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Archivos Agosto 2011

Agosto 6, 2011

Policía de porra fácil

Mal cuerpo se le pone a uno cuando ve el vídeo que circula por la red con los incidentes del jueves por la noche en Madrid. Decenas de personas desarmadas y pacíficas recibiendo los porrazos de policías enviados allí por algún alma de cántaro, llámese delegada del Gobierno o ministro del Interior o quien sea, que ya tendría que estar recogiendo las cosas de su despacho si en este país quedara un mínimo de sentido común.

 

Pero si grave es que se pretenda solucionar un problema creando otro aún mayor, lo del periodista Gorka Ramos pasa de castaño oscuro. El chaval, que estaba haciendo su trabajo con esa peligrosa arma de destrucción masiva que es su teléfono móvil, se vio de pronto rodeado de policías que lo tratan como si fuera un delincuente. En su afán por defender nuestras libertades, los policías lo empujan, lo tiran al suelo y hasta le dan patadas (a partir del minuto 8 del vídeo) que no sólo están de más sino que deberían llevar a alguno de estos energúmenos ante un juez. Que no se puede ir pateando a la gente por ahí y salir de rositas. A nadie. Pero menos, digo yo, a un periodista que está allí para cumplir su labor de informar. Artículo 20 de la Constitución, ya que tanto les gustan los papeles y las leyes.

 

Algo parecido vino a pasar el 4 de julio pasado en el Parque de San Telmo de Las Palmas de Gran Canaria, cuando un ciudadano fue detenido por pretender hacer una foto al agente que le zarandeaba. Rafael era un indignado que estaba durmiendo en una caseta y, ante los malos modos con que estaba siendo desalojado, pretendió conocer el número de placa del policía en cuestión. Al negarse éste a facilitarle el número, pues fotito al canto con el móvil. Y se lió. Pues resulta que la jueza encargada del caso le ha pegado una buena rociada al policía de marras y a todo el cuerpo, asegurando en su auto que "en un estado democrático de derecho no toda orden de un agente debe ser acatada ciegamente en pro del principio de seguridad" y que el derecho a la información no es privativo de los periodistas, así que este ciudadano no cometió ningún delito al intentar fotografiar con su móvil el desalojo del campamento.

 

Y para terminar el repaso a esta nuestra nerviosita Policía hay que mencionar uno de los casos que puede tener consecuencias más graves si alguien no pone un poco de cordura. Y cuando digo alguien me refiero a la Delegación del Gobierno en Canarias. Resulta que hace un par de semanas en Lanzarote, durante una manifestación pro saharaui, se produjo un rifirrafe con un policía de paisano que hacía fotos al grupo, rifirrafe que acabó con el agente sacando una pistola al verse increpado por los manifestantes.

 

Pues la cosa acaba con uno de los activistas, José Morales, que es uruguayo, con un expediente de expulsión abierto por, según la Policía, "participar en actividades contrarias a la seguridad nacional o que pueden perjudicar las relaciones de España con otros países". A Morales lo conozco desde hace algún tiempo. Y sí, tiene un peligro de la ostia. Lleva años denunciando el trato indigno que sufren los inmigrantes sin papeles en Lanzarote, la discriminación, el racismo, la falta de derechos; su temeraria conciencia le ha llevado también a alzar la voz a favor de los saharauis, que siguen siendo reprimidos y torturados en los territorios ocupados ilegalmente por Marruecos.

 

Fíjense si es peligroso este señor que hasta el Sindicato de Policía ha hecho un comunicado en el que asegura que se trata de una persona "muy conocida de la Policía de Arrecife, ya que es habitual en todo tipo de manifestaciones y concentraciones, pretendiendo liderar todas las protestas y algarabías que se produzcan, sean del tipo que sean con el fin de alterar el orden público, apareciendo en ocasiones en diferentes medios de comunicación". Por todo ello, el SUP le pide a Morales que se vaya de España. Participar en manifestaciones y salir en los medios de comunicación. Peligrosísimo.

 

Nos podrá caer mejor o peor José Morales, habrá cometido quizás algún exceso en su ardorosa defensa de aquello que considera justo, no lo sé, pero en cualquier caso me parecería un grave error expulsar a alguien de España por los hechos denunciados. Sobre todo, sin que haya una resolución judicial firme. La pelota está en el tejado de la Delegación del Gobierno en Canarias, a la que debe exigirse, por aquello de la responsabilidad, bastante más calma de la que han exhibido, hasta ahora, los funcionarios policiales a su cargo.


