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Abril 18, 2012

Mucho más que un golpe de estado

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Bissau es una ciudad con alma. No sé si son sus decrépitos edificios del tiempo de los portugueses, esa pereza del tiempo que en lugar de pasar se desliza en las reuniones improvisadas en las puertas de las casas o la sonrisa despreocupada y a la vez calurosa de sus habitantes. Yo vengo de Dakar, una ciudad más hostil, más agresiva, de perfiles cóncavos y convexos, en donde pagas un precio cotidiano por tu condición de blanco que no te permite bajar la guardia. En Bissau no, aquí los taxistas te devuelven el cambio si te equivocas pagando y hay cantinas cada 50 metros. Bissau es africana y es latina a la vez.

Pero no estoy de vacaciones ni he venido a pasearme. El jueves pasado, los militares de Bissau se echaron a las calles con sus AK-47 del año de Matusalén, sus granadas y sus bazookas, le metieron dos pepinazos a la casa del primer ministro, se lo llevaron detenido junto con el presidente y proclamaron la santidad de su rebelión alegando un supuesto peligro de intervención del Ejército angoleño en su suelo patrio. Desde entonces, Bissau está un poco más triste, un poco más callada, un poco más silenciosa. Y por las noches, como hay toque de queda, las tiendas cierran a las nueve y las calles se quedan a oscuras, un poco más de lo normal. Es como si la ciudad entera se apagara.

¿Y ahora? El problema no es el golpe de estado en sí mismo. ¿Qué es un golpe de estado en realidad? Varios días de agitación y vuelta a empezar el carrusel de siempre con caras nuevas saliendo en la televisión. El problema, entre otros muchos, es la pobreza y el analfabetismo. El problema es que los profesores de este país no tienen ni la Primaria y los niños van a clase por turnos porque no hay hueco para todos. El problema es que la élite política y militar se ha enriquecido durante años sin dar cuentas a nadie mientras la gente sobrevive a duras penas. El problema es que el Estado ni está ni se le espera.

Ahora vendrán días o semanas de condenas internacionales, anuncio de sanciones, declaraciones altisonantes que hablan de democracia y libertad cuando, en realidad, la democracia aquí es como la electricidad, hay poca y se corta a cada rato. Y todo el mundo lo sabe y todo el mundo mira para otro lado. El problema no es el golpe de estado. El problema, entre otros, es que el primer ministro es, a la vez, el dueño de toda la gasolina, de los bancos, de la mitad del comercio. El problema es que "¿y de esto cuánto me llevo yo?" es la pregunta más escuchada en los ministerios. El problema es que, de repente, un día, sin previo aviso, el Ejército te corta un tramo de carretera para que aterrice un avión cargado de cocaína rumbo a Europa. Y no pasa nada, la vida sigue.

Un golpe de estado es una putada, lo mires por donde lo mires. Más en un país donde cada vez quedan menos embajadas internacionales, donde no se sabe muy bien hacia dónde se avanza, en el caso de que se avance, que ahora se ha convertido además en el teatrillo de la rivalidad regional de otros países que juegan sus cartas como si esto fuera un casino. En los próximos días intentaré radiografiar este golpe de estado, darles algunas claves para entender lo que está pasando en Bissau. Necesito tiempo para entenderlo yo mismo, para digerirlo. De momento, sólo me alineo con la frustración de asistir al último zarandeo al que se somete a un pueblo que ni se lo ha buscado ni se lo merece y que está harto de mangantes, tanto si llevan uniforme como si no. Saludos desde esta trastienda del mundo que sigue sin salir en los medios porque no hay elefantes que cazar ni terroristas con los que alimentar el miedo universal.

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Abril 13, 2012

Las casualidades no existen

seydi1.jpgSe llama Cheikh Omar Seydi. Estudió filosofía en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, pero desde hace ya unos cuantos años se inclinó por el periodismo. Negro, de etnia balante por parte de madre y peul por parte de padre, delgado, más bien bajito. Cuando lo vi por primera vez hace unos días en un restaurante de Kolda vestido con su ropa de colores chillones no podía ni imaginar que su vida y la mía ya se habían cruzado una vez.

Lo conocí de casualidad. Aunque como bien me dijo luego el propio Seydi metido en su lado más filosófico, "le hasard n'existe pas, mon frère". Yo había ido hasta Kolda para escribir una serie de reportajes sobre la crisis alimentaria y, estando allí, me habían recomendado el chez Koumba por la calidad de su carne. Al final resultó que este restaurante me guardaba una sorpresa mucho mejor que sus excelentes brochetas. Era de noche. Sentado en una silla de plástico en la calle para combatir el intenso calor, él bebía una cerveza. Nada más llegar, me lo presentaron. "Mira, este es Seydi, periodista igual que tú". Cuando me dijo que era el corresponsal en Kolda del periódico Sud Quotidien desde hacía siete años, se me encendió una lucecita por algún lado.

"¿Tú no habrás escrito en 2007 un artículo sobre el naufragio de un cayuco en el que viajaban jóvenes de Kolda?", le pregunté. Entonces Seydi me miró orgulloso y, tras darse unos segundos de suspense, respondió. "Claro que sí. Y lo recuerdo como si fuera hoy, jóvenes de esta región que habían ido a buscar El Dorado". Y comenzó a recitarme el contenido de aquella noticia que había escrito cuatro años y medio atrás.

