos’, como se conocía entonces a los que sólo atendían a negros.

En 1944 se casó con Walter Sisulu, el que sería líder del CNA y compartiría largos años de prisión junto a Mandela. Ese día, durante el enlace, alguien le recordó: “Albertina, ¿eres consciente de que te has casado con un hombre ya comprometido?. Walter se casó con la política mucho antes de conocerte”.  Ella lo sabía mejor que nadie, pero nunca le importó.

Hasta entonces, Albertina no se había comprometido demasiado con la política, pero su trabajo de enfermera ambulante por distintos townships de la ciudad le hacía ver de primera mano las profundas injusticias de la Sudáfrica del Apartheid. Y tardó poco en entrar activamente en la lucha contra la segregación, integrándose en la Liga de Mujeres del CNA. Defensora a ultranza de la importancia de la enseñanza, no se cansó de decir que era clave “educar a las mujeres, porque ellas son las que más sufren, y sus hijos con ellas”.

Albertina Sisulu participó en la formación de la Federación de Mujeres de Sudáfrica en 1944, ayudando al lanzamiento de lo que entonces se llamó la Carta de Derechos, una serie de exigencias del ANC paraun cambio político. Al mismo tiempo, dirigió las manifestaciones y marchas que se oponían a la Ley Bantú -por la cual se establecía una educacion separada y, por supuesto, de mucho menor nivel para los negros (1953)- y lideró las protestas de las mujeres contra la exigencia de que éstas llevaran sus pases.



"Nunca tuve una vida cómoda"
En casa, era ella la encargada del sustento de la familia  porque su marido Walter, vivía única y exclusivamente para el partido. En 1964, Walter Sisulu –al igual que Mandela- fue condenado a cadena perpetua y enviado a la prisión de Robben Island. Ella fue condenada a arresto domiciliario durante 10 años. “En todos aquellos años, nunca tuve una vida cómoda”, pero “esos fueron los peores”, recordó en una ocasión. Estaba sola con sus cinco hijos, y continuamente entrando y saliendo de prisión.
Fuente: SA History

 En 1989 consiguió permiso para dirigir una delegación que visitó varios países del mundo y que le permitió mantener reuniones con líderes como Margareth Thatcher y George Bush. Además, en Londres participó en un multitudinario mitin Anti Apartheid, coincidiendo con la visita del presidente sudafricano, Frederick de Klerk. 

Para entonces las cosas empezaban a cambiar en Sudáfrica: ese mismo año, en octubre, se retiraron las restricciones contra ella y Walter fue por fin puesto en libertad. Comenzaban la Transición sudafricana y Albertina siguió trabajando por el futuro de su país. En las primeras elecciones libres, celebradas en 1994, fue elegida parlamentaria, puesto que conservó durante cuatro años, al igual que Mandela.

A partir de entonces se retiró de la vida pública, a la que volvía puntualmente para tratar temas sociales. En 2006, cuando se celebrara el 50 aniversario de la Marcha de las Mujeres en Pretoria, quiso dejar claro su mensaje: “Todavía quedan muchas dificultades en nuestro camino”.

Si España sólo pudiera pescar en sus propios caladeros, a estas alturas del año ya nos habríamos quedado sin pescado para todo 2011. Sin embargo, apoyados en los Acuerdos de Pesca que firma la Unión Europea, nuestros barcos extienden sus redes por buena parte del planeta sin reparar en los daños. En África, el abuso está provocando la sobreexplotación del mar y la runia de los pescadores artesanales. Gracias a Greenpeace y la campañao Voces, hemos conocido más de cerca esta situación.

Barco faenando en las aguas de África Occidental. Foto: Greenpeace

 Senegal es un país de una antiquísima tradición pesquera, donde el oficio se ha ido transmitiendo de familia en familia y donde ser pescador era todo un orgullo. Hoy en día, en cambio, la profesión no da apenas para alimentar a la familia y los riesgos a los que se enfrentan los pescadores son cada vez mayores. “No pienso en mí, sino en la generación futura”, explicaba este martes en Madrid, en la sede de Greenpeace, Abdou Karim Sall, presidente del Comité de Reservas Marinas de África Occidental y representante de una de las muchas asociaciones de pescadores del país. “Nosotros no tenemos petróleo ni diamantes; nuestro único oro es la pesca y también nos la estáis quitando”, decía visiblemente enfadado antes de comenzar a explicar su situación.


