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Archivos Enero 2012

Enero 30, 2012

Senegal, ¿qué mensaje?


Durante estos días tan intensos que estamos viviendo en Senegal hay mucha gente que me pregunta qué va a ocurrir en este país. Desgraciadamente, no tengo la respuesta. Soy periodista, no futurólogo. Bastante tengo con aclarar el presente, con separar la paja del trigo, con no dejarme engañar por las manipulaciones interesadas o seducir por las respuestas fáciles a las preguntas complejas, vamos, con intentar hacer medianamente bien mi trabajo, como para encima tener que dedicarme a frotar una bola de cristal.

No creo que haya mucha gente que sepa, esta noche, 30 de enero, lo que va a pasar realmente en Senegal en los próximos días. Luego vendrán con los clásicos "yo ya lo dije", "yo ya lo sabía", "yo ya lo avisé" pero créanme si les digo que estamos en un momento de la historia de este país que alimenta todas las incertidumbres. Al menos esa es la impresión que yo tengo.

Hoy es un día importante para Senegal. Puede ser el final o el comienzo de algo, pero no creo que se olvide fácilmente en el futuro. Hay una gran manifestación convocada contra la candidatura del presidente Abdoulaye Wade a las elecciones de febrero y todas las alarmas están encendidas. Desde el comienzo de los disturbios el pasado viernes ha habido al menos tres muertos en este país, un policía y dos ciudadanos, y la tensión se percibe en el ambiente. En cualquier momento, en cualquier rincón del país, puede saltar la chispa.

Las grandes dudas que a mí particularmente me asaltan respecto a este martes 31 de enero son: ¿Qué capacidad, que fuerza real, tiene la oposición para movilizar al pueblo senegalés? Estamos a unas horas de averiguarlo. ¿Tiene Wade las cosas atadas y bien atadas, tal y como aparenta, o este artista de la prestidigitación se está tirando un farol? En el caso de que las cosas se pongan más feas todavía, ¿cómo reaccionarán las fuerzas del orden? ¿Dispararán contra la multitud, como ocurrió hoy en Podor? ¿Cuál es el límite hasta el que están dispuestos a llegar los líderes de la oposición? ¿Cuál es el límite que nunca franqueará Wade, la barrera invisible que le dicta su conciencia?

El Gobierno senegalés, por boca de su portavoz, ha trasladado hoy un mensaje a la ciudadanía que, bien mirado, es una puerta abierta. Ha dicho el representante gubernamental que si de verdad el pueblo senegalés está en contra de su presidente, si de verdad el pueblo senegalés sale a la calle, éste haría las maletas y se iría. "Si los senegaleses salen a la calle, no hay poder que lo resista", dijo.

Pues bien, esto también es cierto, ha llegado la hora del pueblo senegalés. Ya pasó el tiempo de quemar neumáticos, de hacer barricadas, de arrojar piedras a la policía; a los políticos se les acabó lo de presentar recursos, lanzar mensajes a sus militantes o pelearse de manera fratricida por una candidatura; a los ciudadanos que de verdad quieren un cambio, a los que se quejan todo el tiempo de la mala gestión, del despilfarro, de la carestía de la vida, su Gobierno les ha dicho hoy que está en sus manos lograrlo. Está en sus manos salir a la calle como una piña y mostrar a su presidente que está equivocado. Otros países lo han hecho y han demostrado que es posible.

Hoy es el día. La pelota puede caer de un campo o del otro y puede ser que aún tengamos muchas más cosas que vivir, pero hoy es el día en que se empezarán a despejar algunas dudas. El mundo mira hoy hacia Senegal. Sólo falta saber qué mensaje enviará Senegal al mundo.

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Enero 28, 2012

Lo que hay que ver

Esta noche he visto muchas cosas. He visto a jóvenes muy enfadados tirando piedras a los policías y a estos responder con disparos y gases lacrimógenos. He visto barricadas por todas las calles. He atravesado tres barrios a pie esquivando los fuegos aquí y allá porque las calles se vaciaron de taxis. Me han lanzado una mesa desde una ventana. Un policía ha pegado a un colega periodista y otro agente alterado ha golpeado a un amigo que intentaba defender a su novia cuando era zarandeada. Dicen que hay un policía muerto y varios heridos.

He tenido que esconderme de grupos de jóvenes armados con palos en Medina. He visto el miedo reflejado en los ojos de mucha gente, pero también la rabia y la desesperación porque asisten a un sainete de final conocido. Abdoulaye Wade, El Viejo como le llaman aquí, no está dispuesto a dejar el poder. Aunque la Constitución especifique claramente que sólo se puede ser presidente durante dos mandatos y él los haya cumplido ya. Quizás no viole la letra de la Constitución, porque este límite se aprobó cuando ya era presidente y la ley no puede tener carácter retroactivo según los expertos, pero sí que viola su espíritu, una reforma introducida por él mismo para evitar lo que ahora él está haciendo, que nadie se perpetuara en el poder más allá de lo razonable.

