Guinguinbali

Archivos Abril 2011

Realistas pero con humor; irónicos y con transfondo social; divertidos pero con afán didáctico: así son los cómics que se hacen en la República Democrática del Congo. ¿Cómics? Sí: cómics, viñetas y tebeos, historietas en definitiva que sus autores publican dónde y cómo pueden. En Congoy en el resto del continente. A falta de un sector editorial establecido, de una verdadera red de distribución y de puntos de venta –librerías-, los dibujantes se han sumado al carro de la autoedición y a las colaboraciones con revistas y periódicos. 

Entre los más destacados, se encuentra el colectivo Kin Label, que periódicamente publica la revista del mismo nombre, Kin Label Magazine, de la que ya llevan más de una quincena de números publicados. Son en total veinticinco páginas en blanco y negro, con una portada a color, en la que participan cinco autores invitados con otras tantas historias.

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El coordinador de la publicación es Jason Kibiswa, un joven que a sus  28 años ya cuenta con una larga trayectoria en el mundo de la Bande Dessinée. Nacido en Bukawu, al este del país, cuando todavía se denominaba Zaire, Jason creció, como todos, influenciado por las historias de Tintín –por cierto, acusadas de racismo-, Asterix , Lucky Luck… Y con ellas nació su pasión por el cómic. Pero no sería hasta su llegada a la Universidad, ya en Kinshasha, cuando comenzaría a hacer sus pinitos en este mundillo. Hoy publica en periódicos y revistas nacionales e internacionales.

Jason Kibiswa.jpg Y para dar visibilidad a lo que hacen, el año pasado celebraron la primera Feria Internacional del Cómic y la animación en Kinshasha, la capital congolesa. Allí se presentaron los trabajos de autores congoleses y de otras partes de África y también se dieron cita diseñadores extranjeros interesados en conocer lo que ofrecen desde África y asistir y participar en talleres y conferencias.

Orígenes

Aunque exista desde mucho antes, el cómic africano ha comenzado a tomar fuerza a principios de este siglo, hacia el año 2000. Desde entonces, se ha producido una eclosión, lenta pero constante, de ilustradores, viñetistas y dibujantes por buena parte de los países del continente.

En un principio, este resurgimiento se produjo a raíz de pequeñas iniciativas, en sí mismas poco importantes, pero que han ido tejiendo una importante red que se retroalimenta entre unos países y otros. Entre estos iniciadores se encuentran, por ejemplo, Afrobulles, una asociación creada en 2002 en la que participa un amplio colectivo de creadores y que tiene por objetivo "promover la cultura africana a través del cómic y, a la vez, hacer que Europa conozca los trabajos africanos".
 Afrobulles image.jpgAntes habían surgido otras organizaciones, como Acria, que ya en 1991 organizó elAffiche-FESCARHY.jpg primer Salón de la Bande Dessiné et de la Lecture pour la jeunesse; o Irundel, en Camerún, que cada verano celebra la "Fescarhy" ( Festival International de la Caricature et de l'Humour de Yaoundé). Camerún es precisamente otro de los lugares donde más en boga está este fenómeno del cómic, y desde allí escribe Yannick, un autor de Bande Dessinée que desde su blog AfrikaBd, da a conoer la historia del 'Noveno arte' en su continente, a través de entrevistas con otros autores, reseñas de sus trabajos e información general sobre todo lo que pasa en el continente.

Y continuando con lo que parece ser una cierta herencia de los países francófonos, Argelia fue uno de los últimos en subirse a este carro, pero lo ha heho con más fuerza que ningún otro y el Festival del Cómic de Argelia (FIBDA), que celebró su primera edición en 2008, se ha convertido ya en un referente internacional par el diseño que viene de África.

Este año se celebra del 5 al 8 de octubre y tiene como lema "Bulles sans frontières" (Bocadillos sin fronteras). Seguro que da mucho que dibujar. 

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Textos relacionados: Entrevista a Ramón Esono, dibujante de cómics ecuatoguinenano.
Sigue la fiesta. Mientras en Finlandia -ese país que tantas veces hemos tomado como ejemplo- un partido xenófobo obtiene el 19% de los votos, Francia e Italia juegan a lanzarse inmigrantes a la cara ante el silencio del resto de países, no vaya a ser que les caiga alguno por hablar.