Una situación que empeora cada día debido a la explotación extranjera y la disminución de capturas para los pescadores locales. Una mañana tras otra, los pescadores artesanales se echan a la mar para ver cómo, irremediablemente, terminan pescando menos que el mes anterior, que el año anterior. Esto se debe tanto a las ingentes cantidades capturas por barcos extranjeros como a las técnicas que estos utilizan, entre ellas la del arrastre, que destruye el fondo marino haciéndolo inhabitable para muchas especies. Además, provoca que los peces se mantengan cada vez más alejados de las costas, lo que no hace sino dificultar las posibilidades de pesca.

Pescadores tradicionales recogiendo sus bártulos después de un día de trabajo. Foto: Greenpeace

Karim, de 45 años, proviene de una familia de pescadores y durante un tiempo trabajó en barcos europeos –es muy habitual que tan sólo una pequeña parte de la tripulación sea del país de origen de la embarcación-, donde se sorprendió de la enorme cantidad de capturas y descartes. Tras ver con sus propios ojos lo que suponía esa aberración, decidió dejar los barcos industriales. Hoy es uno de los portavoces de la campaña Voces de África, con la que Greenpeace intenta concienciar a los gobiernos europeos, y a la propia UE de la amenaza que la sobrepesca supone para los océanos y el futuro de nuestro planeta.La organización ecologista no se opone a la pesca, pero denuncia que la Unión Europea captura en la actualidad entre dos y tres veces más de la cantidad que sería razonable para asegurar la sostenibilidad de los recursos pesqueros.

Uno de los motivos de la emigración

En el oeste africano, la sobreexplotación provocada por los enormes barcos pesqueros ­–más de dos tercios de los 154 arrastreros de la UE son españoles- no ha afectado sólo a las cantidades de pescado disponible sino que ha contribuido, directamente, a empeorar la situación financiera de los pescadores.  Tal y como explica Abdou Karim Sall, además de esquilmar los recursos, los grandes barcos destruyen en ocasiones sus redes, lo que ha obligado a más de un compañero suyo a endeudarse para comprar otras,  entrando en un círculo vicioso en el que las deudas no dejan de engordar.

De hecho, la falta de expectativas de los jóvenes, que han crecido viendo cómo las posibilidades de ganarse la vida con la pesca eran cada vez menores, ha sido una de las causas del aumento de la emigración con destino a Europa.  Son lo que algunas ONGs, como EcoDesarrollo Gaia, han comenzado a llamar ‘eco-refugiados’: pescadores expulsados del mar que se vieron abocados a la emigración.

En Mauritania, la historia es otra, pero las consecuencias, las mismas. Tradicionalmente, los mauritanos vivían de lo que la tierra y los animales les daban, pero años y años de interminable sequía les han hecho mirar hacia el mar. Y entonces, se han dado cuenta de que sus recursos también se están agotando.

La realidad es que esta pesca no es, de momento, ilegal, sino que se basa en Acuerdos firmados entre la UE y los países africanos en los que se establecen determinadas cuotas y compensaciones y que incluso en ocasiones van ligados a ciertas mejoras en materia medioambiental o de cooperación. ¿Cuál es el problema entonces? Para empezar, que no existe un control claro, ya que no hay una organización regional de pesca que gestione los recursos de las aguas territoriales africanas. En segundo lugar, y probablemente más importante, que las partes que firman estos acuerdos se basan en cualquier cosa menos en criterios de sostenibilidad pesquera; por ejemplo, intereses políticos, dádivas en forma de Ayuda al Desarrollo, presiones comerciales…  Por último, tal y como explicaba el Presidente del Comité de Pescadores de Nouadibú, Ahmadour Ould Beyih, que “los responsables administrativos conocen muy mal el mar. Los firmantes son personas que no se han subido nunca a un barco y a los profesionales no se les escucha”.
Acuerdos de pesca responsables

¿Qué haría falta para que los acuerdos de pesca fueran responsables? Antes de hablar de acuerdos, responde Karim Sall, habría que ver si realmente estos países tienen excedentes y que lo certificasen observadores fiables. Luego, habría que poner a los pescadores sobre la mesa, no ignorarlos, como se viene haciendo hasta ahora. Ould Beyih, por su parte, lo tiene claro: “Prefiero que no se haga nada, que no nos ayuden. Simplemente que se lleven su dinero y nos dejen con nuestra pesca”, pero si no hay otro remedio, aboga por ofrecer formación e información a los pescadores; que existan posibilidades de reconversión para dejar así que el mar se regenere.

