Guinguinbali

Archivos Octubre 2011

Octubre 21, 2011

El linchamiento

Me enteré del asesinato de Gadafi en la redacción del periódico senegalés Sud Quotidien, en Dakar. Estaba allí conversando con el periodista y amigo Bacary Domingo Mané cuando, de repente, un joven redactor irrumpió en la habitación gritando. "¡Mirad lo que han hecho los malditos occidentales con Gadafi! ¡Mirad lo que han hecho!". Desde luego, quienes zarandeaban a un Gadafi sangrante y aterrorizado en unas imágenes que ya forman parte de la historia no eran occidentales, sino libios, pero, como todo el mundo sabe, fue la OTAN quien dio la puntilla al régimen de Gadafi y quien atacó al convoy en el que huía el ex presidente libio.

El comentario del joven periodista me parece revelador de lo que piensa una buena parte de los africanos. Gadafi era un tirano, un dictador y un sátrapa, cierto es, pero no lo es más que otros dictadores que cuentan con todo el apoyo y los plácets de Occidente. Los crímenes de Gadafi no son peores que los de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial, donde reina el miedo y la impunidad; la dictadura libia no era más inhumana que la de Yahya Jameh  en Gambia, quien persigue hasta la extenuación a periodistas, homosexuales y librepensadores; ¿y qué decir de Museveni en Uganda, de Dos Santos en Angola, del régimen marroquí que se burla de los Derechos Humanos y aplasta a los saharauis?

Para cientos de miles de africanos, la diferencia está clara. En primer lugar, todos esos dictadores siguen siendo fieles a Occidente, les sirven de una u otra manera, negocian con el petróleo o son sumisos a las órdenes que vienen de París o Washington. Sin embargo, Gadafi era un aliado incómodo, alguien que hablaba de la unidad de todos los africanos, de la necesidad de renunciar al FMI y crear el Fondo Monetario Africano, que apostaba por la Unión Africana hasta el punto de convertirse en el gran financiador de las misiones de esta organización supranacional.

En segundo lugar, a nadie se le escapa que la Libia post Gadafi es un apetitoso negocio. Las multinacionales petroleras ya se han repartido el pastel y no estamos hablando de bagatelas, sino de miles de millones de euros en crudo y gas en un mundo en el que este combustible comienza a escasear. 

Poco después de salir del Sud Quotidien logré conectarme al mundo a través de Internet y me encontré con la euforia de noticias y teletipos europeos, con el coro de políticos occidentales felicitándose por esta muerte. No vi por ningún lado ni una sombra de duda acerca de lo que todos hemos visto por televisión, el linchamiento de un ser humano por una multitud descontrolada. ¿Esta es la idea de Justicia que queremos exportar? ¿Son estas las formas? ¿Ahora qué somos? ¿Matones del Oeste que alentamos los linchamientos?

Las imágenes de un Gadafi entregado a la ira de la población y luego asesinado a balazos recuerdan demasiado a las del presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, y su esposa Simone, humillados en la habitación de un hotel de Abidjan, convertidos en trofeos de caza con los que todos se podían fotografiar. Y aquí fueron la ONU y el Ejército francés quienes bombardearon el palacio presidencial para que los rebeldes de Ouattara, sedientos de sangre, pudieran sembrar el terror a gusto por las calles de Abidjan, como habían hecho ya en medio país. ¿Qué pintaba Francia en todo esto? ¿El ataque a convoys en Libia forma parte de la defensa de la población civil? ¿A quién quieren engañar? ¿No habremos cruzado hace tiempo el límite de lo soportable, el límite de la injerencia?

Hace dos días mantenía una conversación con un joven rapero llamado Thiat, el portavoz del movimiento de protesta senegalés Y en a marre que pide la retirada del presidente Abdoulaye Wade. Y me decía claramente que no van a permitir ninguna intervención extranjera, que basta ya de que Francia y Occidente en general sigan pensando que pueden hacer y deshacer a su antojo en este continente. Las terribles imágenes de un Gadafi apaleado como un perro y entregado a la multitud para que lo maten no contribuye, desde luego, al entendimiento. La frase del periodista senegalés, su comentario, su reflexión, fue ayer y es hoy la de cientos de miles de africanos. Y no les falta razón.

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Octubre 18, 2011

Malos tiempos para los corderos

Moutons-de-la-Tabaski--1-.JPGUna de las particularidades de este país, Senegal, es que la vida late en la calle. Y ahí es donde están las historias, no en los despachos ni en las sedes oficiales. Y las calles de Dakar están estos días llenas de corderos. En cualquier cruce de calles, rotonda o explanada, decenas de animales blanquísimos y lustrosos esperan por su comprador. Es la fiebre de la Tabaski, los días previos a la gran Fiesta del Cordero a la que los musulmanes se entregan con un fervor comparable a nuestra Navidad.