Tal y como se está poniendo el patio entre el paro, los recortes, los desahucios y la prima de riesgo de las narices, más valdría que alguien impusiera un poco de tranquilidad a estos policías a quienes todos aplaudimos cuando hacen bien su trabajo de detener a terroristas o a delincuentes, pero a quienes nadie ha concedido la impunidad de hacer lo que les venga en gana con sus porras y sus pistolas.

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Agosto 3, 2011

El hambre, un genocidio programado

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Estos días me he acordado mucho del padre Ángel Olaran, quien no necesita que nadie, ningún organismo internacional, declare la situación de hambruna para ponerse en marcha. Porque él sabe que hambre, hambruna, emergencia alimentaria, pobreza, miseria, no son sino palabras, matices, categorías creadas para definir una sola cosa, que en este mundo nuestro hay millones de personas, muchos de ellos niños, que no tienen nada qué comer ni fuerzas para ir a buscarlo. Esa es la única realidad que esconde tanta palabra..

 

Con escepticismo debe estar observando el padre Olaran todo este revuelo que se ha montado con Somalia. Para él, "la miseria extrema de los países del Tercer Mundo es el producto de un sistema internacional criminal, de la agresividad política, económica y religiosa de Occidente". Y que lo que llamamos cooperación y solidaridad no son sino migajas para lavar la conciencia. "Primero deberíamos hablar de Justicia para luego hablar de solidaridad", dice. "Si no se acaba con la pobreza es porque no interesa hacerlo. El hambre es un genocidio programado, tolerado" (del libro Ángeles de Wukro, de la periodista Mayte Pérez Báez)

 

Y quien lo dice no es un burócrata sentado en un despacho analizando estadísticas y porcentajes. Lo dice alguien que lleva 40 años en África pegado, más pegado imposible, a quienes nada tienen. En su última etapa ha estado viviendo en la región de Tigray, una de las más pobres de Etiopía, lejos de los focos y los flashes de las cámaras, donde ha puesto en marcha un proyecto integral de lucha contra la pobreza que incluye orfanatos, escuelas, atención al SIDA, desarrollo rural, etc. Proyectos que, con escasos medios, han cambiado la vida a miles de personas.

 

"¿Que aquí pueden morir 150.000 niños, como advierte Unicef? ¿Y a quién le importa eso? Como si muere un millón y medio. Es algo que no le va a quitar el sueño a nadie. Son cifras frías, estadísticas que hablan de criaturas desconocidas, sin nombres ni rostro", asegura Olaran, quien añade que "en 2007, 37 millones de personas murieron en el mundo por mala alimentación, unas 100.000 personas cada día, de los que unos 29.000 eran niños". O sea, tres niños por segundo. "Y para alimentar a un niño basta con 40 céntimos de euro al día".

 

Y la Iglesia, institución a la que pertenece, tampoco escapa a sus críticas. "La Iglesia se ha separado de la calle y está centrada en libros escritos hace cientos de años, en lugar de estar en los hechos. El Papa Juan Pablo II dijo que tenía una opción preferencial por los pobres, pero yo no vi esa opción por ningún lado. Fue solo una frase bonita. ¿Cómo se puede decir esto y la Iglesia seguir refugiada en su propio poder, en sus riquezas? ¿Qué hemos hecho con el mensaje de Jesús? El poder de la Iglesia debería ser su mensaje y no tantas riquezas".

 

Estos días me he acordado mucho del padre Olaran, a quien conocí hace unos meses en España. Y lo imagino en Wukro, con sus niños, alucinando un poco con todo este revuelo de Somalia, porque, en el fondo, él sabe, como sabemos todos, que el hambre no va a acabarse con unos cientos de toneladas de comida. O con un fogonazo informativo de quince días. Él sabe que cuando se vayan los periodistas y pase el interés, todos miraremos hacia otra parte y él seguirá allí, igual que los últimos 40 años, reclamando a Occidente que pida perdón a África y le devuelva todo lo que le ha robado y le sigue robando.



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fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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