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Archivos Mayo 2011

Mayo 16, 2011

Omisión de ayuda o asesinato, según se mire

Nos lo cuenta ACNUR. Sin palabras.

Ayer por la mañana un equipo de ACNUR se reunió con tres etíopes de la etnia oromo que explicaron que se encontraban entre los únicos nueve supervivientes del naufragio de un barco en el que viajaban 72 personas y que había partido de Trípoli el pasado 25 de marzo.

Uno de ellos dijo al personal de ACNUR que el barco de 12 metros de eslora en el que se dirigían a Europa estaba tan lleno que apenas tenían sitio ni para estar de pie. El barco se quedó sin combustible, ni agua ni comida y estuvo a la deriva durante más de dos semanas hasta que finalmente arribó a una playa en Libia.

El refugiado declaró que barcos militares habían pasado dos veces cerca de su embarcación sin que llegaran a detenerse, y que un helicóptero militar les había lanzado comida y agua potable durante la travesía. El primer barco rechazó su petición de subirlos a bordo. El segundo buque sólo les hizo fotografías, relató el superviviente, quien no había logrado identificar el pabellón de estos barcos.

El personal de ACNUR se reunió con los tres supervivientes en el campo de Choucha en Túnez. Uno hablaba árabe, mientras que los otros dos hablaban en oromo. ACNUR entrevistó al hombre que hablaba árabe, quien dijo que habían pagado a los traficantes 800 dólares por el viaje y que los propios pasajeros habían tenido que gobernar el barco.

Según el refugiado, cuando el agua se agotó la gente comenzó a beber el agua del mar y hasta su propia orina. Comían pasta de dientes. Los pasajeros iban muriendo uno tras otro. Según su testimonio, los supervivientes esperaban uno o dos días antes de lanzar los cuerpos al mar. Había 20 mujeres y 2 niños pequeños a bordo. Una mujer que tenía un niño de dos años murió tres días antes que su hijo. El refugiado nos describió la angustia del niño tras la muerte de su madre.

Después de llegar a una playa cerca de Zliten, entre Trípoli y la frontera con Túnez, una mujer murió de agotamiento en la playa. Los diez hombres restantes caminaron hacia la ciudad de Zliten, donde fueron arrestados por la policía libia. Fueron llevados al hospital y posteriormente trasladados a prisión, donde recibieron agua, leche y dátiles. Dos días más tarde murió otro de los supervivientes.

Después de rogar al personal de la cárcel que volvieran a trasladar a los restantes supervivientes al hospital, fueron conducidos a un hospital en la ciudad de Al- Khums. Los médicos y las enfermeras les habrían proporcionado agua y les habrían dejado marchar. Fueron encarcelados de nuevo y más tarde trasladados a la prisión de Twesha, cerca de Trípoli. Finalmente, algunos amigos etíopes en Trípoli pagaron 900 dólares por la liberación de estos hombres. En este momento, ACNUR les está proporcionando asistencia en Túnez.

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Mayo 4, 2011

Del fuego libio al infierno de Lampedusa

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Unos 27.000 africanos han llegado desde diciembre de 2010 hasta la isla italiana de Lampedusa a bordo de precarias embarcaciones huyendo de la difícil situación de Túnez y Libia. Sin embargo, cuando llegan allí, en lugar de encontrar amparo y refugio se topan con unas lamentables condiciones y con el rechazo de una Europa que, ante esta crisis, vuelve a mostrar su verdadero e insolidario rostro.

Lampedusa es una pequeña isla de veinte kilómetros cuadrados habitada por unas 5.500 personas y situada en el mar Mediterráneo a sólo 113 kilómetros de Túnez. En realidad es más africana que europea si nos atenemos a la geografía. Y este hecho, al igual que pasa en España con las Islas Canarias, la ha convertido desde hace ya algunos años en una de las puertas traseras de entrada a Europa para cientos de miles de africanos.

Sin embargo, las revoluciones en los países árabes, más concretamente en Túnez, y la guerra en Libia han precipitado la salida de decenas de miles de personas hacia Lampedusa, personas que en muchos casos vienen huyendo de la persecución, las palizas y las torturas o simplemente que intentan escapar de la violencia, la inestabilidad y la falta de horizontes que hay ahora mismo en ambos países, sobre todo en Libia.