Aquella nota periodística, que yo leí por Internet en octubre de 2007, fue el primer contacto que tuve con un naufragio que me llevó hasta el sur de Senegal y luego se convirtió en el libro Los Invisibles de Kolda, que publiqué con fotos de Magec Montesdeoca en 2009. Cuando le conté, Seydi no se lo podía creer, no sabía nada de hasta dónde había llegado su artículo. Y se emocionó. Me dijo, "tenemos una gran responsabilidad con nuestro oficio, Pepe, siempre ser rigurosos, siempre contar la verdad, nunca sabemos hasta dónde va a llegar una historia". Y yo asentía, emocionado también.

Pasamos una noche increíble, charlando y charlando. Y al día siguiente volvimos a vernos. Él me dio detalles que yo no conocía, como que el organizador del viaje (personaje que aparece en el libro y que iba pueblo por pueblo recabando candidatos al cayuco en una motocicleta) había acabado en prisión precisamente porque Seydi lo había denunciado a la policía; y yo le di detalles que él no conocía, como que había un joven que no subió a la patera porque estaba demasiado llena y que gracias a ello pude recuperar la fecha exacta de la salida del cayuco.

Intenté por todos los medios transmitirle a Seydi lo importante que era para mí haberlo conocido. Le dí las gracias una y mil veces por haber escrito aquel artículo, por haber contribuido a que esta historia oculta de la inmigración clandestina saliera a la luz, por haber iniciado un camino que yo retomé para poner rostro y nombre y apellido a este drama que sufren casi siempre de manera anónima miles de jóvenes africanos, por su compromiso con la verdad y con el periodismo. Aquella noche le prometí que escribiría un artículo sobre nuestro encuentro. Está mi promesa cumplida. Y él se comprometió a hacer lo mismo. Veinticuatro horas después, lo tenía en mi correo electrónico y a continuación lo reproduzco. Les dejo con Cheikh Omar Seydi, un grande:

DEUX JOURNALISTES, UN DESTIN

Kolda 02 Avril2012. En cette période très ensoleillée, un seul roi règne au fouladou : la canicule, 43à 44 degrés à l'ombre tous les jours jusqu'à la tombée de la pluie. Une chaleur suffocante m'étouffe chez moi malgré la forte ventilation intra domiciliaire. Je décide alors d'aller faire les cent pas. Il est 20h30 au restaurant Koumba Baldé. Que peut-on faire sinon que prendre de la boisson fraiche et palabrer avec les connaissances, histoire d'égayer les sens très mis à mal par la furie de la température tropicale. Entre ces moments de lutte contre la canicule avec une gazelle bien fraiche survinrent trois silhouettes de race blanches : deux femmes Carlota et Maimouna bien familières. Le troisième est un homme d'une quarantaine d'années. Après les salamalécs d'usage, Carlota passe à la présentation bien sur après m'avoir invité à regagner leur table. Ce que j'accepte avec un énorme plaisir puisque c'est pour moi un autre moyen de soulager ma conscience torturée à la fois par la chaleur, la réflexion et les grands défis qui assaillent mon pays. Je découvre aussi mon hôte du jour : José Naranjo alias PEPE. La barbe bien fournie, homme svelte, chaleureux et particulièrement attachant. Un humaniste tout court.

De fil à aiguille la discussion s'installe et s'intensifie sur fond de philosophie . nous nous découvrons mutuellement. En fait, Pepe est journaliste espagnol alors que son vis-à-vis est journaliste sénégalais. Et la particularité est que les deux grattes -papiers ont écrit sur le même mal : l' immigration clandestine et ses conséquences.

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C'est donc la rencontre de l'homme du Sud et celui du Nord. Ah ! le sud et le nord ! C'est-à-dire le point de départ et le point de chute des migrants. Et dans ce sillage Pepe mon confrère et plus que frère a écrit un livre intitulé :les invisibles de Kolda ,tandis que Cheikh Omar Seydi lui avait fait un long papier en Avril 2007 sur les 140 jeunes du Fouladou qui ont péri en haute mer.

Engloutis à jamais par l'océan à cause de cette recherche effrénée de l'eldorado Espagnol. Un eldorado imaginaire !fictif, qui, pour ces morts n'en sera jamais et à jamais un. Quel gâchis !

Cependant la responsabilité est collective. Gouvernants du sud et du nord ont la plus grande part de responsabilité. Il faut assumer. Et, travailler fondamentalement à éviter d'autres drames.

Ceci en créant des emplois pour retenir les jeunes dans leurs terroirs . Car il n'existe d'eldorado que de mirage. L a vie est belle partout et difficile partout .Mais que chaque jour est une vie. Il faut donc travailler à la beauté des choses ,c'est la seule clé du succès .Cela nous parait plus cohérant et plus pertinent que ces nombreux plans sans résultat :Frontex ou autres... Encore que les migrants eux même une fois aux pays ne tiennent pas forcément un langage de vérité à leurs frères restés sur place. Quel dommage !

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395680_332126443487820_1077072826_n.jpg />José Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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