Guinguinbali

Archivos Marzo 2012

Marzo 26, 2012

"Sólo una brisa ligera..."

Anoche me acordé de una frase genial: "Cuando soplan vientos de cambio, algunos levantan muros; otros construyen muros". Y me acordé porque en Senegal hace tiempo que soplan vientos de cambio. Hasta el propio Wade lo sabía porque hace sólo unas semanas, en medio de lo más duro de las manifestaciones contra él que costaron la vida a al menos ocho personas, aseguró que estábamos ante "sólo una brisa ligera que nunca se convertirá en huracán". Sus desafortunadas palabras se convirtieron en el mejor símbolo de un poder que no quería escuchar a su pueblo.

Wade, quien tuvo la oportunidad de salir por la puerta grande de la historia, tuvo que sufrir anoche la humillación de verse ampliamente derrotado en las urnas. La brisa ligera acabó por tumbar el muro de su tozudez, quizás porque este gigante tenía los pies más de barro de lo que muchos pensaban. Ni siquiera su llamada para felicitar a Sall le exonera de la culpa.

Anoche un pueblo salió a la calle. Y nadie le lanzó gases lacrimógenos ni le mandó a un camión de policía para que embistiera a la gente. Ni les dispararon con balas de goma ni hubo muertos que lamentar. No. El muro ya había caído. Anoche todo era gente gritando y bailando y cantando. Fue un inmenso suspiro de alivio el que recorrió a todo Senegal, pero también la expresión más alegre de un pueblo que estaba harto de un presidente y quería verlo partir.

No lejos de Dakar, en la vecina Malí, un grupo de militares protagonizaba hace tan solo unos días un golpe de estado. Y en su frontera sur, en Guinea Bissau, viven el sobresalto de un proceso electoral interrumpido por denuncias de fraude. El hambre recorre el Sahel y Guinea Conakry y Costa de Marfil salen a duras penas de violencias y destrucción. El contexto no es el mejor, pero Senegal ha demostrado esta noche que la democracia sí es posible en África y que un pueblo puede cambiar a sus gobernantes de forma madura y responsable si le dan la oportunidad de hacerlo.

Macky Sall tendrá ahora que administrar con sabiduría tanta alegría. No podrá olvidarse de este pueblo orgulloso y dispuesto a darlo todo por su democracia y su república, ni de quienes le han conducido hasta la victoria, sus aliados y amigos. Ni siquiera podrá olvidarse de sus enemigos. Todas las miradas estarán puestas en él. Anoche, en su primera intervención ante la prensa tras la victoria, dijo algo importante: corre un "aire nuevo" en Senegal. Pues bien, lo que Senegal espera de él es que aprenda la lección, se deje de muros y construya molinos. Muchos molinos.

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Marzo 20, 2012

Un fantasma que no sabe de fronteras


Hay lugares en el mundo donde basta un año de poca lluvia para que millones de personas se tengan que enfrentar cara a cara con la muerte. Viven tan en el alambre que basta una mala cosecha, un tropiezo meteorológico, una plaga de langosta, para que la vida derrape y los niños del pueblo, ya malnutridos y escasos de defensas, empiecen a morir por una diarrea, una infección, una malaria. El hambre tiene mil caras y ninguna de ellas es amable.

Hay una frase del gran poeta y expresidente de Senegal Leopold Sedar Senghor que dice: "En África no hay fronteras ni siquiera entre la vida y la muerte". Estos días en los que un fantasma llamado hambre recorre de nuevo el continente de este a oeste me viene de forma machacona a la cabeza, porque es justo en ese lugar impreciso de bordes indefinidos entre la vida y la muerte donde se mueven, hoy mismo, millones de personas cargadas de niños que tienen ante sí el reto de llegar hasta la próxima cosecha, allá lejos, al final del próximo verano.

Lo han dicho por activa y por pasiva las agencias humanitarias. Desde finales del pasado año comenzaron a advertirlo. Los pastores del Sahel comenzaron su trashumancia mucho antes de lo previsto por la falta de pastos para el ganado, los índices de malnutrición infantil se dispararon, los precios de los alimentos básicos (ah, el inefable mercado) empezaron a subir y unos veinte millones de personas ya hacen menos comidas al día o incluyen menos carne o pescado en su dieta porque no tienen dinero para pagarlo. Y mucho antes que las ONG, ya el verano pasado tras concluir la época de lluvias casi sin lluvia, los viejos campesinos desde el Chad hasta Senegal lo pronosticaron: este año va a ser difícil, muy difícil.

La mayor parte del tiempo me apetece hablarles de otra África, de un continente que pese a todo sale adelante. Pero cómo mirar para otro lado, cómo meter la cabeza en el agujero cuando el hambre ha venido a tocar bajo el alfeizar de mi ventana, cuando, aquí en Senegal, el país donde vivo, en regiones como Kolda, Matam o Tambacounda, hay cientos de miles de personas tocadas por ese fantasma que ha venido a visitarles. En los próximos días, una vez pasen las elecciones, este país declarará de forma oficial la emergencia humanitaria como ya lo han hecho Mauritania, Malí, Níger, Camerún, Burkina Faso o Chad. Pero el hambre ya ha empezado a atacar porque no sabe ni de fronteras ni espera por declaraciones oficiales.

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fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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