Ahmadou Kourouma y el SILA
Ahmadou Kourouma nació en Costa de Marfil, pertenecía a la etnia Malinké, su protagonista en «Los soles de las independencias» es el viejo Fama, príncipe Malinké, último descendiente de la dinastía Doumbouya, del territorio del Horodougou, la tierra de los malinkés y por la que Fama no puede circular libremente porque tras la colonización europea y las independencias forzadas de las que surgieron los nuevos países africanos, su territorio, el Horodougou quedó dividido en dos repúblicas. Lo inexplicable -se lamenta Fama-, no podía cruzar la frontera sin su tarjeta de identidad, ¿lo había oído bien? ¡¡Fama extranjero en su tierra del Horodougou!!. Fama malvive ahora en la capital del país, no en el centro de la ciudad, en donde se encuentran los inmuebles, los puentes, las calles asfaltadas, todos construidos por manos negras para el disfrute de los blancos. A Fama le gustaría regresar a su pueblo, pero ya nada le espera allí, además han suprimido la jefatura tribal que le pertenecía, las independencias han constituido un comité con un presidente que pertenece al Partido Único, el presidente es un hijo de esclavo, ¿dónde se ha visto un hijo de esclavo mandando? Los malinkés tienen muchas maldades y Alá se cansa de perdonar su malevolencia, muchas desgracias y Alá se agota curándolas, entonces, cuando Alá se niega, cuando el malinké fracasa, se apresura a recurrir al fetiche: hundió el gaznate del gallo, el ave se debatió todavía, trató de alzar el vuelo en vano y cayó patas arriba, ¡patas al aire!, ¡garras abiertas!, sacrificio aceptado.
«Esperando el voto de las fieras» habla, entre otras cosas, de lo que Chabal y Daloz denominan, en su magnífico ensayo «África Camina, el desorden como instrumento político», la africanización de la política, es decir, el ajuste de los modelos políticos europeos importados a las realidades históricas, sociológicas y culturales de África. La tradición negra sostiene que todas las penas que la madre acepta soportar en su matrimonio se transforman en fuerza vital, en valor de éxito para su hijo. Los éxitos de Koyaga (dictador de un país africano y protagonista de la novela) se debían a la magia de su madre legada al hijo. En una de las escenas Koyaga se enfrenta a su adversario político, Fricassa Santos, cuando por fin lo consigue acorralar, un gran torbellino de viento nació de pronto en el centro de la residencia, Koyaga comprendió enseguida que Fricassa Santos se había transformado en viento... Los blancos dudarán de esta versión de los hechos, dirían que había un pasadizo por el que escapó Fricassa Santos, pero ésta es una explicación infantil: el blanco siempre con su necesidad de racionalizar para poder comprender.
Apenas dos esbozos en dos párrafos, la literatura como una magnífica oportunidad para conocer, para comprender, para acercarnos a esta África desconocida. Ojalá que la próxima edición del SILA -Salón Internacional del Libro Africano― sirva para difundir esta narrativa minoritaria, dentro de la actividad minoritaria que es la literatura, porque lo minoritario, no sólo puede ser importante, sino como dice Philip Roth, una apasionante y misteriosa actividad humana.


Pablo Martín Carbajal