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Abril 29, 2010

INVERSIÓN RESPONSABLE O NADA

Lo acaba de decir Olivier Blanchard, responsable de investigación del Fondo Monetario Internacional. África crecerá durante el presente año 2010 a un ritmo de casi el 5% y en 2011 este ritmo no solo se mantendrá sino que será aún más rápido.


En un contexto de crisis global y con unas economías occidentales con el freno de mano echado y lastradas por un desempleo galopante y, por tanto, amenazados por la caída del consumo, África se presenta ante el mundo como una inmensa oportunidad. No solo para las empresas europeas y estadounidenses, sino para los propios africanos cuyo desarrollo pasa, sin duda y entre otras cosas, por la inversión extranjera.


Para que ello sea posible, para que de estos momentos de incertidumbre se pueda sacar algo en claro, el primer paso es que las empresas pierdan el miedo. Sí, ya sabemos qué representa la inseguridad jurídica o cuál es el factor riesgo. Pero en la medida en que los países africanos abran sus puertas a esta inversión, y ya lo están haciendo, las dudas tendrán que desaparecer.


En este sentido, Canarias aparece en el panorama como un enclave privilegiado. Un reciente informe encargado por el Gobierno canario y presentado esta semana en Casa África destaca precisamente las oportunidades que para las Islas representa esa cercanía. Ya existen experiencias en sectores como el transporte, la construcción o el turismo. Pero ahí no puede quedar la cosa.


Frente a nuestra timorata clase empresarial, otros países del bloque llamado de las economías emergentes, como China y la India, ya lo han comprendido. No es que miren hacia África, es que ya están allí. El problema es que, por norma general, ven al continente como un enorme mercado en crecimiento que ya ha rebasado la barrera de los 1.000 millones de personas, como un inmenso caladero de mano de obra barata y, sobre todo, como un solar del que extraer a su antojo todas las materias primas que los gobiernos africanos les permitan.


Desde la óptica de la historia, nada podemos objetar los europeos. Es lo mismo que hemos venido haciendo en los últimos cinco siglos. Sin embargo, desde el prisma de la ética y del futuro del mundo, esa inversión es perversa, malintencionada y cosificadora de los propios africanos. La inversión no puede ser expolio, tiene que ser negociada, justa y beneficiosa para ambas partes.


Y ahí es donde tendrían que entrar nuestras empresas y su responsabilidad social, si es que de eso algo han aprendido algo más allá de las cuentas de resultados y los balances económicos. De lo contrario, no tardaremos mucho tiempo en observar cómo el mundo se da la vuelta como un calcetín. Y lo que hoy son oportunidades mañana serán amenazas. Y quizás aquel pasado de miseria y emigración que pensábamos haber dejado atrás vuelva hasta nuestras vidas como si fuera el remake de una mala película.


Las señales y los avisos ya están aquí. Ahora, que cada uno proceda según su entender.

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Abril 5, 2010

El mito de las mafias o la conciencia tranquila

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¿Han visto el informe que ha hecho la gente de Cruz Roja sobre los inmigrantes que llegaron en cayuco a Canarias entre 2006 y 2008? Lo acaba de publicar el amigo Nicolás Castellano en la web de la Cadena Ser y luego se lo han repiqueteado por ahí unos y otros, que ya se sabe, de la buena madera se sacan muchas cosas.

El informe en cuestión no tiene desperdicio y echa por tierra muchos de los mitos que se construyen en Europa sobre la inmigración, en los que incluso hemos caído a veces quienes nos dedicamos a esto, y que nada tienen que ver con la realidad. El estudio se ha realizado en base a las entrevistas hechas por el personal de Cruz Roja en el centro de retención de inmigrantes de Nuadibú, más conocido como Guantanamito. Pero vayamos por partes.

En primer lugar, nueve de cada diez de los que pasaron por allí, y fueron unos cuantos, tenían trabajo y tres de cada cuatro una formación mínima. Ni eran unos excluidos ni miserables ni analfabetos. Nada de eso. La mayoría tenía trabajo y estudios.

Luego, está el dato que más me gusta: sólo el 1,2% fue reclutado por los famosos mafiosos. O sea, que eso de que viajaban engañados por las mafias, que se aprovechaban de su inocencia, nada de nada. Querían venir a Europa y echaban toda la carne en el asador. Eso es todo.

Digo que me gusta el dato porque aquellos que hemos tenido la suerte de investigar un poco este asunto nos tropezamos una y otra vez con esta evidencia. Y cuando lo contamos, nos miran con caras raras. Hace años que venimos manteniendo que el mito de las mafias ha sido una exageración alimentada por los responsables políticos europeos para echar las culpas a alguien del fracaso de los gobiernos en este tema.

Cada vez que se produce un naufragio, el soniquete es igual. "Es culpa de las mafias". Pues no. La culpa es de quienes han montado un sistema que excluye a muchos y que cuenta con leyes, fronteras, policías y vallas para estar tranquilos. Y también de los gobiernos africanos que, por acción o por omisión, no han sido capaces de dar respuesta a los problemas de su gente, sobre todo de sus jóvenes. Este es el meollo del cogollo (sin entrar en consideraciones históricas y económicas, esclavitud, expolio, neocolonialismo, etc, que darían para un post cada una de ellas).

Por fin vemos reflejado en un estudio que tiene pinta de riguroso y serio algunas de las cuestiones clave en este asunto. Para averiguar estas cosas no había que ir a la Luna, con bajarse a cualquier país africano de tránsito u origen de la emigración, la realidad se te echaba encima. Otra cosa es que haya ojos que no quieran mirar. Y conciencias que no quieran saber y que necesitan alimentar una mentira para dormir más tranquilos. O para no perder votos, claro.

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fotografía del autor del blogJosé Naranjo
Cuando los jóvenes africanos van a emigrar hacia Europa, se hacen con un amuleto para ser invisibles y poder así cruzar las fronteras y el mar sin ser vistos. Este blog intenta romper ese conjuro, hacer visibles a quienes mueren en el intento de llegar a nuestras costas tras un naufragio o se quedan para siempre en medio del desierto; a quienes consiguen llegar y hacen los trabajos que no quiere nadie, pero a quienes, a la vez, les negamos todos los derechos; aquellos que se esfuerzan por integrarse y casi nunca salen en los medios de comunicación.
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