La situación es la siguiente. Ante la llegada de decenas de miles de inmigrantes procedentes del Norte de África a las costas italianas, Roma se sacó de la manga un permiso de residencia temporal, con una validez de seis meses, por el cual los inmigrantes se convertían en legales de la noche a la mañana. Encomiable, ¿verdad?

Quizás no tanto. Obviamente, Italia sabe que el destino final para los tunecinos es Francia, así que nada mejor que legalizarlos por la vía rápida y facilitarles el viaje a París. El objetivo es que salgan de Italia tan pronto como sea posible.

Francia, que ya el verano pasado nos dió un claro ejemplo de lo que es capaz, ha dicho que por encima de su cadáver. "No pensamor padecer una oleada de inmigración económica procedente de Túnez", dijo ya a principios de abril el ministro del Interior, Claude Guèant. Así que ayer se dedicó a bloquear la entrada de trenes procedentes del país vecino -o sea, se pasó por el forro la libre circulación de personas establecida por la UE- alegando "riesgos de orden público".

Esto es Europa. Hace 70 años, en un contexto de profunda crisis económica, se exacerbó el nacionalismo y surgieron los fascismos. ¿Cómo vamos a afrontarlo ahora?


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La Unión Europea se lava las manos ante la llegada masiva de inmigrantes a Lampedusa mientras que Italia intenta a la desesperada deshacerse de ellos. He aquí la historia. 

Escenario: Lampedusa, isla italiana. 20 kilómetros cuadrados, 5.500 habitantes. A tiro de piedra de Túnez y Libia.

Primer acto: 20.000 inmigrantes ¿o refugiados? han llegado a las costas desde el mes de enero. Centenares han perdido la vida en el trayecto. Durante semanas, Berlusconi les ha dejado amontonarse en la isla, que tan sólo cuenta con un centro de atención, hasta provocar la reacción popular y la ira de los vecinos. Le sirve para desviar la atención de sus múltiples procesos judiciales. Y para aparecer como salvador ante su pueblo: una mañana se presenta en la isla, promete que en 60 horas solucionará el problema y esa misma tarde buques y aviones comienzan a evacuar inmigrantes. No se sabe muy bien adónde.

inmigrantes-desembarcado-lampedusa_1_614832.jpg[Inmigrantes a su llegada a Lampedusa. Foto extraida de Globedia]

Acto Segundo: Italia mira a sus vecinos pero sólo consigue que  Francia, preocupada porque se sabe el destino final de los tunecinos, acuerde una cumbre bilateral. No se sabe para cuándo.

Acto Tercero: Italia  acude la UE. Reunión de ministros de Interior a los que pide que ‘se repartan los inmigrantes entre todos’. Como buenos hermanos. El resto, claro, dice que no. (Si fuera al contrario, Italia haría lo propio). Dicen que hay que cerrar las puertas, no vayamos a provocar un efecto llamada. Rubalcaba, el mismo que afirma que no existen las redadas contra inmigrantes, dice alto y claro: “los que están en Túnez, estrictamente son inmigrantes ilegales. Es decir no tienen derecho a asilo. Los inmigrantes ilegales tiene que volver a sus países de origen”. Pero la UE sí toma una decisión: Durao Barroso viajará a Túnez, para exigir al país más control migratorio. Si no, ya se pueden ir olvidando de las ayudas prometidas.

Moraleja: Otra vez hablamos de democracia, de ayudar al pueblo, de proteger a los civiles… Ay, pero desde lejos. Aquí que no entren. O se quedan sin la pasta. Y allá ellos su transición. Que nadie les pidió que hiciesen la revolución. De nuevo, la UE – todos y cada uno de los países miembro- se comporta de manera indigna, bochornosa e hipócrita. Como con la Directiva Europea de la Vergüenza; la Valla de Melilla, la de Grecia  y tantas otras ocasiones.

¿Se imaginan el desenlace?


Un libro dedicado al coronel Aureliano Buendía, “que promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos”, sólo puede destilar optimismo y perseverancia. Y así es precisamente el que acaba de publicar Chema Caballero, titulado con la curiosa frase de ‘Los hombres leopardo se están extinguiendo”; una sentencia que si por un lado es metafórica por el otro no deja de describir una realidad muy palpable estos días en Sierra Leona.