Porque, ¿es razonable que alguien con 85 años se presente para ser presidente siete años más?, ¿es razonable que alguien que prometió que no se iba a presentar más, ahora incumpla la promesa que hizo a su pueblo?, ¿es razonable que desoiga el contundente grito de una sociedad que le dice, ya está bien, has tenido tu tiempo?

Durante meses, la sociedad senegalesa se ha sabido organizar para hacer frente al despropósito, han creado comités, movimientos y grupos de protesta y acción. Mucha gente se ha puesto al frente de esta lucha y han sufrido escarnio, violencias y represión. Algunos políticos se han sumado al carro, claro está, pero no son ellos quienes han llevado la voz cantante. Conozco a algunos de esos jóvenes, sé de su firme convicción y de su determinación para que Senegal pueda vivir una democracia como Dios manda.

He visto muchas cosas y algunas me ha tocado vivirlas muy de cerca. Pero de todas las cosas que he visto la que más me ha chocado, sorprendido e indignado ha sido cuando, tras llegar agotado a casa, asustado también, por qué no admitirlo, y con la certeza de haber estado en medio de una noche para recordar toda mi vida, me encuentro con que los grandes medios de comunicación españoles hablan de los disturbios en Senegal titulando por la invalidación de la candidatura de Youssou N'Dour.

Y yo me pregunto. ¿A quién le preocupa Youssou N'Dour en Senegal en este momento? ¿Qué tiene que pasar para que se preocupen de lo que pasa de verdad en este continente más allá de un cantante famoso, de una hambruna o de un golpe de estado? ¿De todo lo que ha pasado esta noche en Senegal, es Youssou N'Dour el detonante? En su paroxismo, un periódico español titula: "Disturbios en Dakar tras la invalidación de la candidatura de Youssou N'Dour". Ahí queda eso.


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Enero 22, 2012

La invisible viga del ojo propio


Como algunos sabrán, desde hace unos meses estoy viviendo en Senegal. Durante mis vacaciones de Navidad que pasé en España, un amigo valenciano me preguntó "¿Qué tal todo por África?". Y antes de que pudiera responderle, me espetó: "La pena de esos países es toda la corrupción de los políticos y el despilfarro, ¿no?". Me quedé callado y asentí con la cabeza. En ese momento, como si fuera una película a toda velocidad, pasaron ante mis ojos los trajes de Camps y las trapacerías de la CAM, el aeropuerto de Castellón y la Fórmula-1, los sueldos de los altos cargos y el agujero negro de Canal 9. Y le respondí: "Bueno, no creo que en tu comunidad autónoma estén para dar muchos ejemplos de honestidad y contención del gasto".

Mi amigo no lo decía con mala intención, de eso estoy seguro. Sólo estaba amoldando su pensamiento al tópico de una África negra corrupta y brutal, llena de miserias y tragedias humanas. Que no pudiera ver la viga en el ojo propio no es sino un síntoma de nuestra mirada sobre el continente vecino. Y no digo con esto que la corrupción no exista en África, solo digo que pensemos cinco segundos antes de ponernos a dar lecciones a nadie.

Este comentario viene a cuento de la Copa de África de fútbol que se está celebrando estos días en Guinea Ecuatorial y Gabón. Más allá de las justas y necesarias denuncias acerca de las violaciones de Derechos Humanos de la cruel dictadura de Obiang, he escuchado estos días algunos comentarios de blancos bienintencionados que van en esta línea: "Pero con todo el hambre y las necesidades que hay en África, mejor se dejaban de fútbol y dedicaban su dinero y energías a otra cosa". Vamos, como si los africanos no tuvieran derecho a organizar y disfrutar de sus propias competiciones deportivas.

Sin entrar en el origen de los problemas de África, con responsabilidades que apuntan a todas direcciones, incluida la nuestra, solo comentar que más les valdría a algunos repensar hacia dónde se encamina nuestro fútbol europeo, donde hay pibes de veinte años que ganan millones y millones de euros al año mientras millones de personas malviven rodeados de nada, sin esperanza de salir del agujero, y televisiones que sacan pastizales y clubes que se endeudan hasta las cejas y todo una vertiginosa y disparatada borrachera de cifras astronómicas que nada tienen que ver con la magia y la belleza del buen fútbol.

Esa suerte de pensamiento neocolonial sigue lastrando nuestra mirada sobre África. En unos casos es más evidente; en otros, se desliza sutil entre los pliegues de la conciencia. Y a los africanos, como es lógico, les molesta mucho esa condescendencia que sigue viéndolos como niños incapaces de gestionar sus asuntos y que no oculta otra cosa que los espinosos intereses económicos de un sistema que sigue necesitando vencedores y vencidos, ricos y pobres, explotadores y explotados, para perpetuarse como una condena que no nos permite avanzar.

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fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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