Entra en liza aquí la otra cara del problema: la de la sostenibilidad de los recursos. Porque la cuestión no es sólo la subsistencia de los pescadores africanos, sino la de los propios bancos pesqueros. Como recuerda Paloma Colmenarejo, responsable de la Campaña Océanos de Greeenpeace, “la Unión Europea no debería exportar su sobrecapacidad fuera de sus fronteras marítimas, sino evolucionar hacia prácticas pesqueras más sostenibles”. Porque si no se pone freno a las capturas, en las aguas africanas sucederá lo mismo que en las europeas y dentro de poco ni unas ni otras serán suficientes.

Publicado originalmente en Gea Photowords

La emisora somalí Radio Shabelle sobrevive a pesar del asesinato de cinco de sus periodistas, en un país donde la guerra dura ya dos décadas. Su empeño por seguir informando en medio de la anarquía de Mogadiscio fue  recompensado hace unos meses con el galardón a la Libertad de Información, otorgado por Reporteros Sin Fronteras.  

 Aurora M. Alcojor

Cuando ser periodista se convierte en misión imposible, cuando cualquier información es susceptible de ser tachada de ‘peligrosa’ por un bando o por otro, cuando has visto morir a cinco compañeros tuyos simplemente por realizar tu trabajo, entonces lo más fácil sería dejarlo todo, bajar la cabeza, acatar las órdenes y emitir lo que te mandan. Sin embargo, es en momentos como esos cuando surgen periodistas dispuestos a seguir trabajando para contar lo que pasa y denunciar las atrocidades.

Es el caso de los reporteros de Radio Shabelle, una de las principales emisoras de Somalia y una de las pocas fuentes de información fiables que quedan en el país. Hace unos meses –en diciembre de 2010-, su trabajo, ese trabajo silenciado de los últimos años, se vio recompensado con el galardón que desde hace casi dos décadas ofrece Reporteros Sin Fronteras: el premio a la ‘Libertad de información’.


 “Es un honor recibir este premio”, dijo emocionado Ali Abdi, jefe de Relaciones Internacionales del conglomerado Shabelle Media, al recoger el galardón en París. “Es un reconocimiento no sólo para nuestro trabajo, sino para el coraje de todos los periodistas somalíes y la población civil”. Un merecido premio después de un año trágico, el de 2009, en el que fueron asesinados cinco de sus reporteros, todos ellos por disparos de bala, a sangre fría. “No nos dejaremos intimidar. Estamos decididos a continuar nuestro combate por una información independiente y por el respeto de los derechos humanos”, recalcó ante las cámaras.


Una de las periodistas de Radio Shabelle. Fuente: Politiken


Efectivamente, esta radio se esfuerza por sobrevivir en medio del caos de un país en el que prácticamente desde 1991 no existe un gobierno estable, y de una ciudad, Mogadiscio, donde el poder va por barrios. Y por días. Tanto que, de hecho, el pasado mes de junio la emisora tuvo que interrumpir su trabajo durante más de dos semanas, tiempo que aprovechó para trasladar sus instalaciones fuera de la zona controlada por las milicias armadas, de corte islamista. El director de la emisora aprovechó entonces para reafirmar su independencia, respondiendo así a los rumores que les sitúan al servicio de la Misión de la Unión Africana en Somalia (fuerzas de paz compuestas por miembros de los ejércitos de Uganda y Burundi y a las que muchos consideran un ejército de ocupación). Estos soldados tienen la misión de apoyar al frágil gobierno somalí, que representa en sí mismo hasta qué punto el país se ha convertido en un Estado fallido. Con un ejecutivo sin apenas poder para actuar más allá de las calles de Mogadiscio y un Parlamento con la mitad de sus miembros viviendo en el extranjero sería más justo decir que Somalia, el lugar más peligroso del mundo, ha dejado de existir.

La realidad es que el país se encuentra dividido, de facto, en cuatro zonas bien diferenciadas. Al norte está Somalilandia –ex colonia británica-, que funciona de forma independiente y cuya aspiración es convertirse en un Estado propio; un poco más al este se encuentra Puntlandia, también autoproclamado independiente, a pesar de que sí fue parte de la colonia italiana en la zona; al Sur tenemos la zona dirigida por Al Shabab,  considerado un grupo terrorista por Occidente; y finalmente, la zona centro del país y Mogadiscio, donde el Gobierno se disputa el poder con diversos grupos armados.