Aurora M. Alcojor

Efectivamente, el titular hace referencia a la transformación que vive África y a la dicotomía entre tradición y modernidad que viven especialmente los jóvenes. Esos chicos que sólo muestran interés por el rap o el hip hop o cualquier cosa que venga de fuera, y que no quieren saber nada de sus ritos e iniciaciones. Según la tradición, los “hombres leopardo” eran los más fuertes de la sociedad secreta más importante de Sierra Leona, y se dice que tenían la posibilidad de transformarse en leopardo, lo que naturalmente iba muy unido al poder, a la fuerza y  a la magia negra.  “Hoy quedan ya muy pocos y aunque generalmente son muy respetados, nadie quiere ya seguir sus pasos”, cuenta el autor.
 
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¿Y de qué va el libro? Pues de lo que el autor “ha oído y ha visto vivir” en los últimos 18 años en este país africano. De los chicos que han conseguido reinsertarse en sus aldeas después de ser feroces niños de la guerra, de las señoras que no aceptan ir a clase si no es con uniforme –“porque así todos sabrán que nosotras estudiamos”-, de los buenos negocios que se puede uno montar si se dedica a pasar yamba a Guinea Conakry y de lo importante que es tener unas zapatillas “británicas, que no chinas”, si quieres ser un tío importante en el pueblo.

De la vida misma, en fin, utilizada para tratar de manera transversal una realidad dificilísima de explicar a los que la vemos desde lejos. Así, a través de las historias y los diálogos de sus vecinos vamos conociendo lo difícil que es convivir en el pueblo en el que tanto daño causaste; la frustración que se siente cuando alguien te dice, muy solemnemente, que los “culpables de la guerra serán castigados” y luego ves que se quedan con el dinero de la cooperación; del problema de la drogas, de las ganas de emigrar, de la invasión china… O, por ejemplo, de lo importante que es para lo jóvenes “hablar americano”,  jugar en el equipo de fútbol, tener dinero para la dote –por si dejan a alguna chica embarazada y hay que casarse rápido-, poseer el últimomodelo de móvil o, por supuesto, conseguir una moto.

Porque si tienes una moto, entonces estamos hablando de cosas mayores. Y es ahí cuando Chema Caballero aprovecha para recordar el ingenio y la capacidad emprendedora que tienen en África. Especialmente jóvenes y mujeres –los verdaderos motores del cambio, dice el autor-. Para ellos, casi cualquier cosa puede convertirse en negocio y esto, sumado a la educación, que –todavía muy lentamente- se va extendiendo por el país, hace que vayan cambiando las cosas. Para mejor, claro. Y sólo así los jóvenes podrán superar la brutal dicotomía entre tradición y modernidad a la que se enfrentan cada día.

Aunque las cosas sólo cambiarán de verdad cuando sea posible la máxima que hace ya más de tres décadas escribió Leopold Shengor, poeta y padre de la independencia senegalesa: “Cuando las historias de los leones ya no sean contadas por cazadores furtivos, sino por los propios leones, entonces África conocerá su verdadera historia e Independencia”.


PD1: En el libro también habla, mucho y de manera muy crítica, de las ONGs, -de las locales, las españolas y las multinacionales-. Es muy interesante lo que cuenta y los cambios que propone. Pero eso lo dejo para otro día.



“Todavía no ha llegado el momento de las revoluciones
 en el África subsahariana”.


Ha pasado casi dos décadas en Sierra Leona y dice que apenas conoce África. Participó como experto en menores soldado durante el juicio a Charles Taylor y lo único que tiene claro es que las víctimas todavía siguen esperando que alguien las escuche. Es misionero javeriano y miembro de la ONG DYES, pero está convencido de que la Ayuda es sólo un parche: “hay que cambiar el sistema” repite siempre que tiene ocasión. De momento, cree que no ha llegado el momento de las rebeliones, pero, en cambio, sostiene que ya está en marcha la "revolución de la moto". Chema Caballero acaba de publicar Los hombres leopardo se están extinguiendo, un libro que sorprende y gusta porque no está hecho para contar su experiencia, sino para explicar lo que ha escuchado y ha “visto vivir” durante este tiempo.


