Guinguinbali
Mayo 7, 2010

Los hombres de mi país... eso es un infierno

Hola Laura.

Tus preguntas son pertinentes, lo que sin duda explica la razón por la que difícilmente puedo encontrarles  una respuesta. El  amor existe. ¿Estás segura de ello?  ¿En nombre de qué puedo comprometerme?  Tus preguntas son muy difíciles, Laura.  Dices que tienes la impresión de que te habla una mujer de una generación anterior y sin embargo, lo que describes de tu vida  ocurre en mi vida cotidiana.

Probablemente no sé lo que quiero y no consigo expresar de manera precisa lo que siento, pero una cosa está clara: me niego a entrar en el engaño, la mentira y la falsedad. Con las ilusiones. El amor es, creo yo, la mayor operación comercial de este siglo. No hablo de esa atracción espontánea o de esa corriente que existe entre dos personas como una conexión irresistible y desde luego perfectamente natural.  Hablo más bien de esa idea genial que nos sirven en las novelas, las películas y todos los demás soportes.

El amor, Laura, es hoy una relación de interés o incluso una especie de analgésico momentáneo destinado a curar las heridas de nuestras vidas  demasiado insulsas y  monótonas.  Una gran terapia colectiva. Una manera de tragarse la píldora sin hacer demasiadas muecas.  Una especia de pausa coloreada entre el trabajo, el estrés y todas las frustraciones.  Para utilizar un lenguaje más expresivo, diría que es como un gran bazar para vendedores de quimeras y consumidores de ilusiones. ¿No decía Hugo que el amor  no era más que un ardiente olvido del resto?

Los hombres de mi país, Laura, eso es  un infierno. Mentiras y más mentiras, tu corazón cesa de latir cada vez que una mujer pasa cerca. Todas son rivales potenciales. ¿Tú vives la misma situación?

Quizá  creo que mi historia es lo general, pero sólo puedo hablar de que conozco.

Me has preguntado qué razones me harían comprometerme. De momento no veo ninguna. Estoy bien con mi vida actual y no tengo ninguna gana de cambiar. Quizá esté equivocada. Quizá tenga razón. No lo sé... lo único que es una constante es que no es fácil y  mi combate hoy es afirmarme y desarrollarme. Y quién sabe, quizá el amor me espera a la vuelta de la esquina.

Hasta muy pronto.

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Marzo 25, 2010

¡Ni la parejita entera!


Diabou, te leo, y me surgen sobre todo preguntas. No se trata de convertir esto en una entrevista, aunque como ambas somos periodistas, si la curiosidad es mutua, ¿porqué no?.
Te leo, y también pienso que en cierta medida, tus palabras pudieron ser pronunciadas por mujeres europeas de alguna generación anterior a la mía. Vaya por delante que, efectivamente, una mujer es una mujer, como bien dices: donde yo estoy, donde estás tú, y hasta en el último rincón del planeta.
De ese que todas llevamos sobre los hombros.

Pero hay diferencias claro, y más de las que podamos descubrir entre nosotras; ninguna, obviamente, representamos a todo el colectivo femenino europeo, o al africano en bloque.
Mi madre, como la tuya, quiso hacer de mi una mujer independiente capaz de brillar por mi misma. Y supongo que ambas estamos en el camino de, sobre todo, tratar de ser felices. Si encuentro algún matiz, es que a mi nadie me ha hablado de sumisión respecto a un marido y unos hijos, aunque la realidad es que tampoco los tengo.

Dudas de que exista el amor pero ¿te comprometerías en base a cualquier otro motivo?

Supongo que en tus manos está combatir esa idea de que debas someterte a los antojos de unos hijos que llegan al mundo (yo también lo creo) para ser, al contrario, formados bajo tu batuta. Lo que me hace pensar es más bien en la dificultad que tenemos aquí para simplemente tenerlos. Bueno, dificultad.....sí, es complicado compaginar una carrera y una familia; pero también son falta de ganas en muchos casos ¡queremos hacer tantas cosas antes! Y cuando hay ganas, faltan medios económicos. O, en muchos casos, estoy segura, solo falta encontrar un compañero. (Eso es difícil en todos sitios ¿verdad? ¡dime que sí, por favor!).

Tu batalla es sobrevivir entre las exigencias de un mundo moderno y los valores tradicionales. Aquí, creo, se trata de luchar si acaso por no perder todos esos valores. Habría que saber conservar lo positivo. Porque como buenas mujeres, pareciera que al hacer limpieza hemos dejado el armario vacío. Como cierto es que hemos ganado más de lo que hemos perdido. Pero, ¿tú crees que, igual que las españolas seguimos la senda marcada por las inglesas o las francesas, las mujeres de África podéis estar siguiendo esa estela?
Porque aquí, de ser indiscutible, el tener hijos ha pasado a ser opcional y, casi sin transición, minoritario. No es que sólo una minoría decida convertirse en madre, pero tenemos 1,8 hijos por mujer ¡Ni la parejita entera!