En medio de esta anarquía, se estima que, tan sólo en 2010, los diversos grupos armados islámicos se hicieron con el control de unas 10 estaciones de radio, utilizándolas para emitir su propaganda política y visiones religiosas. Además, en las zonas controladas por las milicias, éstas imponen restricciones de todo tipo, que pueden ir desde la prohibición de ver y/o emitir partidos de fútbol a la elección de la música y, por supuesto, el tratamiento de temas políticos. De hecho, Radio Shabelle ha sido ‘prohibida’ en numerosas ocasiones y sus periodistas siguen recibiendo amenazas, físicas y verbales, de manera continuada. Pero en una realidad como la de Somalia, no hay a quién recurrir para exigir justicia. Si, como dijo alguien, en una guerra la primera víctima es la verdad, en Somalia, donde el conflicto dura ya 20 años, la verdad y quienes intentan contarla están en el punto de mira de todos los combatientes.

Poco importa que precisamente este año se cumplieran dos décadas de la Declaración de Windhoek, (Namibia) que promovía una prensa independiente, plural y libre para ayudar al desarrollo africano y que sirvió para establecer el 3 de mayo como el Día Mundial de la libertad de Prensa.  Veinte años después, la realidad es que, tal y como escribe Omar Faruk, presidente de la Federación Africana de Periodistas, “el clima de impunidad por los delitos contra los periodistas que cuentan la verdad, exponen la corrupción y la inestabilidad política constituye la mayor amenaza a la seguridad de los periodistas en África”.

La situación de la pena de muerte en África

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El año pasado, Togo y Burundi se unieron a los estados que abolieron este castigo, mientras que Gambia extendió su aplicación. Olawale Fapohunda habla para IPS News sobre la situación en Nigeria, recordando especialmente que uno de los mayores problemas es la falta de abogados defensores para los más pobres. Fuente: IPS News

Khad, la droga que enloquece al África más pobre

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El consumo de khat es una de las tradiciones más arraigadas de este país árabe, y lo ha sumido en un complejo debate. Entre un 50 y un 80% de la población masculina masca esta planta, de efecto similar al de las anfetaminas, sobre la que hay un entramado de devoción y crítica. (...) "Es una práctica suicida. Está destruyendo nuestra sociedad. Están agotando las reservas de agua y obligándonos a importar comida, porque lo único que se planta es khat. Hemos pasado de producir entre 1,5 y 2 millones de toneladas de grano al año en la década de los 60 y los 70 a menos de medio millón", explica el ministro de Irrigación, Abdul-Rahman al-Iryani. (...) Este comercio multimillonario extiende su influencia a países vecinos como Etiopía, Yibuti, Somalia o Kenia. El mismísimo Banco Mundial estimó, en 2007, que Yibuti gastaba anualmente hasta 200 millones de dólares en importar miles de toneladas del excitante vegetal. Fuente: Javier Espinosa / El Mundo

Objetivo: erradicar la malaria

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Pasar del control a su erradicación. Éste es el objetivo de MAlERA (siglas en inglés de 'Malaria Eradication Research Agenda'), un proceso consultivo con más de 250 científicos internacionales que pretende establecer una agenda de investigación y desarrollo para la eliminación de la enfermedad.

El inconcluso proyecto para atravesar África por ferrocarril

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El imperio británico de finales del S.XIX se extendía desde el mar Mediterráneo hasta el cabo de Buena Esperanza. Todos los mapas coloniales de esos años marcaban una línea continua desde Sudáfrica hasta Egipto con las colonias británicas, el objetivo era convertir esa línea en una vía férrea. Así quería Gran Bretaña crear su Imperio Vertical, para hacer frente al Imperio Horizontal que Francia anhelaba concluir, unir las costas del Atlántico con las del Índico. Foto: Cecil Rhodes, el impulsor del proyecto. Fuente: En la Trébede

Fallar al estado más fallido del mundo

Fallar al estado más fallido del mundo

El dinero que la comunidad internacional inyecta en Somalia mantiene vivo el conflicto en el país. Los fondos que deberían destinarse a mejorar la situación, solo sirven para subvencionar a un Gobierno corrupto y financiar indirectamente a los rebeldes. Texto y fotos: J.M. Calatayud. Publicado en Foreign Policy

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