Desde el pasado mes de diciembre, cuando comenzó la llamada primavera árabe, unas 27.000 personas han llegado a esta pequeña isla, entre ellas los 760 ocupantes de una barca el pasado 19 de abril que es la más grande llegada hasta ahora a Lampedusa. Un reciente informe de Médicos sin Fronteras, que lleva doce años en la isla atendiendo a los recién llegados, asegura que, una vez en tierra, "las condiciones para estos refugiados y migrantes son generalmente pobres y no cumplen con los mínimos estándares para la acogida de personas vulnerables,lo que conduce al sufrimiento renovado y la incertidumbre de estas personas".

En concreto, Médicos sin Fronteras, en su informe Buscando refugio, encontrando sufrimiento, asegura que "no hay una separación adecuada entre hombres y mujeres, las condiciones de vida en los centros de recepción son bastante malas, falta acceso a la información sobre sus derechos y faltan medidas adecuadas para los grupos más vulnerables, como las víctimas de la tortura y violencia, los menores no acompañados y las mujeres".

Algunos de los relatos recogidos por Médicos sin Fronteras en dicho informe son escalofriantes, como este de una mujer eritrea de tan solo 22 años: "Unos amigos me dijeron que si les daba 900 dólares podría irme en un barco. Pasé dos días esperando por una plaza en una barca. Un grupo salió primero, pero había mucho viento y su barca se rompió a ocho kilómetros de la costa. Tuvimos que esperar todos juntos de nuevo. Volvieron y encontraron una barca más grande para todos. Éramos 300 personas. Nos llevó cuatro días llegar desde Trípoli hasta Italia. Fue muy difícil, el agua entraba en la barca, estábamos muy asustados. Las autoridades italianas acudieron a rescatarnos. Una mujer dio a luz en la barca. No teníamos nada con qué limpiar al bebé".

Respecto a las condiciones de vida en los centros de retención, Médicos sin Frontera también ha recogido algunos testimonios que hablan bien a las claras de la situación en que se encuentran miles de personas, muchos de ellos, insisten, que han salido huyendo de violencia y persecución en Libia. Según una mujer tunecina de 67 años, "ayer por la noche, un hombre me siguió hasta el baño. Le empujé, corrí y grité. Los hombres saltan el muro y entran donde estamos nosotras". Otra de 35 asegura: "Ya no tengo marido, nadie me protege. Nos fuimos porque no estábamos seguras y aquí la cosa es peor. Desde llegamos a este centro, nunca descansamos, estamos asustadas porque los hombres entran en nuestra habitación. No nos cambiamos de ropa; no nos atrevemos a desnudarnos porque los hombres están fuera mirándonos a través de las ventanas".

Según ha constatado esta organización, los menores de edad también están retenidos junto a los adultos, lo que contraviene la legislación europea y los Derechos del Niño, acuerdos que competen a Italia y que este país está incumpliendo. Médicos sin Frontera exige a Roma que cambie su manera de proceder con todos estos solicitantes de asilo y refugiados y que se prepare para atenderlos tal y como recogen las leyes, dado que esta intensa llegada de personas, lejos de aminorarse, podría ir en aumento.

Tal y como dice un gambiano de 29 años retenido en Lampedusa en otro testimonio recogido por Médicos sin Fronteras: "Desde el comienzo de los combates, las cosas se fueron poniendo cada vez más difíciles. Sin embargo, yo quería seguir en Libia porque me asustaba mucho viajar a Lampedusa en un barco de pesca. Pero el 17 de marzo decidí que mi tiempo en Libia había terminado. Estaba trabajando en un restaurante y fui a comer algo con mi amigo marroquí. Hombres armados que iban a bordo de un pick-up nos dispararon. Mi amigo recibió un disparo en el pecho. Murió allí mismo, delante de mí. El pick-up dio media vuelta para matarme. Volví corriendo al restaurante. Había cuatro negros trabajando en la cocina del restaurante, incluido yo. Todos decidimos irnos de inmediato. Ahora mismo una persona negra en Trípoli no puede caminar tranquila por las calles. Estás en peligro. Todavía tengo muchos amigos en Trípoli que quieren irse".

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fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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