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Marzo 15, 2010

Entre dos fuegos

Dear Laura

Yo creo que una mujer es una mujer, ya sea europea, africana o asiática. Una mujer da la vida. Lleva el mundo sobre sus hombros. Está en todas las batallas y particularmente en la de vivir. En mi caso, nací con un modelo a seguir que era mi madre, que es lo normal aquí en África, dividida entre las exigencias de un mundo moderno al que hay que adaptarse para sobrevivir y los valores tradicionales que deberían hacer de mí una mujer sumisa.


Sumisa respecto a sus padres, a quienes se debe un gran respeto. Sumisa con sus hermanos, los grandes y los pequeños, porque son hombres. Y respecto a la sociedad y la religión musulmana, el hombre dirige a la mujer. Incluso si ésta toma sus propias decisiones libremente, debe obtener la aprobación de sus padres y hermanos, aunque esto tiende a desaparecer entre las generaciones jóvenes.


En mi caso, estaba entre dos fuegos. Por un lado, mi madre tenía que hacer de mí una ama de casa que supiera ocuparme de un hogar, de la limpieza, de la cocina, pero por otro lado también soñaba con otro destino para mí. Quería hacer de mí una intelectual de espíritu abierto para comprender el mundo de hoy y para brillar por mí misma. ¿Por qué no? De todas formas, no soy consciente de haber recibido un trato distinto al de mis hermanos. Ellos están en la universidad y también manejan la escoba y la aguja igual que yo; o incluso mejor.


Según me dicen, algún día tendré que estar sometida a mi marido y mis hijos. Sin embargo, yo creo que el matrimonio es, en realidad, un acuerdo, un compromiso para compartir el amor, si es que existe, y no un periodo de sumisión. Y respecto a los hijos, ¿cómo podría estar yo bajo sus antojos siendo su madre? Es a mí a quien corresponde educarles e inculcarles los valores que a mí misma me han transmitido. La gente me dice que algún día comprenderé. Para mí es aún un misterio que el futuro se encargará de esclarecer.

Diabou Bessane

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Febrero 26, 2010

La emoción de descubrir

Una de las cosas que suelo repetir con frecuencia, porque estoy convencida de ello, es que a pesar de la diversidad infinita que caracteriza a la raza humana -y bendita diversidad- son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Pero solemos, que manía más tonta, poner el acento en las diferencias. Y generalmente para situarnos siempre por encima de otro grupo: sucede entre practicantes de distintas religiones, entre habitantes del norte y del sur, entre heterosexuales y gays, entre blancos y negros y como no, entre hombres y mujeres. Siempre hay alguien a quien despreciar como inferior, o tratar de dominar.


No obstante, en nuestro caso, el de las mujeres, me refiero, mentiría si dijera que he sufrido el machismo en mis carnes. Mi madre me cuenta que cuando era joven, para abrir una cuenta bancaria, necesitaba el permiso de su marido. Pero por aquí las cosas han cambiado bastante en poco tiempo, y yo crecí con las mismas obligaciones en casa que mi hermano, por ejemplo.

Estoy hablando de mi, en un plan muy personal; ya tendremos tiempo de escudriñar bien los recovecos de la realidad en un plano general. Lo que quiero decir es que muchas veces las mujeres de mi generación por este lado del mundo suspiramos aliviadas, nos sentimos afortunadas por el nivel de igualdad del que gozamos, por la vida que llevamos. Pero también hemos hecho muchas renuncias. Y a veces, no somos capaces de verlas, y miramos apenadas la situación de otras, quien sabe si en el fondo, más felices.


Bueno, no me quiero ir por las ramas. En definitiva, lo que quiero decir es que estoy convencida de que todas tenemos mucho que aprender unas de otras. Unos de otros, en realidad. Todos. Y eso es lo que más me llena de iniciar esta conversación, las muchas cosas positivas que, seguro, vamos a sacar; al menos yo.

Tendremos tiempo de ir conociéndonos poco a poco. Estoy convencida de que será un placer. Y bienvenido será quien quiera seguirmos o sumarse a través de los comentarios. 

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fotografía de las autoras del blogLaura Gallego y Diabou Bessane
¿Qué diferencias hay entre ser mujer en Europa o serlo en África? ¿Qué similitudes? Diabou y Laura también se lo preguntan, y una desde Senegal y otra desde Canarias, charlan sobre ello para encontrar respuestas. Respuestas que quieren compartir contigo.
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