Por: Aurora M. Alcojor


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 Sierra Leona vive momentos de estabilidad, pero la ausencia de guerra no es sinónimo de paz. ¿Cómo puede afectar la situación de Costa de Marfil?

 Bueno, el problema es toda la zona, Burkina Faso, Guinea, Costa de Marfil… y el miedo de que resurja la chispa siempre está ahí. Porque las causas remotas de la guerra (desigualdades, privilegios, falta de educación…) siguen existiendo igual que cuando comenzó [en 1990]. De hecho, el único cambio es que ahora los jóvenes son más conscientes de ellas porque han visto que nadie les protegió y han escuchado hablar de Derechos Humanos, han recibido algo de educación… Incluso ahora mismo me encuentro con jóvenes que se enfrentan con los líderes tradicionales, algo que hace unos años era totalmente impensable. Este es un paso muy positivo, pero a la vez, crea más frustración. Si no conoces nada, no eres consciente de tu pobreza, pero ahora son muchos los que han visto que es posible vivir de otra manera.

 ¿En qué consiste exactamente vuestro trabajo en Sierra Leona, ahora que ya han pasado casi 10 años desde el fin de la guerra?

Trabajamos en una zona de selva en la que hubo muchos niños y niñas soldado que no pasaron por ningún centro de ayuda. La idea era trabajar con ellos directamente en sus aldeas y fue al estar en su día a día cuando nos dimos cuenta de que era necesario trabajar también con las víctimas de estos niños. Si tienes un centro en el que sólo hay niños soldados, puedes volcarte en ellos, pero en este caso, tenía que ser algo mucho más amplio. Además, estamos intentando también dar oportunidades a los que vienen detrás, centrándonos siempre en la educación. El objetivo es que ellos mismos vean sus problemas y busquen soluciones, mientras nosotros les damos las herramientas necesarias. Aunque en el fondo lo que hacemos es poner parches. Podemos salvar la vida de cinco, quinientos, cinco mil niños, pero el problema está aquí [en España, en el Norte], tenemos que cambiar las estructuras.

 

¿Qué errores están cometiendo las ONG’s y las grandes organismos, como las agencias de Naciones Unidas?

Yo soy muy crítico, pero no son las ONGs las que funcionan mal. Lo que está mal es el sistema y muchas organizaciones se han convertido en parte de este sistema. Pocas veces se critica la estructura y ¿por qué? pues porque nadie muerde la mano que le da comer. Yo parto de la que la ayuda internacional sigue siendo necesaria, pero hace falta una revisión. El problema es que, en el fondo, todos somos parte de esto.

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¿Cuál es el principal problema de la Ayuda?

Entre otras cosas, que a veces se nos olvida el impacto social. El organismo financiador exige resultados cuantificables y no se preocupa de otras cosas. Por ejemplo, cuando comenzamos a trabajar con mujeres que fueron esclavas sexuales durante la guerra, ellas mismas se dieron cuenta de que no podían ir a los talleres clase porque no tenían con quién dejar a los niños, y pidieron una guardería. Conseguimos construirla a pesar de todos los problemas, pero mucho más importante que el número de niños a los que atendíamos, fue que otras mujeres quisieron también llevar a sus hijos a la guardería, porque eso les daba tiempo para ellas mismas: ya fuera para trabajar, descansar o ir a beber vino de palmera con sus amigas. Este es un impacto muy importante, porque cambia estructuras, pero no es cuantificable.

 

Hablando de mujeres, ¿qué tienen ellas que hacen que el continente se mueva?

Son las más activas, sin duda. Ellas son la fuerza de África, las que llevan adelante la familia y la vida social. Y aunque estén excluidas de los centros de la toma de decisiones, en el fondo son ellas las que tienen la última palabra. Y de eso me di cuenta cuando reintegrábamos a los niños soldado en sus aldeas: los hombres podían dar el visto bueno, pero hasta que el chaval no era aceptado por las mujeres, no había nada que hacer. Muchas veces, me doy cuenta de que, casi sin hablar, sin oponerse abiertamente a los hombres, siempre mostrándose unidas y siendo muy constantes, van transformado la sociedad. Y yo creo que la manera de cambiar de África va a ser así.