 

La Tabaski, también llamada Aïd-el-Kébir, conmemora el gesto de enorme amor hacia Dios de Abraham (Ibrahim para los musulmanes), quien recibió la orden del Altísimo de matar a su hijo como prueba de fe. Cuando el pequeño Isaac ya estaba en el ara del sacrificio y su padre blandía el cuchillo, Dios debió darse por satisfecho y le envió un hermoso cordero para que lo matara en lugar de Isaac, salvando así la vida al inocente niño.

Cada año, unos 70 días después del Ramadán, los musulmanes conmemoran esta historia, un poco sangrienta pero hermosa a su manera. Las familias se juntan, los emigrantes, si pueden, regresan a sus casas, se compra el mejor cordero posible, cuanto más hermoso mejor, se sacrifica y se come en abundancia. Pero también es una fiesta para la hermandad y la unión entre todos, la costumbre es pedir perdón a los demás por las posibles faltas que se hayan cometido durante el año. Es un momento muy especial.

Los corderos, claro está, son los que tienen todas las de perder. Estos días se les puede ver, quizás sabedores de su triste destino, en las calles de Dakar. Los pastores del interior del país vienen con sus camiones llenos de animales prestos al sacrificio para venderlos al mejor postor. Los precios oscilan desde los 100 hasta los 1.500 euros, todo depende de la calidad, el peso y el tamaño del animal.

 

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Hay hasta una especie de Operación Triunfo de los corderos. El canal privado 2STV emite desde hace tres años un programa llamado Khar bii (cordero, en wolof, lengua oficial senegalesa) con gran éxito de audiencia en el que animales de todo el país compiten por obtener el primer premio en la gran emisión final del 29 de octubre. Se evalúa todo: el tamaño, la proporción de sus medidas, el aspecto de la cornamenta, que debe ser simétrica, y hasta la disposición de sus testículos. El propietario del cordero ganador podrá hacer un negocio redondo. Un dato: el año pasado el vencedor lo vendió a 5.600 euros, una auténtica fortuna.

 

Este año, la Tabaski, prevista para el 6 ó 7 de noviembre, tiene un doble significado. Ese día expira el plazo dado por la oposición senegalesa al presidente Abdoulaye Wade para que retire su candidatura a las elecciones presidenciales del mes de febrero. La pregunta es, ¿será capaz Wade de asumir, como hizo Abraham, el sacrificio que la calle le reclama? ¿o, por el contrario, se aferrará a su cargo a costa de unas revueltas que amenazan con quebrar la paz social de un país de profundas creencias democráticas?

 a respuesta llegará en las próximas semanas y todos aguardan con impaciencia el discurso de Wade a la nación durante la Tabaski. Lo único que sí parece claro es que corren malos tiempos para los corderos.

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Octubre 16, 2011

Aire caliente


Cuando este viernes por la noche puse el pie en la escalerilla del avión y asomé la cabeza en la pista del aeropuerto Leopold Sedar Senghor de Dakar, una vaharada de aire caliente me dio la bienvenida y me dejó claro, así, de entrada, que llegaba a un lugar diferente. Ya estoy en Senegal y África me ha recibido a su manera, envolviéndome en su maravilloso caos.

Llevo quince años yendo y viniendo a este continente que tantas cosas me ha dado y enseñado, pero este viernes, cuando salí a las calles de Dakar por primera vez tras superar la avalancha de buscavidas que siempre cerca el aeropuerto, tuve una sensación nueva. Y es que en esta ocasión no vengo por una semana o por tres, he venido para quedarme. No sé por cuánto tiempo ni qué caminos transitaré, sólo cargo en el equipaje mi empeño, mi curiosidad y un hilo secreto con el que iré tejiendo algunas historias.

Llevo a un Senegal que vive momentos difíciles. Un país partido en dos entre quienes consideran que su presidente, Abdoulaye Wade, debe seguir en el poder y quienes opinan, por el contrario, que ya se ha acabado su ciclo y debe dejar paso a otros. Un país que ha sido ejemplo de democracia y solidez en esta parte del mundo y que está viviendo una tensión en la calle que algunos consideran un contagio de la primavera árabe, es posible, pero que tiene su propia dinámica interna y que se alimenta de un tremendo y generalizado malestar ante el grave deterioro de las condiciones de vida en este país. Las elecciones están previstas para febrero de 2012, pero hasta ese momento van a suceder muchas cosas. Ya están pasando.

Pero no es sólo Senegal. Mil veces lo dijimos. África tiene infinidad de historias que ofrecernos distintas de la guerra, el hambre, el conflicto o las revueltas. Sólo hay que estar aquí para buscarlas, vivirlas de cerca y contarlas. A partir de ahora este blog, que ha estado por momentos algo dormido pero no muerto, será, más que nunca, una ventana hacia África. El espacio en el que iré colgando algunas reflexiones y vivencias sobre este periplo que empiezo
hoy y que no tengo ni idea de hasta dónde me va a llevar. Les invito a viajar conmigo. ¿En qué consiste, si no, nuestro oficio de periodistas? Más aún, ¿en qué consiste la vida?

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fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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