Guinguinbali

Archivos Agosto 2010

Agosto 25, 2010

El olvido

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Hace poco más de un año, en julio de 2009, estuve en Fuerteventura para participar en los actos en memoria de los miles de africanos que han fallecido intentando llegar a Canarias en pateras y cayucos. Aquellos actos incluyeron la inauguración de una escultura en la playa de La Señora, en Morro Jable, que conmemoraba el décimo aniversario del primer naufragio de una patera en aguas canarias, ocurrido a finales de julio de 1999 y en

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el que murieron nueve jóvenes marroquíes.

A aquel acto de inauguración, organizado por la asociación Raíz del Pueblo y la Coordinadora de Asociaciones Africanas de Fuerteventura, asistieron varios responsables políticos de la Isla y medio centenar de personas sensibles con este tema, aunque también es verdad que se echó en falta a mucha gente. 

Un año después de aquello, la escultura, obra de los artistas majoreros Antonio Patallo, Juan Miguel Cubas y Edgardo Junco, está como aparece en la foto, tirada en el suelo. Lo único que puedo decir es que da pena pensar que las pocas iniciativas que surgen contra el olvido de estas muertes tan injustas (que, por otra parte, siguen ocurriendo) estén destinadas a que el paso del tiempo y la indiferencia las destrocen.

No podemos devolver la vida a los muertos, pero al menos que su recuerdo no se pierda. Ojalá que alguien lo remedie.

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Agosto 10, 2010

Los gendarmes se pelean

Resulta fascinante el ejercicio de seguir con detenimiento la campañita que está montando el Gobierno marroquí contra España por "el racismo" (sic) con el que se emplean las fuerzas de seguridad españolas a la hora de controlar el paso en la valla de Melilla o de devolver a las costas marroquíes a un grupo de ocho inmigrantes subsaharianos que navegaban hacia la Península.


Y digo que resulta fascinante porque las acusaciones proceden de un Gobierno a cuyas fuerzas de seguridad no le ha temblado la pestaña a la hora de tirotear a los mismos inmigrantes de los que ahora pretende convertirse en protector. Recuérdese, si no, los sucesos de las vallas de Ceuta y Melilla del año 2004, la posterior y salvaje expulsión de cientos de personas al desierto, a punta de fusil y por zonas minadas, o la presión que ejercen a diario sobre los miles de africanos que malviven en ciudades como Rabat, Tetuán o Casablanca.


En la otra orilla no es que estemos para tirar voladores. No sé si la Guardia Civil Española habrá dejado en la costa de Marruecos a estos ocho inmigrantes, pero qué quieren que les diga, me lo creo. Y me lo creo porque no es la primera vez que lo hacen. Como cuando pincharon el salvavidas del senegalés Laucing Sonko y lo arrojaron al agua frente a las costas de Marruecos, donde murió porque no sabía nadar. O cuando dejaron allí a un niño congolés de apenas tres años. Me lo creo.


Marruecos y España son las dos caras de la misma moneda. Aquí no hay polis buenos y polis malos. Ellos, ambos, son los gendarmes de esta parte de Europa y cumplen su papel sin miramientos. Les importa un bledo qué pueda ocurrir a los inmigrantes que son expulsados a Guantanamito, el centro de retención abierto por España en Nuadibú (Mauritania), donde se violan los derechos de la gente; o lo que ocurra más allá de los barcos de Frontex, esa suerte de militarizada línea Maginot contra la pobreza; o cómo sobreviven a duras penas miles de personas en Maggnia, Gurugú o Kidal. Les importa un bledo.


El esperpento de esta alianza de mutuos intereses se hizo del todo visible cuando el ministro Moratinos alabó la "gestión de la crisis migratoria de Ceuta y Melilla" llevada a cabo por parte marroquí en 2004. La "gestión" consistió en llevar a cabo razzias contra subsaharianos en todo Marruecos, subirlos esposados a varias guaguas y mandarlos al desierto, como se ha dicho, con unas barras de pan y unas latas de sardinas.


Rabat puede reclamar a gritos su soberanía sobre Ceuta y Melilla, si quiere. Puede intentar maniobras de distracción para que no se mire a la terrible violencia que se ejerce contra los saharauis en los territorios ocupados del Sahara Occidental, algo totalmente inaceptable. Pero que utilice en su campaña a los inmigrantes subsaharianos y pretenda convertirse en la salvaguarda de aquellos a quienes pisotea a diario es grotesco.

Marruecos y España, los dos gendarmes de Europa. Y los inmigrantes africanos, de arma arrojadiza.


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fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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