 

¿Puede influir de alguna manera el hecho de que en Liberia haya una mujer presidenta? ¿Llega esto a la gente?

Por supuesto que sí. De hecho, yo lo he visto en Sierra Leona. Allí, la presidenta de la Comisión Electoral es una mujer, Christiana Thorpe, -aparentemente frágil pero en realidad llena de carácter,- gracias a la cual las últimas elecciones salieron bien y permitieron una alternativa pacífica de poder. Esto le ha convertido en un referente para otras mujeres. Ellas piensan “yo también puedo estar ahí”.

¿Cómo se vive lo que aquí consideraríamos una grave discriminación?

Mi lema es no juzgar lo que hay, aceptarlo tal y como es. Muchas veces puedes no compartirlo, por supuesto, porque en ocasiones se trata de estructuras de opresión –hacia los jóvenes o las mujeres- pero tienen que ser ellos los que dedican cambiarlo, tú sólo puedes darles ideas.

¿Crees que las revueltas del Magreb se extenderán a África subsahariana?

Bueno, es mi esperanza, pero no creo que haya llegado el momento todavía. De momento, las bases se están poniendo y esto está teniendo una repercusión muy fuerte, pero el África subsahariana tendrá que buscar sus tiempos y su manera. De momento, al menos en los países que yo más conozco, como Sierra Leona o Liberia, no existe apenas clase media y las redes sociales, e incluso Internet, todavía no está tan generalizado.


En cambio, sí hablas de la “revolución de la moto”, ¿en qué consiste?

(Se ríe, reflexiona y comienza la explicación). Bueno, puede parecer una nimiedad pero la generalización de las motos es realmente una revolución: acorta las distancias, permite crear una verdadera red de comunicaciones y genera negocio. Por ejemplo: si una mujer está a punto de parir, siempre hay una moto para llevarla al hospital; ahora las mercancías llegan hasta donde antes era imposible; y además, es un negocio en sí mismo. El sueño de muchos de estos chicos es tener una moto, porque con ella pueden ir a la ciudad a comprar productos en grandes cantidades y luego venderlos en el pueblo. Y a su alrededor han surgido los que venden gasolina, los que arreglan las motos, los encargados de las ruedas... Kapuscinsky hablaba de la revolución de los bidones de plástico, que facilitaban mucho el trabajo frente a las vasijas tradicionales. Pues esto es un poco igual.


En el libro cuentas que, a veces, los jóvenes están tan obnubilados con la posibilidad de irse fuera o de montar un negocio rápido que no piensan en ‘la revolución’.

Ahora mismo, el que tiene una oportunidad, piensa en enriquecerse. La idea es “una vez que me haga rico, haré todo lo posible por enriquecer a mi gente”, en lugar de “a ver qué podemos hacer todos juntos por mejorar la vida de la gente”. 

 

Mencionas el tema del tráfico de drogas en la costa, ¿hasta qué punto es preocupante?

 Bueno, el uso de la yamba, un tipo de marihuana local, es algo tradicional y no preocupante, pero sí ha aumentado muchísimo el tráfico de cocaína. Está llegando por toda la costa y, aunque en el país no se habla mucho en el país de este tema, lo cierto es que sí se han encontrado ya alijos que llegaban en aviones o en barcos. Desde Sierra Leona hasta Guinea Bissau, toda la zona de la costa está repleta de mafias y cárteles que traen la droga desde América Latina. Hay chicos que lo transportan a pie, siempre con la promesa del paso a Europa, por toda la ruta terrestre hasta el norte de África y también por barco. Por supuesto, la policía está implicada, los controladores de fronteras, todo el que puede. Lo peor de todo esto es que cada vez hay más gente de allí que ha comenzado a consumir. Durante la guerra se usó mucho para los niños soldado y hoy todavía hay gente que consume. Obviamente, la droga está de paso pero siempre hay algo que se queda.

 

Chema Caballero es misionero y fundador de la ONG “Desarrollo y educación en Sierra Leona”. El 31 de marzo presentó en Caixa Forum de Madrid su libro ‘Los hombres leopardo se están extinguiendo”.

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